La fiscalía que investiga el crimen de Camila Vecchiarello, asesinada en la madrugada del 13 de septiembre en Barreal, Calingasta, analiza una presunta maniobra de falsificación de denuncia que, según la acusación, habría sido utilizada para aislarla de su entorno. El principal imputado es Carlos Gonzalo Rivero, de 25 años, esposo de la víctima y acusado de haberla matado a ella y al hijo que esperaban.
El Ministerio Público Fiscal está a cargo del fiscal Adolfo Díaz y de los ayudantes fiscales César Recio y Romina Mascarell, de la UFI Delitos Especiales N°6. Según la reconstrucción que evalúan los investigadores, Rivero habría tejido alrededor de la víctima una trama de manipulación y mentiras. En ese marco, trascendió una presentación judicial que la fiscalía considera sin sustento.
La denuncia en Salta
La causa incluye una denuncia presentada por vía web ante la Justicia de Salta por “abuso sexual con acceso carnal” contra un amigo cercano de la familia, de apellido Díaz. De acuerdo con la fiscalía, el escrito no precisaba lugar ni circunstancias del hecho y fue enviado a los tribunales salteños aunque la persona denunciada vive en Rosario, Santa Fe. El juzgado salteño contactó a la familia de Camila, radicada en Rosario, para que la joven se presentara a declarar.
Cuando los familiares intentaron comunicarse con ella, unos días antes del crimen, quien atendió el teléfono fue Rivero, según relataron ante los investigadores. De acuerdo con ese testimonio, el acusado dijo que Camila “había ido a la guardia y se había olvidado el teléfono” y pidió “que no le dieran bola a la denuncia, que era un malentendido”. Para la fiscalía, esos dichos refuerzan la hipótesis de que la denuncia nunca fue radicada por la víctima.
Hipótesis fiscal
Los investigadores sospechan que la presentación fue escrita por el propio Rivero, usurpando la identidad de su esposa, con el objetivo de dañar el vínculo de la joven con su familia. El juzgado de Salta podría abrir ahora una causa paralela por falsa denuncia. En paralelo, el entorno de Camila indicó que el amigo mencionado en ese escrito era un vínculo de confianza de la familia desde hacía años y que nunca dudaron de él.
Los allegados también aclararon que, pese a versiones iniciales, Camila no realizó en San Juan ninguna presentación por violencia de género, ni en el Juzgado de Paz ni en el CAVIG (Centro de Abordaje Integral de la Violencia Intrafamiliar y de Género). Vecinos de Barreal que conocían a Rivero declararon ante los investigadores que mentía con frecuencia y aparentaba una vida que no tenía, en especial después de haber sido dado de baja de Gendarmería.
Próximos pasos
La fiscalía sostiene además que ese patrón se combinaba con un control extremo sobre Camila. Según la reconstrucción del expediente, el acusado habría respondido mensajes a los familiares de la joven haciéndose pasar por ella cuando ya había muerto. De acuerdo con la causa, Camila murió por heridas cortantes en el cuello, y Rivero habría dejado luego una carta manuscrita que decía “ya sé que es tarde para pedir disculpas”.
Horas más tarde, siempre según el expediente, envió un mensaje a una expareja en Salta en el que aseguraba que Camila era “la mujer que siempre amé”. Ante el juez de Garantías Federico Rodríguez, el acusado dio otra versión: dijo que Camila era violenta, que rompía sus pertenencias, que no sabía que estaba embarazada y que ella se habría herido sola al correr por un pasillo y caer sobre un cuchillo. Rivero cumple un año de prisión preventiva mientras avanza la investigación, y la línea 144 continúa disponible de manera gratuita y las 24 horas para consultas o asesoramiento en situaciones de violencia de género.




