El aluvión que afectó un sector urbano de Santiago de Chile dejó vehículos arrastrados, calles cubiertas de sedimentos y agua ingresando en comercios y establecimientos de salud. Para explicar el fenómeno, el ingeniero chileno Gerardo Ureta, doctor en Ingeniería, habló con Radio Mil20 y señaló que la geografía del área y varios factores ambientales pudieron agravar sus efectos.
El episodio ocurrió en el sector nororiente de la capital chilena, en las inmediaciones de la Universidad de los Andes, una zona con circulación intensa de personas y presencia de instituciones educativas, centros de salud, instalaciones deportivas y viviendas. Ureta describió el lugar como un área de pendientes elevadas, condición que favorece el escurrimiento rápido del agua hacia sectores urbanos cuando se registran precipitaciones en altura.
Según explicó, durante el episodio llovió en forma líquida a unos 2.800 y 2.900 metros sobre el nivel del mar, en lugar de nevar. Esa situación permitió que el agua descendiera con velocidad desde la cordillera y arrastrara sedimentos y otros materiales hacia la ciudad. “Como fue a gran velocidad, eso significó que se juntaron varias aguas y arrastraron material, sedimentos hacia la zona urbana”, sostuvo.
Factores que agravaron el fenómeno
Ureta señaló además que, durante el verano anterior, hubo un incendio en esa zona y se perdió material vegetal. De acuerdo con su análisis, la vegetación actúa como barrera natural, ayuda a contener sedimentos y favorece la filtración del agua en el terreno. A esa condición sumó el posible colapso de un canal o riachuelo ubicado en la parte baja del sector, que, según indicó, también podría haber estado sucio. “Fue la mezcla perfecta para que haya pasado lo que pasó”, resumió.
Impacto en una zona de alta circulación
Las imágenes del aluvión mostraron automóviles y colectivos desplazados por la fuerza del agua y el barro, algunos arrastrados durante cientos de metros. El ingeniero describió la violencia de la corriente y dijo que hubo vehículos que parecían flotar mientras eran llevados por el agua. También contó que recibió mensajes sobre lo sucedido y que los estudiantes permanecieron dentro de la institución durante cuatro o cinco horas sin poder salir. “Hay vídeos que se ven el escurrimiento del agua que es brutal”, relató.
Prevención y uso del territorio
El especialista vinculó el episodio con la necesidad de revisar la ocupación del territorio y las normas de prevención. Dijo que Chile tiene experiencia y regulación en construcciones resistentes a los terremotos, pero consideró que todavía existen deudas en materia de contención de agua. “En tema de probablemente contención de agua, yo creo que estamos al debe en nuestra normativa”, afirmó. También remarcó que no deberían construirse viviendas ni otras obras en zonas de riesgo ya mapeadas, como quebradas y áreas expuestas a fenómenos de este tipo.
En la etapa posterior al aluvión, Ureta indicó que se estaban retirando los materiales acumulados por la corriente y que comenzarían a secarse. Anticipó además que la actividad cotidiana podría verse afectada en la zona y en los sectores ubicados más abajo, donde se concentran centros de trabajo. “Probablemente la ciudad va a funcionar más o menos porque en ese lugar y hacia abajo están los grandes centros de trabajo”, señaló. El episodio volvió a poner en discusión la planificación urbana, la conservación de la vegetación y el cumplimiento de las restricciones para construir en áreas vulnerables.



