La recaudación cae por octavo mes y complica el equilibrio fiscal del Gobierno
Los ingresos tributarios tuvieron su peor comienzo de año en más de una década. La caída real de la recaudación suma presión sobre las metas fiscales y deja más dudas sobre el programa económico.
El deterioro de la recaudación impositiva se profundizó en el arranque del año y ya se convirtió en una de las principales alertas del frente económico. Con ocho meses consecutivos de caída, los ingresos tributarios marcaron en el primer trimestre su nivel más bajo en 13 años, un dato que complica el equilibrio fiscal que busca sostener el Gobierno.
En marzo, el fisco reunió $16 billones. Si bien la cifra mostró una suba nominal del 26,2%, al descontar la inflación implica una baja real superior al 4%. El panorama empeora en el acumulado de enero a marzo, donde la contracción llega al 7,5% en términos reales, según un relevamiento de la consultora Empiria, que ubica este período como el más débil desde 2013.
La merma tiene varios focos. Uno de los más relevantes está en el comercio exterior, donde los ingresos cayeron 27%. Parte de esa baja se explica por el adelantamiento de exportaciones tras la suspensión de retenciones a productos agropecuarios aplicada en septiembre, que generó un ingreso excepcional que ahora no se repite. A eso se suma la reducción de aranceles a las importaciones, otro factor que golpea la recaudación.
El retroceso no se limita a ese rubro. Los impuestos vinculados al empleo muestran una baja del 4%, en un contexto en el que la masa salarial formal se achica por la menor cantidad de trabajadores y por ingresos que pierden frente a la inflación. En paralelo, los tributos asociados a la actividad económica caen 2,9%, pese a que en marzo mostraron una mejora mensual.
Mientras tanto, el comportamiento del gasto público agrega otra señal de tensión. En marzo, el gasto primario devengado registró un aumento interanual real del 1,7%, después de dos meses en baja. Sin embargo, el balance del trimestre sigue siendo contractivo, con una caída del 3,3%. Dentro de ese esquema, se destaca el incremento cercano al 70% en subsidios económicos, en contraste con recortes en transferencias a provincias y programas sociales.
Este escenario cobra especial relevancia por las metas fiscales. Tras cerrar 2025 con un superávit primario de 1,4% del PBI, el Gobierno se propuso objetivos más exigentes para este año: el acuerdo con el FMI fija la meta en 2,2%, mientras que el Presupuesto proyecta 1,5%. En los primeros meses, el resultado primario se ubicó cerca del 0,4% del producto.
La dinámica actual abre interrogantes sobre cómo sostener ese sendero. La estrategia oficial apuesta a que una mejora en la actividad económica impulse la recaudación en los próximos meses. Pero si esa recuperación no se traduce en más ingresos, el margen de maniobra podría volver a caer sobre el gasto, en un contexto donde los recortes empiezan a mostrar límites.