La canasta de alimentos de los hogares argentinos atraviesa un invierno marcado por tensiones en el abastecimiento y en los precios de los productos frescos, según un informe difundido por el CEPA. En ese escenario, las hortalizas y las frutas exhibieron comportamientos muy dispares durante julio de 2026, en un contexto en el que su incidencia en el Índice de Precios al Consumidor alcanza hasta el 3,6% en las regiones del noreste y noroeste para verduras, y el 1,5% para frutas.
El segmento de Verduras, Tubérculos y Legumbres, que reúne productos centrales de la dieta cotidiana y concentra el 75,3% del volumen comercializado en el Mercado Central de Buenos Aires, registró un aumento del 18,1% en el promedio de precios mayoristas respecto de junio de 2026. La suba acumula un 99,7% en lo que va del año y una variación interanual del 117,5%, muy por encima de la inflación general.
Dentro de ese grupo, el zapallo anco fue el principal motor del incremento, con un salto del 73,1%. También subieron la papa, con 30,4%; la cebolla, con 28,5%; y la batata, con 18,0%. En sentido contrario, el tomate redondo cayó 4,9% y la lechuga retrocedió 8,4%, aunque el tomate todavía acumula un alza del 231,7% en lo que va de 2026.
El comportamiento del zapallo responde, según explicó Claudio Mollo, presidente de la cámara de operadores frutihortícolas del MCBA, al final de las cosechas en las zonas productoras de Santa Fe y Buenos Aires. La oferta actual depende de mercadería almacenada o de regiones más alejadas como Río Negro, Mendoza, Salta y el sur bonaerense, con mayores costos de flete. A eso se suma el aumento de la demanda por las bajas temperaturas. Mollo advirtió además sobre un problema estructural en la producción: “como en todo lo que es producción e industria, están muy descuidadas; seguimos produciendo todavía hasta cuando dé”.
La presión también se trasladó al canal minorista. Las grandes cadenas de supermercados del GBA, que concentran el 23,1% de la comercialización de verduras, aumentaron en promedio 16,8% sus precios corrientes frente a junio. Todos los productos relevados mostraron alzas, encabezadas por el zapallo, con 80,3%; la cebolla, con 40,6%; y la papa, con 26,3%.
Sin embargo, la distancia entre el precio mayorista y el minorista sigue siendo amplia. En julio, la brecha promedio llegó al 90,6%, con diferencias marcadas según el producto: la lechuga alcanzó una brecha del 276,8%, el tomate redondo del 125,4%, la cebolla del 96,5%, la batata del 62,3%, el zapallo del 35,3% y la papa del 13,6%. Además, entre supermercados también se observó una dispersión significativa, especialmente en el zapallo, donde la diferencia llegó al 116,8% entre el valor más alto, en Jumbo, y el más bajo, en MasOnLine.
En frutas, el panorama fue más estable. El segmento mostró un leve aumento ponderado del 0,4% en julio respecto de junio, aunque esa cifra oculta realidades contrapuestas. Los cítricos atraviesan su estacionalidad invernal, con un limón sin cambios y una naranja que bajó 11,7%, mientras que la banana subió 10,6% en el mercado mayorista.
Ese incremento estuvo directamente asociado a la logística de importación. Las intensas nevadas obligaron al cierre del paso fronterizo de Cristo Redentor y bloquearon el ingreso de banana proveniente de Ecuador, principal proveedor del mercado local. Argentina importa un promedio de 86.107 toneladas de banana por año, por lo que la interrupción obligó a reordenar la oferta con mercadería de otros países de la región y de producción nacional.
El mapa de precios de julio de 2026 muestra esa reconfiguración: la banana de Ecuador se ubicó en $1.646,4 por kilo; la de Bolivia, en $1.472,2; la de Colombia, en $1.318,8; la de Brasil, en $1.225,0; y la de Paraguay, en $1.142,9. Entre las opciones nacionales, la de Salta cotizó a $1.034,6 por kilo y la de Formosa fue la más económica, con $750,0.
Para el consumo cotidiano, el dato central es que la producción nacional opera como un amortiguador parcial frente a la volatilidad externa, aunque no alcanza para neutralizar por completo el impacto de la caída de la oferta importada. En el caso de la banana, la diferencia entre la opción más cara y la más barata llega a ser de hasta 54%.
La lectura de fondo es que la aceleración de las verduras tendrá un traslado directo al bolsillo en las próximas semanas. Con un coeficiente histórico de correlación de 0,9859 entre precios mayoristas y minoristas, los analistas estiman que el aumento del 18,1% en el Mercado Central de Buenos Aires podría derivar en una suba proyectada del 17,3% en el rubro verduras del IPC de julio del INDEC.
Ese movimiento implicaría, además, una presión adicional del 0,4% sobre la división de Alimentos y Bebidas no Alcohólicas del IPC de julio de 2026. En un invierno atravesado por problemas climáticos, costos logísticos y tensiones de oferta, los alimentos frescos vuelven a ubicarse entre los principales factores de preocupación para el costo de vida.



