El hijo del viento quiere seguir soplando en la ruta
Fue uno de los grandes nombres del ciclismo argentino a comienzos de los 2000. Oriundo de Zonda, embajador deportivo y ciudadano ilustre, Oscar Alberto Villalobos atravesó la gloria, las secuelas del alto rendimiento y hoy, desde otro lugar, sigue pensando en el futuro del deporte que lo hizo eterno.
Hablar de ciclismo en San Juan es, inevitablemente, hablar de Oscar Alberto Villalobos. El "Zondino", el "hijo del viento", el corredor que hizo de las rutas argentinas su escenario natural y que, a comienzos de la década del 2000, se transformó en sinónimo de triunfo, constancia y grandeza deportiva.
Oriundo del departamento Zonda, Villalobos construyó una carrera repleta de títulos y victorias que lo posicionaron como uno de los mejores ciclistas de la historia del país. Su nombre quedó grabado en el corazón del ciclismo sanjuanino y ese reconocimiento trascendió lo deportivo: fue declarado embajador deportivo y ciudadano ilustre de su tierra natal, el lugar al que siempre volvió.
Durante más de 30 años, Oscar vivió arriba de la bicicleta. Una exigencia extrema que, con el paso del tiempo, dejó huellas. Hace siete años, cuando ya había dejado la competencia profesional, sufrió un infarto que puso en riesgo su vida.
"La exigencia de 30 años arriba de la bici en algún momento te pasa factura. Por suerte la puedo contar, tengo controles permanentes y hoy estoy muy bien", relató con la serenidad de quien aprendió a escuchar a su cuerpo.
Pero los desafíos no terminaron ahí. Al dejar de correr, debió someterse también a una intervención quirúrgica por una hernia de disco, otra de las secuelas que le dejó una vida dedicada al ciclismo de alto rendimiento. Golpes que, lejos de quebrarlo, terminaron de forjar su carácter.
Hoy, Oscar Villalobos vive una etapa distinta. Junto a su esposa, lleva adelante un emprendimiento familiar en el departamento Rivadavia, mientras sigue profundamente ligado a Zonda, su lugar en el mundo. Allí continúa su vida junto a sus hijos Valentín, de 20 años, y Gerónimo, de 11.
Su vínculo con el deporte nunca se cortó del todo. Formó parte de la Secretaría de Deportes en la gestión anterior y sigue atento a la realidad del ciclismo sanjuanino, al que observa con preocupación y amor.
"Están alejando al ciclista de la gente con las competencias. Se corre por las rutas en soledad y es necesario hacer algo urgente", advirtió. Y recordó otros tiempos: "Yo me acuerdo que cuando quería venir a ver una carrera me tomaba el 23 y venía al centro para seguirlas y terminar en el viejo velódromo".
Palabras que reflejan nostalgia, pero también compromiso. Villalobos es un hombre del ciclismo, y aunque hoy no ocupa cargos, no descarta volver a involucrarse activamente. Ya adelantó que mantiene contacto con dirigentes y que la idea de acercarse a la Federación para colaborar no le resulta ajena.
El "hijo del viento" ya no corre con un número en la espalda, pero sigue pedaleando por el deporte que lo hizo leyenda. Con la experiencia de quien lo ganó todo, sobrevivió a los golpes más duros y todavía cree que el ciclismo sanjuanino merece volver a rodar cerca de su gente.