Cumple tres años y sostiene su labor social pese a no tener un lugar propio
Guadalupe Fútbol Club surgió en Rawson para dar lugar a chicos y chicas que no tenían espacio en otros clubes. Hoy entrena en el Parque de Rawson, sostiene su trabajo social y busca un predio propio.
Hay historias que van mucho más allá del fútbol, y la de Guadalupe Fútbol Club es una de ellas. En Rawson, la institución cumple tres años desde aquel comienzo que sus protagonistas definieron como "una locura hermosa", con un objetivo claro: contener a chicos y chicas que no encontraban lugar en otros clubes.
Sin cancha, sin sede y muchas veces sin recursos, Guadalupe creció igual. Detrás de cada entrenamiento no solo hay una pelota: también hay realidades difíciles, historias personales que necesitan acompañamiento y un grupo de adultos que decidió estar presente.
Hoy, el club atraviesa un nuevo desafío. Ante la falta de un espacio físico propio, los entrenamientos se realizan en el Parque de Rawson. Esa situación obligó a reorganizar el trabajo y, por cuestiones de horarios, este año la actividad se concentró únicamente en el fútbol femenino.
A pesar de las dificultades, las chicas siguen compitiendo. Guadalupe participa de un torneo junto a instituciones como Unión, Alianza, Rufrano y Academia Rawson, entre otras escuelitas. Y no solo participa: también consigue buenos resultados, reflejando el esfuerzo de todo el grupo.
La continuidad no es sencilla. Sostener la actividad implica afrontar gastos constantes, como seguros y traslados, que muchas veces parecen imposibles. Sin embargo, el club siempre encuentra la forma de seguir adelante con rifas, colaboraciones y el aporte de quienes acompañan el proyecto.
"Se nos hace difícil por la cuestión económica, pero siempre nos ingeniamos para que Guadalupe esté presente", contó Juan Quiroga, presidente de la institución.
Más allá de lo deportivo, el verdadero triunfo de Guadalupe está en otro lado: en cada chico y cada chica que encuentra un espacio, una contención y una oportunidad. Cuando no hay lugar en los clubes grandes, ellos abren el suyo, aunque sea en un parque.
A tres años de su nacimiento, el sueño sigue intacto: conseguir un lugar propio donde entrenar, crecer y seguir acompañando historias. Porque Guadalupe no es solo un club: es una red de contención, un refugio y, para muchos, una segunda casa.