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Historias de pueblo

Los Valdecitos: Los centinelas que hacen Patria en el portal de San Juan

"Somos los que hacemos Patria", afirma Doña Nina Ontivero. Los Valdecitos, el portal de San Juan desde La Rioja, se declara en alerta por los planteos limítrofes. Entre la escasez y el orgullo, 20 familias luchan por su tierra y su identidad

Los centinelas de la soberanìa sanjuanina en el lìmite con La Rioja

A 295 kilómetros de la ciudad de San Juan, donde el asfalto parece rendirse ante la inmensidad del desierto y el viento cuenta historias de soledad, se erige un pequeño caserío que hoy se ha convertido en el bastión de la soberanía provincial. Los Valdecitos no es solo un punto en el mapa; es la primera línea de defensa de una identidad que se siente amenazada por los recientes planteos limítrofes de la provincia de La Rioja. Allí, donde el silencio solo se interrumpe por el paso ocasional de algún turista hacia Ischigualasto, vive Doña Nina Ontivero de Pereira, una mujer cuya voz resume la lucha de un pueblo que se niega a desaparecer.

Para los cuarenta habitantes que hoy resisten en el lugar, la noticia de que La Rioja cuestiona los límites territoriales no fue recibida con indiferencia. "Somos los primeros en pararnos y defender la soberanía de San Juan; somos los que hacemos Patria", sentencia Doña Nina mientras recorre las calles de tierra del asentamiento. Para ella y sus vecinos, Los Valdecitos es el "portal de San Juan desde La Rioja", el umbral necesario para ingresar al departamento de Valle Fértil y a las maravillas del Parque Ischigualasto.

Una historia de arraigo y resistencia
La vida en Los Valdecitos es un ejercicio diario de tenacidad. Lo que alguna vez fue un pueblo pujante con una vibrante producción de ganado bovino y caprino, hoy muestra las cicatrices del éxodo y el olvido. Nina recuerda con nostalgia que en 1980 la escuela local albergaba a 40 niños; hoy, apenas cinco pupitres están ocupados. La falta de fuentes de trabajo ha empujado a familias enteras a buscar horizonte en otras tierras, dejando atrás un pueblo habitado por gente mayor y apenas cuatro empleados públicos.

La propia historia de Nina es un testimonio de este vínculo inquebrantable con el suelo. Después de vivir 45 años en el lugar, tuvo que partir hacia Jáchal debido a la enfermedad de su esposo. Sin embargo, el llamado de su tierra fue más fuerte. Regresó con el firme propósito de defender el patrimonio y trabajar para que su comunidad recupere el brillo de antaño. "No queremos abandonar este pueblo, estamos luchando muchísimo para que no desaparezca", afirma con la convicción de quien sabe que cada día ganado es una victoria para la provincia.

La Ruta, el nexo físico que los une con La Rioja

La paradoja de vivir en la "Perla de San Juan"
Resulta contradictorio que, estando a las puertas de Ischigualasto —la joya turística más grande de la provincia—, los habitantes de Los Valdecitos atraviesen carencias básicas que parecen propias de otro siglo. El problema más urgente es el agua, como el de otras tantas comunidades rurales aisladas. El agua que existe está contaminada y solo puede usarse para el riego de plantas o para los animales, no es posible que la tomen las personas sin enfermarse. Para el consumo humano, los vecinos dependen de bidones que llenan en una perforación cercana o del camión del Parque Ischigualasto que reparte agua en tanques de 500 litros. Lo que nunca es suficiente para vivir como se requiere en esta época.

"¿Cómo podemos atender a un turista? ¿Cómo podemos avanzar si no tenemos lo primordial que es el agua?", se pregunta Nina. A esta carencia se suma la falta de un enfermero las 24 horas y la ausencia de transporte público que llegue hasta la comunidad. A pesar de contar con tres hospedajes y dos comedores que intentan captar al turismo que llega desde la provincia vecina, la infraestructura básica sigue siendo una promesa pendiente.

La esperanza en el horizonte
Recientemente, una luz de esperanza se encendió —literalmente— sobre la Ruta 150. La inauguración de la iluminación en la zona y la promesa del intendente de consolidar el lugar como el portal de ingreso oficial desde el lado riojano han renovado las expectativas de los vecinos. De todos modos las esperanzas de las promesas políticas se diluyen dado que cada tanto aparece por el poblado algún intendente que promete lo que a la larga no cumple. Sueñan con una plaza bien hecha, con servicios dignos y, sobre todo, con que desde el Gobierno provincial se les de una mayor asistencia a quienes hacen Patria entre el desierto y el límite establecido con La Rioja y sus pretensiones expansionistas.

Para Doña Nina y las 20 familias que allí residen, los planteos limítrofes de La Rioja han servido, al menos, para que sus voces lleguen más lejos. "Ojalá que con esto nos escuchen y nos de un poquito de atención", dice con una mezcla de preocupación y fe. Para ellos, defender el límite no es una cuestión técnica de mapas o coordenadas, sino un acto de amor por el pedazo de suelo sanjuanino que han elegido para vivir.

Mientras el sol se pone sobre el paisaje lunar cercano, los habitantes de Los Valdecitos siguen allí, firmes. Saben que son los centinelas de una soberanía que se construye día a día, con el agua en bidones y la esperanza puesta en que San Juan no olvide a quienes, en el rincón más alejado, siguen haciendo patria.

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