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Sequía extrema

Crisis hídrica: toda el agua que trajo el Río San Juan fue al agro y se reforzó con reservas de los diques

Aunque un sector de productores reclama 700 hectómetros cúbicos para sostener la actividad, los números oficiales muestran que el agro ya recibió más agua de la que aportó el río en lo que va de la temporada, gracias al uso de reservas estratégicas de los diques. Con un derrame en niveles críticos y límites de seguridad que no pueden vulnerarse, el debate expone la tensión entre las demandas productivas y la necesidad de administrar con extrema prudencia un recurso cada vez más escaso.

Los tres diques tienen una cota de seguridad de presas que se tiene que respetar

Aunque un sector de productores reclama 700 hectómetros cúbicos para sostener la actividad, los números oficiales muestran que el agro ya recibió más agua de la que aportó el río en lo que va de la temporada, gracias al uso de reservas estratégicas de los diques.

En medio de la discusión por el cronograma de cortas y el volumen a distribuir hasta septiembre, un dato técnico sobresale en la crisis hídrica que atraviesa la provincia: toda el agua que aportó el Río San Juan fue destinada al agro, e incluso se entregó más volumen del que efectivamente ingresó al sistema, gracias al uso de reservas acumuladas en los diques durante la temporada pasada.

Mientras un sector de productores –principalmente viñateros– reclama que se distribuyan 700 hectómetros cúbicos (Hm³), los números oficiales muestran un escenario mucho más ajustado y condicionado por la seguridad de las presas y la prioridad del consumo humano.

Más agua entregada que la que trajo el río
Entre octubre y febrero, el derrame del río fue de 308 Hm³, un registro crítico, con jornadas en febrero donde el caudal descendió a apenas 20 metros cúbicos por segundo, promediando 25 m³/s.
Sin embargo, en ese mismo período se destinaron 431 Hm³ al consumo total, de los cuales:

·         20 Hm³ fueron para consumo humano.

·         411 Hm³ se asignaron al agro.

La cuenta es clara: se entregaron 103 Hm³ más de lo que aportó el río. Ese diferencial salió de las reservas acumuladas en los diques durante la temporada anterior, cuando el Río San Juan tuvo un derrame excepcional de 1.247 Hm³, lo que permitió recuperar niveles y generar un colchón para años secos.

El límite de seguridad de los diques
Hoy el sistema integrado por los diques Dique Los Caracoles, Dique Punta Negra y Dique Ullum tiene un límite de seguridad de 579,2 Hm³ en conjunto:

·         Los Caracoles: 237,1 Hm³

·         Punta Negra: 191,58 Hm³

·         Ullum: 150,5 Hm³

Desde el Gobierno sostienen que no se puede bajar de esas cotas sin poner en riesgo la infraestructura. Utilizar los descargadores de fondo –una práctica que fue frecuente en la gestión del gobierno de Uñac– implica el peligro de que, por acumulación de sedimentos, se produzcan embanques que inutilicen compuertas o incluso comprometan el funcionamiento de una presa cuya construcción demandó millones de dólares.

A ello se suma una advertencia técnica: por debajo de ciertos niveles, el agua puede aumentar su turbidez, dificultando el proceso en la planta potabilizadora de OSSE y generando además problemas en los propios canales de riego, que se embancan con mayor facilidad.

La proyección: números que no cierran
El pronóstico ajustado para el año hidrológico 2025/2026 estima un aporte máximo de 847 Hm³.

Si a ese volumen se le descuentan:

·         100 Hm³ anuales por evaporación.

·         120 Hm³ destinados al consumo humano (20%).

Quedan disponibles 627 Hm³ para el agro.

Ese volumen está muy por debajo de los 700 Hm³ que reclaman los productores disidentes.

En paralelo, desde marzo hasta el 31 de septiembre de 2026 se prevé un esquema con 158 días de corta y 56 días con agua en siete meses, totalizando 175 días de corta en el año hídrico 2025-2026, lo que generó fuertes cuestionamientos y motivó una reunión convocada para este lunes 2 de marzo.

Eficiencia en la mira
Otro punto que sobrevuela la discusión es la eficiencia en el uso del recurso. Datos técnicos indican que entre el 75% y el 80% de los viñateros riegan a manto, con una eficiencia que no supera el 40%. En contraste, sectores como el olivícola, el pistachero o el tomate para industria han invertido en riego presurizado o inteligente, alcanzando eficiencias de entre el 80% y el 90%.

La pregunta que se hacen en ámbitos técnicos es inevitable: si se consumen hoy las reservas estratégicas para sostener un modelo productivo de baja eficiencia, ¿qué ocurrirá el próximo año si el derrame es aún menor? ¿Se pondrá en riesgo el abastecimiento humano?

Administrar la escasez
La realidad es contundente: el agua que trajo el río fue íntegramente al agro y además se reforzó con reservas. Pero los números muestran que el margen es cada vez más estrecho.

En una provincia oasis, donde el desarrollo depende del riego, la discusión ya no parece ser sólo cuánto agua distribuir, sino cómo usarla mejor. En un escenario de crisis hídrica estructural, la eficiencia dejó de ser una opción y se convirtió en condición de supervivencia.

Porque si el oasis no optimiza el uso del recurso, el riesgo es que el desierto avance no por falta absoluta de agua, sino por falta de administración.

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