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Relecturas del sindicalismo argentino

Cartas políticas de un conocido dirigente sindical

Entre 1969 y 1972, desde distintas cárceles del país, Agustín Tosco escribió una treintena de cartas que revelan su pensamiento político y gremial. Este análisis revisa sus contradicciones ideológicas, su enfrentamiento con el peronismo y su papel en la historia del movimiento obrero.

Entre 1969 y 1972, producto de su lucha política y gremial, el conocido dirigente sindical Agustín Tosco -genuino defensor de los derechos laborales, más allá de sus grandes contradicciones políticas-, fue encarcelado varias veces en distintas prisiones de nuestro país, desde donde escribió una treintena de cartas que aquí analizaremos. 

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En 1969, después de ser condenado junto a Elpidio Torres (SMATA) y otros dirigentes cordobeses por los Consejos de Guerra implementados durante el Cordobazo, Tosco fue a parar  sucesivamente a las cárceles de Santa Rosa, La Pampa, y Rawson (Chubut), hasta que la presión popular por "la libertad de todos los presos políticos" le arrancara a la dictadura de 1966/1973 una amnistía que los liberó, permitiéndole a los condenados por el Cordobazo (entre ellos Elpidio Torres), pasar las fiestas de 1969 junto a sus familiares, compañeros y comprovincianos. 

El 28 de abril de 1971, el Poder Ejecutivo de facto dictó un nuevo decreto poniendo a Tosco a su disposición a raíz de su participación y protagonismo en el Viborazo (conocido como el segundo Cordobazo), "un gran paro activo del 15 de marzo de 1971, del que resultó nuevamente la ocupación de la ciudad por las fuerzas obreras y populares", "menos espontáneo y numeroso que el primer Cordobazo", que "contó con la abundante presencia, a bandera desplegada, de las organizaciones armadas y la ultraizquierda", según refiere el historiador Robert A. Ferrero. 

Agustín Tosco pasó de su provincia al penal de Villa Devoto en Buenos Aires y luego nuevamente al de Rawson. Tras 17 meses de encarcelamiento, fue liberado el 23 de setiembre de 1972 en el marco de la ola que permitiera el llamado a elecciones para marzo de 1973 y la vuelta de Perón a la Patria. 

Estando privado de su libertad en varias ocasiones durante esos años (1969 – 1972), Tosco escribiría la correspondencia y testimonios que forman parte de la antología publicada en 1975 bajo el título "La lucha debe continuar. Testimonio del Cordobazo", prologado por el dirigente radical Hipólito Solari Yrigoyen. 

El libro resume el pensamiento político y sindical del dirigente cordobés lucifuercista, a través de sus cartas desde la cárcel dirigidas a diversos destinatarios; algunas entrevistas de la revista "Extra, "Primera Plana", "Panorama" estando preso; y un manifiesto o documento escrito en particular sobre el "Cordobazo" en junio de 1970. 

Reseña política del dirigente cordobés 

Según nuestro entender, Agustín Tosco fue un genuino luchador y un gran dirigente sindical, aunque políticamente equivocado. Fue fiel a los afiliados de su gremio y obtuvo por esa razón la fidelidad de los suyos por el largo tiempo que duró y que renovó su mandato al frente del gremio de Luz y Fuerza de Córdoba. Como otros grandes dirigentes sindicales, se mantuvo mucho tiempo al frente de su gremio, precisamente por esas razones. 

Dentro de lo que podríamos llamar la izquierda sindical no peronista, socialista y/o "de concepción marxista" -como el propio Tosco se definía- fue uno de los grandes sindicalistas no peronista de su época. 

Dentro de los sectores que enfrentaron políticamente al sindicalismo peronista (o sindicalismo ortodoxo como algunos le llaman), solo Raimundo Ongaro -líder de una de las dos CGT en la que se dividió el sindicalismo argentino en 1968-, logró adquirir la trascendencia que tuvo Tosco incluso a nivel nacional. 

En febrero de 1973 es Agustín Tosco, y ningún otro dirigente sindical, la figura de contraparte que enfrenta a José Ignacio Rucci -secretario general de la CGT y máximo dirigente del movimiento obrero- en el famoso debate por televisión del programa Las Dos Campanas, emitido por el viejo Canal 11 capitalino.

Si bien sabemos lo que Tosco significa para muchos como "emblema de lucha", sin embargo, según entendemos, no es Tosco un dirigente sindical que se pueda reivindicar por sus posturas políticas, a no ser que pensemos que el peronismo es o fue un movimiento fascista, como sospechaba la izquierda en el 45 y Tosco sugiere en su carta del 14/11/69 desde la cárcel, que el editor rescata con el título de "Una C.G.T "apolítica".

