Qué explica la ciencia sobre los gatos que duermen encima de sus dueños
El hábito de algunos felinos de descansar sobre las personas no responde solo al afecto. Especialistas lo vinculan con el calor, la seguridad, el olfato y mecanismos biológicos asociados al bienestar.
Para muchos tutores de gatos, es habitual despertar con el animal dormido sobre el pecho o la cabeza. Aunque puede parecer una simple demostración de cariño, detrás de esa conducta hay una explicación científica relacionada con el bienestar emocional y con los instintos naturales de los felinos.
Investigaciones del National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos indicaron que el contacto entre gatos y personas estimula la liberación de oxitocina, la llamada "hormona del amor". Ese proceso favorece el apego emocional, produce sensación de bienestar y reduce los niveles de cortisol, asociado al estrés.
De acuerdo con los especialistas, el beneficio es recíproco: el gato encuentra seguridad y tranquilidad, mientras que las personas también registran efectos positivos en su estado emocional. La búsqueda de calor es otro de los factores que explican esta conducta, especialmente en épocas frías.
La veterinaria Ana Ramírez, directora del centro Kivet en España, señaló que los gatos suelen preferir lugares cálidos y cómodos para descansar. El pecho y la cabeza figuran entre sus sitios favoritos porque, además de irradiar calor, les permiten escuchar la respiración y los latidos del corazón, sonidos que les transmiten calma y familiaridad.
Los expertos sostienen además que interviene el instinto de vigilancia propio de los felinos. Dormir sobre una persona les ofrece una posición elevada desde la cual pueden observar el entorno y reaccionar con rapidez ante cualquier estímulo o posible amenaza.
A esto se suma el componente olfativo. Los gatos utilizan el olor para marcar territorio y reforzar vínculos. Al dormir sobre sus dueños dejan su aroma y, al mismo tiempo, encuentran confort en el olor humano, en especial aquellos animales que fueron separados tempranamente de su madre.
Los especialistas remarcan que este hábito no debe interpretarse como un simple capricho, sino como una combinación de necesidades biológicas, emocionales y conductuales desarrolladas a lo largo de miles de años de convivencia con las personas. Cuando esta conducta afecta el descanso, recomiendan no apartar al animal de manera brusca y, en cambio, redirigirlo hacia una manta o cama cercana, reforzando ese espacio con caricias o recompensas.
Así, detrás de cada gato que elige dormir sobre una persona, la ciencia identifica una mezcla de afecto, confianza, protección y bienestar compartido.