Andrés Meglioli, el geólogo sanjuanino que lleva casi cuatro décadas estudiando glaciares desde Estados Unidos
Desde su experiencia de casi cuatro décadas estudiando glaciares en Estados Unidos, el geólogo sanjuanino Andrés Meglioli analiza el rol real del hielo en los sistemas hídricos, cuestiona la falta de criterios técnicos en la Ley de Glaciares y propone un enfoque basado en la cuantificación científica y la sustentabilidad del agua para compatibilizar ambiente y minería.
Desde hace casi 40 años, el geólogo sanjuanino Andrés Meglioli desarrolla su carrera profesional en Estados Unidos, especializado en el estudio de glaciares y sistemas criogénicos. Formado en la Universidad Nacional de San Juan, Meglioli es hoy una voz técnica de referencia en un debate clave para países cordilleranos como Argentina: la relación entre glaciares, agua y actividad minera. En una entrevista concedida a Revista Forbes, repasó su trayectoria y aportó una mirada crítica sobre la Ley de Glaciares y su aplicación.
Meglioli explica que el hielo es un material de enorme interés geológico porque se comporta como un sólido plástico, capaz de deformarse y fluir. "Por eso su estudio entra dentro de nuestra disciplina", señala. Su trabajo se centra en el mapeo de glaciares, su distribución, características físicas, volumen de hielo y comportamiento dinámico, incluyendo también el permafrost, un componente clave de los ambientes de alta montaña.
Su vínculo con los glaciares comenzó a principios de la década de 1980. Se graduó en la UNSJ y en 1982 realizó su tesis en el glaciar Tronador, en Bariloche, enfocada en glaciares activos. A partir de allí, su carrera se consolidó en el estudio de glaciaciones antiguas en la Patagonia y en el hemisferio norte. En 1986 se radicó en Estados Unidos, donde continúa trabajando hasta la actualidad.
Glaciares y minería: una relación inevitable
Para Meglioli, el componente glaciar es fundamental en la evaluación de proyectos mineros, tanto en Argentina como en países con fuerte tradición minera como Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, advierte que el enfoque regulatorio es muy diferente. En Norteamérica, el criterio es estrictamente hídrico: si un proyecto no afecta el sistema de agua ni compromete su sustentabilidad, no se lo restringe. En Argentina, en cambio, el foco se desplazó hacia la protección del glaciar como forma geomorfológica, sin una cuantificación clara de su aporte real al sistema hídrico.
En ese punto identifica una de las principales falencias de la Ley de Glaciares. "La intención original era proteger el origen del agua, pero con el tiempo se pasó a proteger cualquier glaciar sin evaluar cuánto aporta al régimen hídrico", explica. Esa falta de medición objetiva es, a su entender, uno de los factores que hoy demora o frena proyectos mineros.
En países como Canadá y Estados Unidos, el abordaje se realiza dentro del marco general de la Ley de Protección Ambiental, que exige Declaraciones de Impacto Ambiental exhaustivas. Allí, el componente glaciar ya está incluido, sin necesidad de una norma específica. En Argentina, sostiene Meglioli, la coexistencia de la Ley General del Ambiente con la Ley de Glaciares genera superposiciones y redundancias regulatorias.
El vacío técnico: cuánta agua aporta un glaciar
Uno de los puntos más críticos que señala el geólogo es que la ley argentina no define cómo determinar si un glaciar cumple una función hídrica relevante. "La distribución, la morfología, el volumen de hielo y el tipo de glaciar son variables clave, pero no se ha cuantificado cuánto aportan realmente al sistema hídrico", indica. Este vacío técnico no es exclusivo de Argentina, aunque aquí tiene consecuencias regulatorias más severas.
En relación con el Inventario Nacional de Glaciares, Meglioli señala que solo se completó la primera etapa, basada en imágenes satelitales y trabajo de escritorio. Falta la verificación en terreno y, sobre todo, la fase más importante: medir el aporte real de cada glaciar al sistema hídrico. "Eso todavía no se ha hecho", remarca.
El nuevo proyecto de modificación de la ley, que propone transferir esa responsabilidad a las provincias, le parece un paso acertado. A su juicio, la centralización a nivel nacional frenó avances técnicos y proyectos productivos. "En el mundo, los estudios los financian las empresas privadas y el Estado controla, supervisa y audita. Ese esquema es más ágil y razonable", afirma.
Más que un número: la sustentabilidad del agua
Consultado sobre la necesidad de establecer umbrales numéricos, Meglioli considera que pueden existir valores de referencia, pero advierte que el eje debe ser la sustentabilidad hídrica. "Lo importante es que un proyecto no quite agua a los usuarios aguas abajo. No es solo un número: importa quién usa el agua, cuánto y con qué valor ecológico y social", sostiene.
También busca desmontar una confusión frecuente en el debate público: no todos los glaciares son como el Perito Moreno. Existen glaciares blancos y glaciares de escombros o de roca, que son masas de detritos con hielo intersticial. Estos últimos fluyen muy lentamente y su contenido de hielo puede variar entre un 5% y un 40%. Algunos aportan agua de manera significativa, otros muy poco, por lo que su importancia hídrica es altamente variable.
Agua, sequía y responsabilidades
Meglioli es categórico al rechazar la idea de que la minería sea la principal responsable de la falta de agua. En provincias como San Juan, recuerda, más del 70% del recurso hídrico se destina a la agricultura, muchas veces con sistemas de riego ineficientes. "Con una mejor gestión del agua, alcanzaría para la producción agrícola y para la minería", afirma. Además, subraya que las grandes sequías históricas de Cuyo ocurrieron en períodos sin minería. "Sin nieve, no hay agua, haya o no minería", resume.
En otros países, el acceso al agua es un factor decisivo. En Chile y Perú se utilizan plantas desalinizadoras, mientras que en Estados Unidos muchos proyectos directamente no avanzan si no pueden garantizar el recurso sin afectar a la población. En Chile, pese a sequías severas, no se aprueban proyectos que perjudiquen el agua, aun con una larga tradición minera.
Un mensaje a la sociedad
Frente a la preocupación social, Meglioli destaca que los proyectos actuales se diseñan con altos estándares de responsabilidad ambiental. Los glaciares y el permafrost están mapeados, considerados en las Declaraciones de Impacto Ambiental y protegidos. "Las instalaciones se ubican lejos de estas zonas. No se va a dejar de proteger el agua", concluye.
Con una mirada técnica, formada en la cordillera argentina y consolidada en décadas de trabajo internacional, Andrés Meglioli aporta argumentos que buscan correr el debate del plano ideológico hacia la evidencia científica y la gestión eficiente de un recurso cada vez más escaso.