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Transparencia y control

Narcotest a funcionarios: el avance nacional y la incógnita en San Juan

Tras los decretos aplicados en Salta y los controles sostenidos en San Luis, San Juan quedaría en el centro del debate legislativo por la obligatoriedad para todos los cargos públicos.

La política argentina atraviesa una etapa de cambios en materia de controles internos, con el examen toxicológico a funcionarios instalándose como una herramienta cada vez más extendida.

Lo que en un inicio fue una promesa de campaña en distintas provincias hoy se traduce en decretos, operativos y proyectos de ley que buscan garantizar la idoneidad de quienes ejercen funciones públicas.

El caso de Salta marcó el pulso en los últimos meses. Ante la falta de consenso legislativo, el gobernador Gustavo Sáenz avanzó mediante un decreto de necesidad y urgencia para establecer la obligatoriedad del narcotest, sometiéndose él mismo al primer control, cuyo resultado fue negativo. La medida reactivó el debate a nivel nacional y aceleró definiciones en otras jurisdicciones.

El escenario en San Juan
En San Juan, a comienzos de 2026, el Gobierno provincial puso el acento en el área de seguridad, con la implementación de narcotests sorpresivos a la cúpula policial. La iniciativa se inscribió dentro de una política de prevención y control interno.

No obstante, el debate por la obligatoriedad del examen para ministros, secretarios y legisladores en la Legislatura provincial aún no dado señales de iniciarse. 

Un control que se extiende en las provincias
La experiencia en otras jurisdicciones muestra resultados concretos. San Luis aparece como uno de los casos más citados: durante el último año se realizaron cerca de 2.000 exámenes, con 48 resultados positivos, en su mayoría vinculados al uso indebido de psicofármacos.

Por su parte, Neuquén y Santa Fe adoptaron metodologías más estrictas, como el hisopado bucal y el análisis de cabello, técnicas que reducen la posibilidad de alterar los resultados en el corto plazo.

En cuanto a las sanciones, los marcos normativos provinciales son claros: negarse a realizar el examen equivale a un resultado positivo, lo que puede derivar en la destitución inmediata de funcionarios designados o en la apertura de un juicio político para los cargos electivos.

Mientras las provincias avanzan con distintas herramientas, en el Congreso Nacional los proyectos sobre narcotest obligatorio continúan sin tratamiento, ampliando la brecha entre los controles ya vigentes en el interior del país y la ausencia de una normativa a nivel federal.

Varias provincias avanzan con marcos normativos cada vez más claros, y el debate sigue abierto.

¿San Juan dará el paso hacia la obligatoriedad del narcotest para todos los funcionarios? ¿El control se extenderá a ministros, secretarios y legisladores? ¿Habrá una ley provincial que unifique criterios o se continuará con medidas parciales?

La discusión ya está instalada. La pregunta es si la política sanjuanina está preparada para dar el paso o si volverá a correr el límite de lo que la sociedad empieza a exigir.
 

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