El cardiólogo Rubén Freifer advirtió que el control del colesterol no alcanza por sí solo para evaluar el riesgo cardiovascular, porque los triglicéridos también pueden favorecer la acumulación de grasas en las arterias. Según explicó, ese cuadro eleva la probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.
La observación apunta a una lectura más amplia de los análisis de sangre, en la que no solo se contemple el colesterol LDL, conocido como colesterol malo, sino el perfil lipídico en su conjunto. En ese marco, Freifer sostuvo que durante años la atención se concentró en el LDL y en el HDL, el llamado colesterol bueno, aunque eso puede resultar insuficiente si los triglicéridos permanecen altos.
Valores de alarma El especialista señaló que los niveles superiores a 500 miligramos por decilitro (mg/dL) requieren especial atención. En ese rango, además del riesgo vascular, aumenta la preocupación por la pancreatitis, una inflamación del páncreas que puede ser grave. Freifer afirmó: “Cuando pasamos cierta cantidad de niveles de triglicéridos en sangre, más de 500, nosotros tenemos el riesgo de hacer una enfermedad vascular, ya sea a nivel cerebral o a nivel cardíaco, sino que también puede hacer algo peor, que es una pancreatitis”.
La advertencia también remite a la necesidad de interpretar los resultados de laboratorio junto con los antecedentes y los demás factores de riesgo de cada paciente. El cardiólogo remarcó que una persona puede tener el colesterol bajo control y, al mismo tiempo, presentar triglicéridos elevados, por lo que la evaluación médica no debería limitarse a un solo parámetro.
Tratamiento y seguimiento En materia terapéutica, Freifer mencionó las estatinas, entre ellas la rosuvastatina y la atorvastatina, que se usan principalmente para reducir el colesterol LDL. También señaló que existen otros medicamentos orientados a bajar los triglicéridos, además de los icosapentos, derivados de ácidos grasos omega-3 utilizados en determinados pacientes.
Según indicó, algunas de esas alternativas pueden lograr reducciones de entre el 16% y el 20%, aunque la respuesta depende del medicamento y de las características de cada persona. Por ese motivo, insistió en que la elección del tratamiento debe ser individualizada y que no corresponde modificar la medicación por cuenta propia. El especialista también subrayó el papel de la alimentación equilibrada, la actividad física regular, el control del peso y la reducción de azúcares, harinas refinadas y alcohol. “La nutrición es muy importante, el tratamiento médico y la actividad física”, resumió.
El mensaje final es que la prevención cardiovascular exige revisar más de un indicador en los análisis de sangre y sostener controles periódicos. En ese esquema, el seguimiento médico resulta clave para decidir cuándo intervenir sobre el colesterol, los triglicéridos o ambos parámetros al mismo tiempo.




