Mucho antes de convertirse en el papa Pío IX, Juan María Mastai Ferretti fue un joven sacerdote que, en 1824, llegó al Río de la Plata como integrante de
una misión enviada por el Vaticano a Chile. Su paso por la Argentina dejó una historia poco conocida, que incluye encuentros con José de San Martín y Bernardino Rivadavia, una misa en Luján y una peligrosa travesía por la Cordillera de los Andes.
Mastai Ferretti integraba la comisión pontificia encabezada por el arzobispo Juan Muzi (Giovanni Muzi), designado vicario apostólico de Chile. La misión
también estaba integrada por el presbítero José Sallusti, quien se desempeñaba como secretario, mientras que Mastai Ferretti participaba como
canónigo agregado y consultor, con posibilidades de suceder a Muzi en Chile.
Los viajeros llegaron a Buenos Aires a comienzos de enero de 1824, después de 91 días de navegación, a bordo del bergantín de bandera sarda Eloísa. Se
alojaron en la Fonda de Los Tres Reyes, considerada entonces una de las mejores de la ciudad.
Una recepción popular y el desencuentro con Rivadavia
La llegada de los enviados pontificios despertó un enorme entusiasmo entre los habitantes de Buenos Aires. Aunque el arzobispo Muzi había pedido que se
evitara cualquier recepción pomposa, la población salió a recibirlo con antorchas, faroles y numerosas muestras de afecto.
En sus anotaciones, Mastai Ferretti describió la escena: pese a que habían esperado hasta la noche para desembarcar, encontraron las casas iluminadas y
una multitud que se acercaba para saludar al vicario apostólico y besarle la mano. Niños y niñas encabezaban la bienvenida con faroles de cristal,
mientras los vecinos exclamaban: «Bendito el que viene en nombre del Señor».
Sin embargo, la misión no tuvo una relación sencilla con las autoridades. El gobierno recibió con desconfianza a los representantes de Roma y puso obstáculos a su actividad religiosa. Incluso
les prohibió administrar el sacramento de la confirmación en los templos sin la intervención del provisor del obispado.
"El gobierno, y en particular un tal Rivadavia, hicieron lo posible para sustraernos de las manifestaciones de afecto y finalmente nos intimaron la partida", contó en su diario el futuro Papa.
La situación contrastaba con el entusiasmo popular. El 16 de enero, cuando los religiosos se preparaban para abandonar Buenos Aires rumbo al interior, una multitud volvió a despedirlos con muestras de adhesión. Según relató Mastai, la concentración fue tan numerosa que el Gobierno debió disponer una guardia y solicitarles que partieran ante el temor de una posible sublevación popular.
Durante su estadía, el joven canónigo también tuvo oportunidad de conocer a una de las figuras más destacadas de la emancipación sudamericana. En sus
escritos dejó constancia de la visita de José de San Martín, a quien recordó como el célebre militar que había contribuido a liberar de España a Chile y
gran parte del Perú.
La misa en Luján: un episodio histórico
El recorrido continuó hacia el interior del país. El sábado 17 de enero de1824, la comitiva llegó a Luján, donde el párroco les ofreció hospedaje en su propia casa. Sin embargo, los viajeros optaron por alojarse en una posada.
Para el día siguiente, domingo 18 de enero, monseñor Muzi celebró una misa. La ceremonia tuvo lugar en la iglesia local, que Mastai describió como un
templo con cúpula y de dimensiones suficientemente amplias.
De esta manera, el futuro Pío IX celebró misa ante la imagen de la Virgen de Luján, en un episodio de particular relevancia histórica: fue el primer
pontífice romano que, antes de llegar al papado, ofició una celebración religiosa ante la patrona de la Argentina.
De Luján a Mendoza, rumbo a los Andes
Después de dejar Luján, la misión continuó su largo recorrido hacia el oeste. Pasaron por distintas poblaciones y postas del camino, entre ellas
Fraile Muerto, la Esquina de Medrano —actual Ballesteros— y Tambo, hasta llegar a San Luis.
En esa provincia fueron recibidos por el gobernador José Santos Ortiz, cuya cordialidad quedó especialmente destacada en las anotaciones de Mastai Ferretti. El joven sacerdote lo describió como un caballero que hablaba con el corazón.
Posteriormente, la comitiva siguió viaje hacia Mendoza, donde permaneció entre el 16 y el 24 de febrero de 1824. Allí recibió una cálida bienvenida
por parte del clero y de las autoridades locales.
Las calles fueron adornadas con arcos triunfales y flores, mientras los religiosos acompañaban
al vicario apostólico en sus visitas a los templos de la ciudad.
Durante esos días, los integrantes de la misión recorrieron la Alameda, visitaron iglesias y disfrutaron de algunas costumbres mendocinas, como
tomar helados con un delicado toque de canela. También fueron acompañados por el cura apostólico de la provincia, José Godoy.
El peligroso cruce de la Cordillera de los Andes
La estadía en Mendoza fue la antesala de uno de los tramos más difíciles de la expedición: el cruce de la Cordillera de los Andes para ingresar a Chile.
La comitiva partió por la zona de Villavicencio, donde descansaron y aprovecharon las aguas termales de los baños existentes en el lugar. Luego comenzaron la travesía por los pasos cordilleranos, enfrentando las
dificultades propias de un recorrido de altura, con senderos peligrosos y condiciones extremas.
Mastai Ferretti dejó un testimonio elocuente de aquella experiencia. En sus memorias escribió: «En cuatro sitios me dispuse para bien morir; los cuales
atravesé con los ojos cerrados, dejándome guiar por la mula que montaba y recitando jaculatorias».
La frase permite dimensionar los riesgos que enfrentaron los viajeros durante aquella travesía, que quedó registrada en los escritos del hombre
que años más tarde ocuparía el trono de San Pedro.
De sacerdote viajero a papa Pío IX
La misión pontificia finalmente continuó su destino en Chile, aunque no alcanzó todos los objetivos previstos. Hacia diciembre de 1824, se conoció en Buenos Aires que monseñor Muzi había abandonado el territorio chileno.
La partida también significó para Mastai Ferretti el final de su experiencia americana. En sus escritos expresó la tristeza que le provocaba dejar el continente, especialmente por la escasez de sacerdotes para atender las necesidades religiosas de la población. Incluso manifestó su deseo de permanecer en América.
Sin embargo, su destino sería muy diferente. El 16 de junio de 1846, Juan María Mastai Ferretti fue elegido papa y adoptó el nombre de Pío IX. Su pontificado se extendió durante 31 años y ocho meses, convirtiéndose en uno de los más largos de la historia de la Iglesia católica ( el más largo fue el de San Pedro que, según los escritos, duró entre 34 y 37 años).
Durante su gobierno convocó al Concilio Vaticano I.
Así, aquel joven canónigo que había llegado a Buenos Aires en 1824, conocido a San Martín, tenido contacto con el gobierno de Rivadavia, celebrado misa
en Luján y atravesado los Andes rumbo a Chile, terminaría convirtiéndose en uno de los personajes más importantes de la historia del papado.
El diario de dicho viaje con sus impresiones fue traducido por Domingo Faustino Sarmiento en Chile en 1848, dos años después de que Pio IX fuera elegido como el vicario de Cristo en la tierra.




