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Sistema educativo

El derrame de la Escuela Pública

El impacto social, cultural y económico de la escuela pública y su rol clave en la construcción de igualdad.

Adolfo Prieto, comprovinciano doctorado en la Universidad Pública de Buenos Aires en 1953 e investigador de reconocimiento internacional, era contundente respecto a las consecuencias favorables que había generado la ley de creación de la Escuela Pública en 1884:

"Bastará informarnos –señala Prieto- sobre la formidable producción de material impreso que empezó a circular desde comienzos de la década del 80, para entender que la capacidad de lectura creada por la escuela pública era ya, por entonces, un dato de la propia realidad". 

Para el investigador, "la escuela, entonces, con todos los altibajos atribuibles y verificables, fue el primero de los instrumentos de modernización puestos en práctica en la Argentina, y el primero en demostrar que, en ese arduo proceso, cada instrumento vendría a desdoblarse en diferentes roles y distintas vías de acción. El primero también en visualizar los logros del objetivo oficialmente asignado".

Una reseña de 1887 sobre las Bibliotecas Populares en Buenos Aires señalaba en ese sentido: 

"Nada más interesante que el espectáculo que presenta el vastísimo salón de la biblioteca del municipio en las horas de mayor concurrencia… todos con la vista clavada sobre las páginas abiertas de un libro, y con la frente iluminada por los resplandores intelectuales que él proyecta, reconociéndose iguales delante de este gran nivelador por excelencia". 

Es importante saber que las Bibliotecas Populares fueron también resultado de esa política de Estado que comenzó a ser sistemática en la presidencia provinciana y nacional de Sarmiento, siguió en la de Avellaneda, del mismo signo, y se consolidó con la del tucumano Roca con la promulgación de la Ley de Educación Común que, en menos de 30 años, logró la alfabetización de todo el territorio argentino. 

Desde 1880 a 1910, el porcentaje de analfabetismo bajó al 4%: hubo alrededor de 5 millones 700 mil alfabetizados en una población aproximada de 6 millones de habitantes. 

"La conformación de un mercado de producción, circulación y consumo de bienes culturales y las campañas de alfabetización y de escolarización implementadas por el Estado, como la Ley de Educación Común de 1884 y la Ley Láinez de 1905 –confirma Beatriz Cecilia Valinoti (UBA / INIBI)-, permitieron la ampliación del público lector".

No obstante, lo que significaba un gran instrumento de igualación y modernización, no se correspondería con la organización económica, social y laboral de la sociedad oligárquica del Centenario, que el médico Juan Bialet Massé denunciaba en su "Informe sobre el Estado de las Clases Obreras Argentinas" de 1904 (estudio encargado por Joaquín V. González, ministro del Interior del general Roca en su segundo mandato: 1898 - 1904), situación que, después del rechazo por el Congreso del avanzado Código de Trabajo roquista, empeoraría durante los años del "régimen falaz y descreído", que el radicalismo de Hipólito Yrigoyen desalojaría del poder con el voto popular en 1916.

Estado y alfabetización

No hay duda: sin la intervención del Estado –y fundamentalmente de un Estado definitivamente nacionalizado e integrado territorialmente, no hubiera sido posible la inmensa tarea de alfabetización que éste llevó a cabo en todo el ámbito nacional, dándole a nuestro país el nivel educativo y cultural que le fuera y hasta ahora le es reconocido en todo el mundo.

Consecuentemente, el acompañamiento de la política estatal de alfabetización impulsó a su vez la creación, ampliación y consolidación del mercado privado editorial. 

Por eso cabe reafirmar que la decidida intervención del Estado, en lugar de neutralizar la actividad privada siempre la ha potenciado, siendo esa una constante en la realidad argentina. 

Esa realidad constatable derriba un mito que el neoliberalismo ha intentado implantar y que, paradójicamente, los sectores empresariales y las clases medias adoptan como propio, siendo en cambio naturalmente beneficiarios y usufructuarios de las políticas intervencionistas del Estado, perjudicándose cuando éste se retira de su esencial función motora en un país en desarrollo. 

Confirmando la verdad antedicha, en 1898, consignaba un informe del diario La Nación: "La rama más importante del comercio de libros en la República Argentina es la de la enseñanza, sobre todo primaria, que abarca más del cincuenta por ciento de los negocios".

A 141 años de su fundación, paradójica y trágicamente, la Educación Pública vuelve a estar en discusión, como el modelo de país que la hizo posible. 

Si como decía el filósofo alemán Inmanuel Kant, la educación es "el problema más grande y difícil que pueda ser propuesto al hombre", nos preguntamos: ¿puede resolverse el problema de la educación sin atender las implicancias que la educación tiene en la identidad, existencia, desarrollo y futuro de un pueblo?

Tratemos de entender de una vez por todas -aunque se intentó explicar muchas veces tanto a nivel nacional como internacional- por qué la educación es particularmente importante en un país todavía irrealizado, a mitad de camino entre ser Nación o ser una factoría, un instrumento del Mercado internacional, o lisa y llanamente una colonia como en el pasado. De esa manera, no seremos libres, como se pretende, porque no tendremos la imprescindible independencia espiritual que asegure nuestro destino independiente y nuestra grandeza nacional. Es que no hay Educación Pública sin Nación, ni Patria sin educación nacional y/o patriótica. 

El Dr. Manuel Belgrano, un precursor en temas de soberanía económica y educativa de una Nación en formación, que intentaba liberarse de sus opresores extranjeros, afirmaba en su "Autobiografía": 

"Conocí que nada se haría en favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el común". 

En los fundamentos del Reglamento para las escuelas de Santiago del Estero, Tarija, Tucumán y Jujuy, favorecidas por la donación del premio recibido por Belgrano después de la Batalla de Salta, el general abogado, economista y educador manifestaba: 

"El maestro debe inspirar a sus alumnos un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado, y estimar en más la calidad de americano a la de extranjero". 

Al contrario del pensamiento de uno de los padres de la Patria, brota a la vista que la educación pública, es decir una educación nacional y argentinizadora, no es la preocupación más grande de los que pretenden descentralizar la educación más de lo que está, fragmentándola y atomizándola de tal manera que deje de ser un problema nacional, social y público, como lo fue desde el nacimiento de la Patria, y se transforme en una problemática privada, individual, particular, como hace dos mil años atrás, cuando los eruditos esclavos griegos iban a pie a las exquisitas Villas Romanas (residencia de los patricios del gran imperio latino) a alfabetizar a los hijos de sus amos. 

En aquella circunstancia de la historia antigua, surgió el nombre de peda-gogo -el que transmite su ciencia a pie y/o acompaña caminando a los niños en su educación-, término que ha heredado la civilización occidental para denominar una de las grandes ciencias del espíritu humano: la Pedagogía, aunque sin reparar en la gran importancia que tiene para las naciones y sociedades en su conjunto. 

¿Queremos volver acaso dos mil años para atrás, con maestros a pie y sin grandes instituciones de enseñanza, con una educación solo para privilegiados y con ningún rasgo tradicional que nos identifique como argentinos y miembros a la vez del rico y multifacético continente latino americano?

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