El límite del oasis: advierten que el deterioro del Acuífero Tulum ya provoca daños irreversibles
La pérdida de capacidad de almacenamiento, el secado de pozos y el hundimiento del suelo muestran que la crisis dejó de ser una advertencia técnica para convertirse en un problema estructural. Especialistas reclaman restricciones urgentes y medidas de recuperación para evitar un colapso del sistema
Un informe del CIGIAA revela una crisis sin precedentes en la reserva hídrica más importante de San Juan. Con niveles de agua cayendo a ritmos alarmantes, hundimientos de suelo y una preocupante contaminación, el futuro del oasis está en serio riesgo.
El ocaso de la reserva estratégica de San Juan
El Valle de Tulum, corazón demográfico y productivo de la provincia, enfrenta una de sus amenazas más severas. El Acuífero Tulum, históricamente considerado un embalse subterráneo excepcional, atraviesa hoy un deterioro progresivo resultante de una explotación no sustentable. Según el Séptimo Informe Técnico de Coyuntura del CIGIAA, las extracciones por bombeo han superado sistemáticamente la recarga natural del sistema.
Este acuífero no es un recurso aporta el 50% del agua potabilizada de todo el valle y es la única fuente de riego para la mitad de las tierras cultivadas, además de complementar el riego superficial de la otra mitad. En una región de aridez extrema, el agotamiento de esta reserva subterránea equivale a sentenciar la viabilidad de la vida humana y económica en la provincia.
Descensos históricos: Más grave que la sequía de 1972
Los datos técnicos son contundentes y alarmantes. El monitoreo realizado en 2024 muestra que el nivel de agua en el sector libre del acuífero cae a un ritmo de 2 metros por año, mientras que en el sector confinado el retroceso es de 1,5 metros anuales. Estos niveles de profundidad son incluso más críticos que los registrados durante la histórica sequía de 1972, marcando mínimos nunca antes vistos.
La situación ha llegado a tal punto que en zonas donde el agua brotaba naturalmente a la superficie (pozos surgentes), la presión se ha perdido por completo debido a la extracción incesante. El sistema está sufriendo un vaciamiento continuo, ya que la ausencia de una recarga natural significativa deja al acuífero solo frente a la creciente demanda de bombeo.
Infraestructura obsoleta y el hundimiento del suelo
La caída del nivel hídrico ya está provocando daños tangibles en la superficie. En departamentos como Capital, Rivadavia y Santa Lucía, se ha detectado la obsolescencia de infraestructura, donde pozos antes productivos se han secado por completo, obligando a costosas e imprevistas reperforaciones, por el descenso de los acuíferos.
Sin embargo, el fenómeno más inquietante es la un hundimiento gradual y permanente del terreno que conlleva una pérdida de almacenamiento irreversible. En Pocito, ya se han verificado zonas con un hundimiento del suelo de hasta 2 metros. Al extraer el agua que servía de sustento líquido, la estructura de sedimentos subterráneos se comprime y se "aplasta", perdiendo para siempre su capacidad de volver a almacenar agua en el futuro.
Un cóctel químico: salinidad, nitratos y metales
El informe del CIGIAA no solo advierte sobre la cantidad, sino sobre la alarmante pérdida de calidad del agua. En zonas de Pocito, se ha detectado que el bombeo intensivo atrae agua de capas superiores más salinas, provocando que la salinidad del agua profunda se duplique en apenas 13 años. Además, la falta de renovación está generando una sodificación del agua, lo que representa un riesgo directo para la agricultura al degradar la estructura del suelo cultivable.
La contaminación humana también ha llegado a niveles críticos. En gran parte del acuífero libre, las concentraciones de nitratos superan los 45 mg/l, el límite máximo permitido por la OMS, llegando en muchos casos a triplicar este valor debido a la persistencia de pozos negros en los hogares. A esto se suma el hallazgo de metales pesados como arsénico, cadmio, plomo y zinc en el 60% de los pozos muestreados, vinculados al uso intensivo de agroquímicos y a la descarga de efluentes industriales en pozos no impermeabilizados.
La desconexión del Río San Juan y la urgencia de actuar
Uno de los factores determinantes de esta crisis es la antropización de la cuenca del Río San Juan. La infraestructura de embalses (Caracoles, Punta Negra y Ullum) prioriza la distribución por canales y el consumo inmediato, no destinando caudales para la recarga del Acuífero Tulum, lo que corta el ciclo natural de recuperación del sistema.
Ante este escenario, el CIGIAA recomienda medidas drásticas e inmediatas. Entre ellas, se destaca la necesidad de suspender de forma precautoria nuevos permisos de perforación y fijar límites máximos de extracción. Asimismo, se insta a poner en marcha un plan de recarga artificial dejando circular agua por el cauce del río y controlar de forma estricta la descarga de efluentes contaminantes. La inacción ante este diagnóstico técnico no es una opción si se busca garantizar la seguridad hídrica y la supervivencia del modelo socio-productivo de San Juan