Tampoco coincidimos con Tosco en que el coronel Perón fuera un militar burgués despreciable y no un verdadero caudillo de masas y en particular de la clase trabajadora argentina; o que Augusto Vandor y Elpidio Torres (a quien Tosco omite nombrar en la totalidad de sus misivas y en su reseña sobre el Cordobazo), no fueron dirigentes combativos y fieles a sus gremios, a sus representados y al movimiento obrero en general, con lo cual falta a la verdad histórica. Por el contrario, esos dirigentes, como otros tantos dirigentes sindicales peronistas son ninguneados y/o desacreditados livianamente (o, lo que es peor, catalogados de traidores a la clase obrera y a la Patria) sin más argumentos que ser peronistas y no de "izquierda" o socialistas. 

Se desconoce, además, que hay un socialismo nacional que reivindica al peronismo histórico y a las masas peronistas como protagonistas de esta etapa progresista de la historia, que comenzara un 17 de octubre de 1945, marcara otro trascendente hito con el Cordobazo y concluyera con la vuelta del general Perón y su tercer mandato como presidente de la República, plebiscitado por el pueblo argentino. 

El mismo José Ignacio Rucci reivindicaría el socialismo nacional como sustancia del peronismo en aquel famoso debate de 1973; y hasta el propio Perón lo reivindicaba como posible nombre propio para su movimiento antes de ponerse en marcha, finalmente llamado Justicialista y no Socialista (como se llamaban otros movimientos y partidos políticos de la época, que habían desnaturalizado dicho nombre) en mérito y tributo a uno de los dos términos de la bandera de Justicia Social, término que le dio finalmente identidad al Justicialismo. 

Integrante de una minoría dentro del movimiento sindical argentino, Agustín Tosco tuvo posturas enfrentadas con el peronismo en general y en particular con la dirigencia sindical peronista que representaba a la inmensa mayoría de los trabajadores, para quienes no ahorró apelativos y acusaciones contagiado y de acuerdo con esa ideología izquierdista o ultraizquierdista de la época, que nunca fue mayoría a nivel de los argentinos en general ni tampoco en el sindicalismo argentino en particular, salvo en casos muy puntuales.

Sin embargo, Agustín Tosco es considerado por la cultura oficial un referente casi exclusivo del sindicalismo combativo de todas las épocas, consideración que quedó plasmada en el debate de 1973. Llama bastante la atención que, en aquel debate de 1973, Tosco sea tratado con mayor consideración que Rucci (a pesar de su jerarquía y de su trayectoria), como se puede deducir del desarrollo del debate y del balance final de dos de los tres periodistas que participaron del panel televisivo.

Tal vez sea por eso que Tosco cuenta con su estatua en el corazón de Córdoba (ex Plaza Vélez Sarsfield) y, en cambio, Elpidio Torres, perteneciente a un movimiento histórico anti sistema como el peronismo, cuyo gremio multitudinario -organizado y con alta conciencia de la hora-, fue determinante en el éxito del Cordobazo, obtuviera un reconocimiento a medias y recién hace muy pocos años en un lugar no tan central de la propia capital cordobesa. 

Nuestro análisis, con la misma crudeza que Tosco utiliza en sus cuestionamientos al sindicalismo peronista, pretende develar sin ocultamientos el pensamiento del dirigente sindical cordobés volcado en sus cartas desde la cárcel, carente a nuestro entender de una visión y sentido nacional profundo en términos políticos e ideológicos. 

Atravesado por un perfil anti peronista clásico y ortodoxo de raíz juanbejustista (con criterios socialistas o marxistas europeos y abstractos, ajenos a nuestra realidad criolla objetiva), Tosco -y con él la izquierda en general- termina siendo arbitrario e injusto cuando juzga al peronismo real, a los dirigentes sindicales peronistas de la larga e intensa resistencia peronista (1955 – 1973) y a muchos dirigentes en particular. 

No reconoce Tosco en su correspondencia la dimensión histórica del peronismo, sus luchas y combatividad y su proyección en la realidad concreta como verdadera expresión y representación de las mayorías obreras, ni de su conciencia histórica en esa larga etapa de nuestra historia. En verdad, al contrario de lo que piensa Tosco, esa etapa sería verdaderamente muy progresista desde la oposición y resistencia, y para nada conservadora ni retardataria, como fueron en general todos los gobiernos (militares y civiles) desde septiembre de 1955 a septiembre de 1973, año del triunfo del general Juan Perón para ejercer su tercer mandato como presidente y del trágico e injusto crimen de José Ignacio Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina y principal colaborador de Perón en el movimiento obrero.

Tosco negaba que el logro o alcance de la Liberación Nacional y Social (bandera y praxis que el peronismo hizo suya entre 1946 y 1976) pasara por el movimiento obrero peronista; entendía que los dirigentes y la doctrina peronista formaban parte del "sistema"; y que solo la lucha directa contra la burguesía argentina -sin diferenciar entre burguesía imperialista y burguesía nacional, como la distinguía el peronismo- salvaría a la Argentina.

Aspiramos a que estas consideraciones permitan la tarea necesaria en la revisión y aclaración de la historia argentina y la comprensión cabal de estas "cartas desde la cárcel", a fin de desmitificar un aspecto de esa realidad, no tan clara para la mayoría de las nuevas generaciones, no formadas en un profundo conocimiento y cabal interpretación del pasado nacional.

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