Mendoza frente al espejo: El despertar de la minería ante el agotamiento de los sectores tradicionales
Mendoza redescubre la minería tras años de no verla como opción, buscando superar el declive del petróleo y la vitivinicultura. El sector es clave para diversificar la economía y promete duplicar exportaciones, aunque su impacto real se proyecta recién para 2030
Durante décadas, la identidad económica de Mendoza se ha cimentado sobre pilares que parecían inamovibles: la vitivinicultura, que ha dado prestigio mundial a la provincia, y la extracción de petróleo. Sin embargo, el panorama actual revela una realidad más compleja. Según el último informe del IERAL Regional Cuyo, los sectores tradicionales atraviesan dificultades significativas, lo que obliga a la provincia a mirar hacia horizontes que, por mucho tiempo, fueron ignorados o postergados, como es el caso de la minería.
El fin de una era de comodidad productiva
Históricamente, Mendoza ha mantenido una estructura económica que no cambia fácilmente, basada en sus recursos naturales disponibles y su localización estratégica. No obstante, este modelo ha mostrado signos de estancamiento en los últimos quince años, un fenómeno que, si bien está muy vinculado al bajo crecimiento de la economía nacional, también refleja debilidades propias de sus sectores clave.
El petróleo, que supo ser un motor fundamental, muestra hoy una tendencia declinante. Por su parte, la vitivinicultura, el gran emblema mendocino, opera en un contexto global menos favorable, enfrentando una caída en el consumo tanto local como internacional. Ante este escenario, la pregunta que surge es inevitable: ¿hacia dónde debe orientarse la estructura productiva de la provincia?.
La minería: de la omisión a la alternativa estratégica
Por mucho tiempo, Mendoza no miró a la minería como una opción viable, ya sea por cuestiones sociales, políticas o por la preeminencia de otras actividades. Hoy, la minería aparece como una de las principales alternativas para diversificar la matriz productiva, con el potencial de generar inversión, exportaciones y una fuerte demanda de proveedores locales.
A diferencia de la vitivinicultura, que es una actividad renovable consolidada pero con márgenes de crecimiento condicionados por el mercado, la minería representa un potencial "todavía en desarrollo". El atractivo es claro: los proyectos mineros con mayores posibilidades de concretarse podrían contribuir a duplicar las exportaciones provinciales. Sin embargo, la provincia debe enfrentar el hecho de que los tiempos de la minería son largos; proyectos como San Jorge o Potasio Río Colorado, en el mejor de los escenarios, tendrían un impacto real recién a partir del año 2030.
Comparativa de impacto: Empleo y dinamismo
Uno de los puntos más interesantes en la comparación entre la producción de bienes tradicionales y la minería es el efecto multiplicador en el empleo. En la minería moderna, aunque el empleo directo no crece en la misma proporción que la inversión debido a su alta tecnificación, la generación de empleo indirecto es masiva. Se estima que por cada empleo directo en el sector minero, se podrían crear entre tres y cinco empleos indirectos en servicios profesionales y proveedores.
En contraste, los sectores de servicios en Mendoza, que representan el 58% de la actividad, dependen mayoritariamente del mercado interno y se ven afectados por el ajuste fiscal y el estancamiento nacional. La minería, al ser un sector transable con capacidad de generar ingresos externos, podría actuar como el motor que reactive a los servicios locales, de manera similar a lo que ocurrió en Neuquén con el impulso de Vaca Muerta.
Lecciones de los vecinos: El riesgo de la concentración
Al analizar el rol de la minería, el informe advierte sobre los peligros de apostar a una sola actividad. El caso de Neuquén es ilustrativo: gracias al empuje del petróleo no convencional, su masa salarial privada creció un 60% en quince años, mientras que la de Mendoza se estancó. No obstante, depender de un solo producto expone a la economía a crisis profundas cuando los ciclos se revierten, como se observa en Santa Cruz.
Por ello, para Mendoza, el desafío no es reemplazar la vitivinicultura o el petróleo por la minería, sino aprovechar mejor las ventajas existentes y diversificar. La minería debe ser vista como un complemento que compense la pérdida de dinamismo de los sectores que durante años fueron el único norte de la provincia.
Hacia una política de Estado provincial
Para que la minería deje de ser una promesa lejana y se convierta en una realidad, la política local debe actuar sobre los factores que están a su alcance. El informe del IERAL destaca la necesidad de reducir la burocracia, mejorar la infraestructura (rutas, energía, conectividad), garantizar servicios públicos de calidad y mantener una carga tributaria razonable.
En conclusión, Mendoza se encuentra en una encrucijada productiva. Tras años de dar la espalda a la minería, la provincia hoy reconoce en ella una herramienta para romper el estancamiento. Si logra integrar esta actividad con sus tradiciones vitivinícolas y agroindustriales, reduciendo los costos locales y atrayendo inversiones de largo plazo, Mendoza podría finalmente iniciar una nueva etapa de crecimiento sostenible