Cristina Fernández de Kirchner contó en una entrevista con The Washington Post cómo transcurre su rutina mientras cumple prisión domiciliaria en su departamento de San José 1111, en el barrio porteño de Constitución. Según el reportaje, tiene restringidas las visitas y el contacto con otras personas, en el marco de la condena que comenzó a cumplir. La nota fue reconstruida por la periodista Marina Dias, que describió las limitaciones cotidianas de la exmandataria, de 73 años.
Rutina diaria
De acuerdo con el testimonio recogido por el diario, mantiene una alimentación saludable y realiza actividad física entre cuatro y cinco veces por semana. Para eso utiliza una cinta de correr, una plataforma de step y pesas. También estudia inglés y chino, una práctica que, según dijo, le permite “evitar que mis neuronas envejezcan”.
Las tardes, según el mismo relato, suelen estar dedicadas a la lectura y al seguimiento de la actualidad política internacional por televisión. En ese contexto, la exmandataria señaló que el mayor costo del aislamiento no es solo la restricción para salir de su casa. “Lo más difícil”, reconoció, es no poder compartir sus pensamientos con amigos y aliados.
Visitas y comunicaciones
El régimen de prisión domiciliaria fija límites concretos para los encuentros personales. Kirchner puede recibir visitas durante cuatro horas semanales, distribuidas en dos días, y con un máximo de tres personas por encuentro. También puede usar un teléfono celular, aunque manifestó que teme que sus comunicaciones sean monitoreadas. Esas condiciones, según el reportaje, reducen sus posibilidades de mantener conversaciones con dirigentes y personas de su entorno político.
Durante la entrevista, recordó la visita de Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y amigo y aliado político suyo. El texto señala que Lula estuvo detenido durante 580 días antes de recuperar la libertad y conseguir la anulación de sus condenas. Según el relato de Kirchner, él le dejó un consejo para ese período: “Hacé ejercicio y no te deprimas”.
Contacto con el exterior
El reportaje también describió una escena ocurrida mientras la periodista conversaba con la exmandataria en el departamento. Una movilización contra los recortes presupuestarios en educación del gobierno de Javier Milei pasó frente al edificio y un grupo de manifestantes comenzó a corear su nombre. “¡Cristina presidenta!”, gritaron desde la calle, y ella salió unos segundos al balcón, saludó con la mano, se llevó una mano al corazón y lanzó besos antes de volver al interior.
El diario agregó que la conversación se desarrolló en una mesa roja del comedor, rodeada de libros y frente a un televisor grande con canales, en su mayoría internacionales. Esa escena fue presentada como una de las pocas formas de contacto que conserva con sus seguidores desde que comenzó a cumplir la condena. La actividad pública sigue restringida por la Justicia, mientras las visitas de dirigentes y los encuentros ocasionales desde el balcón mantienen su vínculo con el exterior.




