El periodista y presentador de boxeo sanjuanino Daniel Pereyra recordó a Jorge “Roña” Castro, a quien conoció en 2005 en el Luna Park y con quien mantuvo contacto hasta hace apenas unos días. En su testimonio, describió al exboxeador como un hombre que, más allá de sus títulos, destinó parte de su vida a la asistencia de personas en situación de necesidad. La reconstrucción aporta un perfil poco visible del campeón mundial superwelter del Consejo Mundial de Boxeo. También deja un dato concreto sobre su vínculo con San Juan: el envío de saludos y mensajes para escuelas de boxeo y jóvenes deportistas.
Un gimnasio con otra función
Según relató Pereyra, el gimnasio de Castro dejó de ser solo un espacio de entrenamiento y pasó a funcionar como depósito de verduras, alimentos no perecederos y mercadería para ayuda social. El periodista sostuvo que desde allí se colaboraba con 16 merenderos, en una tarea que se consolidó durante la pandemia, cuando el lugar dejó de usarse para el boxeo. En la puerta, recordó, se formaban filas de personas que buscaban una vianda caliente, pan o mate cocido con semita. La escena ilustra cómo un espacio deportivo quedó reconvertido en un dispositivo de asistencia comunitaria.
La marca de la infancia
Pereyra atribuyó esa conducta solidaria a la propia historia de Castro, nacido en Caleta Olivia, Santa Cruz, y atravesado por una infancia difícil. Dijo que el exboxeador no actuaba por búsqueda de reconocimiento, sino porque conocía de primera mano las privaciones que luego intentó aliviar en otros. Hace apenas unos meses, contó el periodista, Castro le confirmó que seguía colaborando con los 16 espacios comunitarios gracias a amigos que le acercaban verduras y mercadería. También señaló que había enviado camiones con alimentos a su ciudad natal cuando supo de las necesidades de sus habitantes.
La pelea que lo hizo campeón
En el repaso de su trayectoria, Pereyra destacó el combate frente al estadounidense Terry Norris, en el que Castro, lastimado y con cortes en el rostro, conectó un derechazo decisivo para ganar el título mundial superwelter en 1994. Ese recuerdo sintetiza la dimensión deportiva del exboxeador, pero el periodista insistió en que no alcanza para explicar su figura completa. En su relato, Castro también era el hombre que respondía mensajes, grababa saludos para jóvenes de San Juan y mantenía una disposición constante para colaborar. La combinación de rendimiento deportivo y tarea solidaria forma parte del legado que dejó en el ambiente del boxeo.
Los últimos contactos
El vínculo entre ambos siguió durante años y tuvo un último intercambio hace entre 15 y 20 días, cuando Pereyra le pidió un saludo para un streaming y Castro respondió con un video. El periodista recordó además una conversación en la que el exboxeador le había dicho que pensaba viajar a San Juan con una empresa minera, aunque ese encuentro no llegó a concretarse. Castro tenía 59 años y, según trascendió, sufrió una descompensación mientras estaba en un bingo, donde no pudieron reanimarlo. Para Pereyra, el dato que permanece no es solo el del campeón mundial, sino el del hombre que convirtió su gimnasio en un lugar de ayuda y siguió atendiendo el teléfono hasta sus últimos días.




