La llamada teoría del taxi volvió a circular en redes sociales como explicación de por qué una persona puede tardar años en comprometerse y, tras una ruptura, casarse o planificar una familia con otra pareja en poco tiempo. La idea se apoya en una metáfora popularizada por Sex and the City y plantea que el compromiso no depende solo del vínculo previo, sino del momento personal de quien decide avanzar. Su alcance es limitado, porque no permite reconstruir por sí sola lo que ocurrió en una relación concreta.
La metáfora compara a una persona con un taxi cuya luz de disponibilidad se enciende cuando está lista para aceptar pasajeros. Mientras esa luz está apagada, el vehículo no recoge a nadie; cuando se enciende, sí lo hace. Trasladada a las relaciones, la teoría sostiene que alguien puede mantener vínculos durante años sin querer casarse ni formar una familia, y comprometerse recién cuando cambia su disposición personal. La conclusión que suele difundirse es que no siempre se trata de que una persona no quisiera casarse con su pareja anterior, sino de que todavía no quería casarse con nadie.
Qué no prueba esa interpretación es que la relación anterior haya sido irrelevante o que haya faltado amor. Que alguien se comprometa poco después de una ruptura puede generar dolor y dudas, pero no demuestra por sí mismo qué sintió durante el vínculo previo. Las decisiones sentimentales suelen estar atravesadas por la madurez emocional, las prioridades, las experiencias previas, los proyectos compartidos y la compatibilidad con la otra persona. También puede ocurrir que una relación nueva reúna condiciones que no estaban presentes en la anterior.
Los límites de la teoría también son relevantes. No se trata de un modelo psicológico validado científicamente, sino de una metáfora popular para interpretar experiencias amorosas. Además, puede reforzar estereotipos de género al presentar a los hombres como quienes deciden cuándo comprometerse y a las mujeres como quienes esperan ser elegidas. En la realidad, las expectativas sobre matrimonio, convivencia y familia varían de una persona a otra, independientemente del género.
La explicación tampoco permite saber qué siente una expareja ni por qué tomó determinadas decisiones. Para comprender una relación concreta, pesan la comunicación, los acuerdos y las expectativas que cada integrante expresó durante el vínculo. La popularidad de la teoría, sin embargo, muestra que muchas personas reconocen una situación frecuente: pasar años en una relación en la que el compromiso nunca llega y ver luego que la expareja sí dio ese paso con otra persona. La metáfora puede servir como punto de partida para pensar esas experiencias, pero no ofrece una respuesta universal.



