Cada 31 de octubre, Halloween gana presencia en distintos lugares de Argentina, incluidos barrios de San Juan, con disfraces, calabazas y pedidos de golosinas. La expansión de la celebración reabre un debate sobre la incorporación de prácticas culturales externas y su resignificación local.
Para Diego Garcés, licenciado en Antropología y especialista en Docencia Universitaria por la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), la difusión de Halloween en el país está ligada a la influencia cultural de Estados Unidos y a la circulación de estilos de vida a través del cine y otros medios. En diálogo con Radio Mil20, sostuvo: “Hace muchísimo tiempo que en Estados Unidos, a través de distintos dispositivos, como podríamos pensar el cine de Hollywood, ya no se venden únicamente productos, sino lo que se conoce como lifestyles, los estilos de vida”.
Según el especialista, la presencia de Halloween en películas infantiles durante décadas contribuyó a que la celebración se incorporara de manera progresiva a las costumbres locales. Ese proceso, afirmó, explica que hoy la práctica tenga presencia habitual en algunos barrios sanjuaninos, más allá de su origen externo. En ese marco, la expansión no se limita a una moda pasajera, sino a una forma de circulación cultural sostenida en el tiempo.
Antecedentes y sentido ritual
Garcés señaló que los antecedentes de Halloween se remontan a antiguas celebraciones de pueblos celtas que habitaban territorios de lo que hoy son Irlanda, Escocia, Gales y Gran Bretaña. Esas prácticas estaban vinculadas con el culto a los muertos y con la posibilidad de establecer un vínculo entre el mundo de los vivos y el de quienes ya no están. En esa línea, consideró que la festividad permite abordar una cuestión que atraviesa a todas las sociedades: cómo se procesa la muerte y se elabora la ausencia.
El antropólogo comparó algunos de esos significados con los del Día de Muertos mexicano y con el mensaje de la película Coco, centrado en la importancia del recuerdo de quienes fallecieron. “Nos devuelve la posibilidad de pensar en el mundo de los muertos y tender los puentes que son necesarios entre la vida y la muerte”, sostuvo. También indicó que los disfraces, las calaveras y las golosinas permiten representar la muerte desde un lugar festivo y cercano.
Debate sobre identidad y mercado
Otro eje de su análisis fue el rechazo que genera Halloween entre quienes lo consideran una tradición extranjera y ajena a la identidad argentina. Frente a esa mirada, afirmó que las culturas no son conjuntos cerrados ni permanecen inalterables, sino que se transforman mediante procesos históricos de repetición e incorporación. “Culturalmente nada es puro”, expresó, al tiempo que usó el mate como ejemplo de una práctica arraigada que tiene vínculos con el mundo guaraní.
Garcés también aclaró que su planteo no desconoce los intereses comerciales detrás de la expansión de determinadas celebraciones. Señaló que la cultura también se convierte en mercancía y que Halloween forma parte de ese proceso. Sin embargo, cuestionó que el rechazo a las influencias extranjeras se concentre en ciertas costumbres mientras otras, como las camionetas de gran tamaño o determinados productos asociados al estilo de vida estadounidense, no generan el mismo debate. “¿Por qué renegamos la extranjerización a partir de Halloween y no a partir de, por ejemplo, las pick-ups?”, planteó.
La discusión, según su enfoque, no debería limitarse a establecer si Halloween es propio o ajeno, sino a analizar cómo se incorporan las prácticas culturales y qué significado adquieren en cada lugar. En esa línea, la celebración aparece como un fenómeno atravesado por historia, consumo, religión y memoria, con una presencia ya instalada en sectores de San Juan y con un debate que seguirá abierto cada 31 de octubre.




