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Hacer el bien sobre todas las cosas

Susana Mercado: el rostro de la solidaridad que nació de un gesto simple

Lo que comenzó con un niño que golpeó su puerta pidiendo comida terminó convirtiéndose en casi 60 años de trabajo social. En el Día de la Mujer, la historia de Susana Mercado refleja cómo la fe, la empatía y la perseverancia pueden transformar una vida en un legado comunitario.

Susana y equipo sonriéndole a la vida

En el marco del Día de la Mujer, la historia de Susana Mercado se alza como un testimonio vibrante de entrega, fe y amor incondicional. A sus 76 años, esta mujer, chaqueña de nacimiento, pero sanjuanina por adopción y corazón, ha transformado el dolor ajeno en esperanza a través de una labor social que abraza casi seis décadas. Su relato no es solo el de una dirigente social, sino el de una mujer que encontró en la mirada del necesitado el rostro mismo de su fe.

El viaje que cambió su destino
Todo comenzó en 1957. Susana, con apenas 7 años, emprendió un viaje de tres días en tren desde el húmedo y caluroso Chaco hacia las tierras áridas de San Juan. Su padre, gendarme, había sido destinado a abrir el primer destacamento en Barreal, Calingasta. De aquel "cambio rotundo", Susana recuerda la belleza del trayecto y el impacto del frío intenso de la montaña, una experiencia que quedó grabada en su corazón para siempre.

El recuerdo eterno a su compañero de ruta, Esteban

Tras su paso por el Fray Mamerto Esquiú como pupila, la joven Susana junto a su hermana sintieron un llamado profundo: querían ser monja. Viajaron a Buenos Aires para iniciar su postulado y noviciado, pero el destino tenía otros planes para Susana y su vocación de servicio. Al regresar a San Juan para "definir su vocación", se encontró con que el amor la esperaba justo frente a su casa: Esteban Mercado, su vecino, se convertiría en su compañero de vida y en el pilar de su misión solidaria.

El nacimiento de una misión: De un plato de comida a una institución
A los 16 años, Susana se casó con Esteban, quien le doblaba la edad pero compartía su misma nobleza de espíritu. La chispa de su labor social se encendió casi inmediatamente después de la boda, a través de un pequeño lustrador de calzado que golpeó a su puerta pidiendo algo de comer.

Lo que comenzó como un gesto sencillo de compartir lo que tenían en la mesa, pronto se multiplicó. "Como no teníamos niños nosotros para darle de nuestra ropa, empezamos a pedir a los vecinos, a los parientes", relata Susana sobre los inicios de lo que, con los años, se convertiría en una institución formalizada. Hoy, con casi 60 años de actividad ininterrumpida y 25 años con personería jurídica, la Fundación Solydar sigue siendo un faro de ayuda en San Juan.

La Radio como un instrumento para comunicar y estar con los que menos tienen

Ver a Cristo en el hermano
Para Susana, la solidaridad no es un acto de beneficencia, sino un acto de fe. Su filosofía es clara y la transmite a los estudiantes de la Universidad Católica y la Siglo XXI que realizan sus prácticas con ella: "Ustedes siempre busquen una sola imagen, pongan en ese rostro la cara de Jesús". Esta convicción dicta la calidad de su ayuda; no se entrega ropa vieja o sucia, sino prendas en condiciones impecables, con cuellos y puños limpios, "como para el Señor".

Su labor se centra en dignificar a las personas de zonas alejadas, no solo entregando alimentos o ropa, sino fomentando el trabajo y la autoestima. "No vamos porque la gente es pobre. Vamos porque son nuestros hermanos y ellos necesitan de nuestro amor", afirma con convicción.

Historias que alimentan el alma
A lo largo de los años, Susana ha sido testigo de lecciones de desprendimiento que la han dejado maravillada. Recuerda con emoción a una niña en la zona de La Planta, en 25 de Mayo, quien al recibir unos pocos caramelos para ella y sus hermanos, no dudó en partirlos en pedacitos para que todos comieran exactamente lo mismo.

Otra experiencia que marcó su vida ocurrió en el Lote Hogar N° 3, durante un festejo del Día del Niño donde servían arroz con leche. Susana observó a un joven "grandote" sentado frente a sus nueve hermanos pequeños y pensó, prejuiciosamente, que él querría comerse todo. Sin embargo, al momento de servir, el joven comenzó a pasar cada sándwich y galleta hacia atrás, asegurándose de que sus hermanos menores fueran alimentados primero. "Me estaban dando una enseñanza a mí", reconoce Susana sobre la nobleza de los más humildes.

Quizás una de las anécdotas más conmovedoras fue la de un joven que se acercó a Radio Nacional, donde Susana tenía su programa "Por los que menos tienen". El muchacho, que vestía una camisa raída, traía consigo apenas un cuarto de paquete de arroz, medio de fideos y un caldo. Era lo único que él y su madre tenían para comer, pero decidieron compartirlo al escuchar las necesidades de otros en la radio.

Sonrisa franca de los que colaboran y dan todo

Un legado de amor
A pesar de haber perdido a su esposo Esteban hace diez años, Susana continúa la marcha. Sus cuatro hijos, criados en este "estilo de vida", mantienen viva la llama de la solidaridad en sus propios espacios.

En este Día de la Mujer, el mensaje de Susana Mercado resuena como un llamado a la acción y a la nobleza: "Es mejor dar que recibir". Su vida es un recordatorio de que la verdadera fuerza femenina reside en la capacidad de amar, de resistir contra la pobreza y de ver, en cada persona que sufre, a un hermano que merece ser tratado con la mayor de las dignidades.

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