Los argentinos duermen menos de lo que deberían: el impacto en la salud y el rendimiento
La falta de sueño se convirtió en un problema creciente en el país. La Dra. Mirtha Averbuch, especialista en medicina del sueño, alerta sobre los riesgos de dormir pocas horas y ofrece recomendaciones para mejorar la calidad del descanso.
Dormir es mucho más que cerrar los ojos: es un proceso fundamental para la salud física y mental. Sin embargo, los argentinos no están cumpliendo con las horas necesarias. La Dra. Mirtha Averbuch, especialista en medicina del sueño, habló con la radio Mil 20 sobre los efectos de la falta de descanso y cómo mejorar los hábitos de sueño.
"Yo siempre digo que la gente debe dormir siete por siete, o sea, siete horas los siete días de la semana. Por supuesto que hay variantes, pero un adulto debería dormir por lo menos esta cantidad de horas", explicó la profesional. Para los niños, la recomendación es de entre nueve y diez horas, mientras que los adolescentes, considerados "el rey del sueño", pueden dormir hasta 12 o 18 horas sin problemas.
El problema es que los argentinos están muy lejos de esos estándares. "El promedio es de seis horas en lo que se está durmiendo, a veces un poco menos dependiendo de la profesión o la actividad. Esto no es gratuito: es como una cuenta en rojo en el banco", advirtió Averbuch.
Dormir poco no solo afecta el rendimiento diario, sino la salud en general. "La privación crónica del sueño trae problemas cognitivos, falta de atención, memoria afectada, baja productividad, tiempos de reacción lentos, aumento de peso y consecuencias cardiovasculares", detalló la especialista.
Incluso quienes duermen las horas recomendadas pueden sufrir por la calidad del sueño. "Si uno duerme siete horas pero con bruxismo —apretamiento de dientes— o interrupciones frecuentes, no es un buen descanso", indicó Averbuch.
El ritmo circadiano, el reloj biológico que regula el sueño, también puede verse alterado por hábitos modernos. "El teléfono, la computadora o la televisión emiten luz azul que bloquea la melatonina, la hormona del sueño. Esto hace que el cerebro no sepa si tiene que dormir o estar despierto", explicó la especialista. Por eso, recomienda establecer rutinas: "Cepillarse los dientes, ponerse el pijama y desconectar los aparatos avisa al cerebro que es hora de dormir".
Sobre la famosa siesta, la Dra. Averbuch aclaró: "Siempre después del mediodía, no más de 30 a 45 minutos y sin pijama. Puede ser en un sillón o en la cama, pero nunca después de las cuatro o cinco de la tarde, porque se altera el sueño nocturno".
En cuanto a los niños y adolescentes, la profesional señaló que los horarios escolares y las actividades extracurriculares complican la recuperación del sueño. "Muchos chicos cierran la puerta de su habitación y se quedan con el celular hasta las 2 o 3 de la mañana. A la mañana, los maestros se quejan porque no atienden y se quedan dormidos", relató.
Finalmente, Averbuch aseguró que la conciencia sobre la importancia del sueño está creciendo, incluso entre los más jóvenes. "Hoy vemos consultas de gente entre 25 y 35 años que no puede dormir, algo que antes era más común en mayores de 45 o 50. La gente está tomando conciencia y buscando ayuda", concluyó.