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Iniciativa Social

El Centro Socio Educativo Nazario Benavídez: Un Espacio de Aprendizaje y Reinserción

La producción de dulces y conservas se convierte en una herramienta para el desarrollo personal y social de jóvenes en conflicto con la ley.

El Centro Socio Educativo Nazario Benavídez: Un Espacio de Aprendizaje y Reinserción

El Centro Socio Educativo Nazario Benavídez se presenta como un espacio donde los jóvenes en conflicto con la ley tienen la oportunidad de aprender y crecer a través de la producción de dulces y conservas. Este enfoque no solo les permite adquirir habilidades prácticas, sino que también les enseña la importancia de la convivencia y el trabajo en equipo.

Los residentes, que tienen entre 16 y 18 años, se comprometen a un programa que, en el caso de los nuevos ingresos, tiene una duración de dos meses, mientras que los reincidentes permanecen un año. Durante su estancia, participan en actividades que abarcan desde la continuación de sus estudios secundarios hasta la práctica de diversas habilidades, incluyendo la actividad física.

La labor en la planta productiva es fundamental. Allí, jóvenes y equipos técnicos colaboran estrechamente. A primera vista, el proceso de elaboración de dulces puede parecer simple, sin embargo, se emplea para educar sobre aspectos esenciales como la limpieza, el cuidado de los alimentos y el uso adecuado de los utensilios. A su vez, se enseñan conceptos de gestión, tales como el cálculo de materia prima, la administración de stock y técnicas de comercialización.

"En estos últimos años, el Nazario Benavídez está sufriendo cambios no solo en lo físico, sino en lo funcional o conceptual", explica Pablo Cheble, director del centro. Se busca que los jóvenes no solo sean mano de obra, sino que también aprendan a gestionar sus propios proyectos laborales, preparándolos para su reintegración social.

En el presente, cinco jóvenes se dedican a estas actividades, aunque 14 personas han pasado por el centro en lo que va del año. Hasta el momento, han producido 353 botellas de salsa de tomate y 144 frascos de mermeladas de diversas frutas, así como otros productos que se comercializan bajo la marca Nazareno en ferias organizadas por los ministerios correspondientes.

Los recursos obtenidos de estas ventas se reinvierten en insumos para continuar el emprendimiento, además de las mejoras realizadas con el presupuesto de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia. La fábrica no solo genera números, sino que también proporciona beneficios significativos en el desarrollo personal de los jóvenes.

"Es un espacio donde se trabaja para fortalecer la autoestima y la reinserción social", añade Cheble. Los jóvenes no solo aprenden a producir, sino que también adquieren rutinas, responsabilidades y un sentido de pertenencia. En definitiva, el Centro Nazario Benavídez se erige como una oportunidad para asignar un rol social a estos jóvenes, ayudándoles a modificar sus contextos y realidades.

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