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Salud y neurociencia

La ciencia explica por qué repetir una canción favorita también impacta en el cerebro

Estudios citados por especialistas de Harvard describen efectos concretos de la música sobre el organismo, desde la reducción del estrés hasta beneficios sobre el sistema cardiovascular. También se observan cambios en funciones cerebrales vinculadas con la plasticidad neuronal y la recuperación neurológica.

La ciencia explica por qué repetir una canción favorita también impacta en el cerebro

Hay melodías que modifican el estado de ánimo en pocos segundos. Bastan unos acordes para activar recuerdos, generar bienestar o acompañar momentos de dificultad, una experiencia que durante años pareció subjetiva y que hoy cuenta con respaldo científico.

Investigaciones desarrolladas por especialistas de Harvard indican que escuchar música produce efectos concretos en el cerebro y en el organismo. Según esos estudios, determinadas melodías pueden ayudar a disminuir el estrés, regular funciones fisiológicas y colaborar en procesos de recuperación neurológica.

Uno de los ámbitos más observados es el sistema cardiovascular. Los investigadores sostienen que la música contribuye a reducir la respuesta del cuerpo frente al estrés, un factor que incide de manera directa sobre la salud del corazón.

La explicación comienza en el cerebro. El procesamiento de los sonidos se inicia en el tronco encefálico, una región asociada con funciones automáticas como la respiración y la frecuencia cardíaca. Por eso, escuchar música relajante puede ayudar a disminuir la presión arterial, reducir las pulsaciones y aliviar la ansiedad.

Los efectos no se limitan al corazón. Desde hace años, especialistas analizan cómo la música estimula distintas áreas cerebrales y favorece la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones.

Algunas investigaciones también señalan que puede ser una herramienta útil en la rehabilitación de personas que perdieron el habla tras sufrir un accidente cerebrovascular u otras enfermedades neurológicas.

La elección de la música también importa. Un estudio realizado en Alemania comparó los efectos de obras de Mozart y Johann Strauss con canciones del grupo ABBA, y observó que la música clásica produjo una reducción más marcada de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

De todos modos, ambos estilos lograron disminuir los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. Para los especialistas, escuchar música puede ser un aliado del bienestar físico y emocional, sin reemplazar tratamientos médicos ni consultas profesionales.

Las evidencias reunidas hasta ahora muestran que esa canción favorita que se repite una y otra vez puede hacer más que acompañar: también puede contribuir al cuidado del cerebro y del corazón.

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