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Historias

El legado de Narciso Laprida en la pluma de Borges

Un parentesco y un poema Inolvidable

Jorge Luis Borges, uno de los más grandes escritores de la literatura argentina, inmortalizó en su "Poema Conjetural" el trágico final de su pariente lejano, Francisco Narciso Laprida. Este sanjuanino, que presidió el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816, es recordado principalmente por su papel en la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Sin embargo, su vida y su conexión con Borges encierran una historia más profunda y conmovedora.

Francisco Narciso Laprida, nacido en San Juan, fue un hombre de leyes que, tras estudiar en Buenos Aires y Chile, regresó a su provincia natal para desempeñar diversos cargos públicos. Su encuentro con el General San Martín y su participación en el Congreso de Tucumán marcaron hitos importantes en su carrera. El 9 de julio de 1816, como presidente del Congreso, Laprida firmó el acta de independencia, un momento que lo eternizó en la historia argentina.

Laprida tuvo una vida pública intensa y participó en momentos clave de la joven nación, aunque estos aspectos son menos conocidos. Tras la caída de Rivadavia y el convulsionado período que siguió, Laprida regresó a San Juan, donde su alineación con el bando unitario lo puso en peligro. Fue en esta turbulenta época que Laprida encontró su trágico final a manos de José Félix Aldao, un temido caudillo federal.

Jorge Luis Borges, descendiente de Laprida por vía materna, se conmovió profundamente con la historia de su ancestro. En 1943, Borges escribió "Poema conjetural", un texto que captura el angustiante instante final de Laprida. En los versos de Borges, Laprida reflexiona sobre su destino con una mezcla de resignación y valentía, mientras enfrenta su inminente muerte:

 

"Yo que estudié las leyes y los cánones –se lamenta un desdichado Laprida en los inspirados versos de Borges, presintiendo el destino trágico que le esperaba–, yo que anhelé ser otro, ser un hombre de sentencias, de libros, de dictamenes."

 


El poema no sólo inmortaliza a Laprida, sino que también resalta la ironía y la tragedia de su vida, culminando en su violenta muerte. Con este poema, Borges no solo rinde homenaje a su pariente, sino que también subraya la brutal realidad de la lucha por la independencia

Poema conjetural El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829 

 

Zumban las balas en la tarde última. Hay viento y hay cenizas en el viento, se dispersan el día y la batalla deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.

Yo, que estudié las leyes y los cánones, yo, Francisco Narciso de Laprida, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias, derrotado, de sangre y de sudor manchado el rostro, sin esperanza ni temor, perdido, huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio que, huyendo a pie y ensangrentando el llano, fue cegado y tumbado por la muerte donde un oscuro río pierde el nombre, así habré de caer.

Hoy es el término. La noche lateral de los pantanos me acecha y me demora. Oigo los cascos de mi caliente muerte que me busca con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes a cielo abierto yaceré entre ciénagas; pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto.

Al fin me encuentro con mi destino sudamericano. A esta ruinosa tarde me llevaba el laberinto múltiple de pasos que mis días tejieron desde un día de la niñez.

Al fin he descubierto la recóndita clave de mis años, la suerte de Francisco de Laprida, la letra que faltaba, la perfecta forma que supo Dios desde el principio. En el espejo de esta noche alcanzo mi insospechado rostro eterno.

El círculo se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas que me buscan.

Las befas de mi muerte, los jinetes, las crines, los caballos, se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe, ya el duro hierro que me raja el pecho, el íntimo cuchillo en la garganta.

 

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