Caer… y levantarse: el legado eterno de un sensei que nunca se fue
Fabián Zagaglia luchó hasta el final y ganó lo más importante: el amor eterno de su familia, sus alumnos y de un pueblo entero que hoy lo despide con gratitud.
El salón está en silencio. El tatami reluciente. Las estanterías siguen llenas con los trofeos y las medallas.
No es un día normal, no es un día cualquiera para Manuel que abrió la puerta sin ganas, llegó mucho antes de lo previsto. Pudo quedarse en casa porque la ocasión lo ameritaba. Sin embargo hubo algo que lo movilizó.
Solo pasaron 24 horas de la caída, un golpe duro, quizás no tanto como esas patadas recibidas en combates.
Manuel no pudo evitar que las lagrimas se corrieran por su mejilla. Él las dejó, no se resistió. Quizas lo necesitaba porque desde el domingo hasta este lunes se tuvo que mostrar entero.
Entró y lo primero que hizo fue tocar el Tatami y lo primero que se vino a su mente fueron las primeras enseñanzas, los primeros combates perdidos y como se encontró tirado contra el Tatami. Pero cuando esa pasaba, siempre miraba al costado y allí estaba él.
Entonces se levantaba una vez y salía a combatir con mas disciplina, con mas orden, con mas ganas y con la humildad que él le enseñó.
Manuel respiró profundo. Ahora si secó las lágrimas y se puso de pie, como lo hubiera querido el. Como hubiera querido su mentor. Como su padre, como su sensei, como el gran "Zagui".
Abrió ventanas, prendió las luces, acomodó todo para la primera clase del lunes porque así lo hubiera querido él.
Y aunque su presencia no esté, sus enseñanzas siguen vivas no solo en Manuel sino en cada alumno de la escuela municipal de karate de Valle Fértil. Se explica todo esto cuando llegaron desde Chucuma, Usno, Vallecito, las Sierras y Las Chilcas para despedirlo.
Si camino al Salón, Manuel no paró de recibir de saludos y condolencias. Es que Fabián Zagaglia, no solo se hacía querer sino que transmitía vida, alegría y pasión.
Aún en este último tiempo donde lo pusieron a prueba, el cáncer se hizo presente y la peleó siempre. No aflojó nunca. De hecho no perdió como decía él, ganó porque tanto sembró que cosechó tanto amor que sus hijos que sus hijos Manuel, Sofía, Josefina y Agustina lo sienten pero eso es parte de su legado y cuando una persona deja un legado nunca pierde.
Fabián a los 45 años se recibió de maestro y eligió dejar de ser cartero en Mar del Plata para buscar la belleza de Valle Fértil y enseñar, educar y formar.
Su voz no se escuchara en los eventos ni en la radio. El tatami y el aula no lo tendrán en el centro para sus clásicas enseñanzas. No hace falta. Ya las dio todas y con eso su frase de "Caer, caer, caer, caer y siempre levantarse" sigue vigente con un legado maravilloso de vida