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Del interior rebelde a la globalización neoliberal

El federalismo argentino del siglo XX y XXI

Tras la organización nacional en 1880, el federalismo mutó su esencia original y se convirtió, muchas veces, en bandera de sectores que lo usaron para resistir los proyectos nacionales y populares. Un recorrido histórico desde Artigas hasta los desafíos contemporáneos.

La tradición federal y el prestigio que su nombre trae desde el siglo XIX forman parte ciertamente de las razones que llevan a reivindicar el federalismo como parte de una tradición nacional y popular. Sin embargo, debemos aclarar también, que entre el federalismo del siglo XIX y el del siglo XX y XXI existen diferencias sustanciales dadas las circunstancias históricas que le dieron origen a uno y otro. 

No hay duda de que, en el siglo XIX, "el federalismo provinciano –como sostiene el historiador Roberto Ferrero- nació como una reacción defensiva del interior ante el avasallamiento del centralismo portuario, que destruía sus instituciones y cegaba sus fuentes productivas", sin olvidar que "Buenos Aires se oponía a cualquier intento de organizar el país si la iniciativa partía de las provincias", como advirtiera Denis Conles Tizado en el prólogo de "Revolución y Federalismos. Temas de Historia Nacional", libro revelador y esclarecedor de Alfredo Terzaga.

Ese federalismo del siglo XIX terminó de cumplir sus demandas en 1880, cuando se federalizó Buenos Aires y se terminó de organizar el país con la creación del Estado Federal y/o Nacional (representación de todas las provincias en igualdad de condiciones), al mismo tiempo que la ciudad de Buenos Aires -ya nacionalizada- pasó a ser una expresión genuina de todos los argentinos.

No obstante, como sabemos, los que se oponían a la federalización de Buenos Aires, paradójicamente, pasaron a querer restablecer el "federalismo", aunque ya desprovisto de su sentido original, y hasta opuesto a su carácter histórico integrador y democratizador en sentido amplio tanto de la Argentina como de la Patria Grande americana.

Antecedentes históricos del nuevo federalismo

Recordemos que derrotada militarmente en La Verde y Santa Rosa (1874), la oligarquía bonaerense intentó conservar la ciudad de Buenos Aires como parte de la provincia homónima y enfrentó otra vez al ejército nacional del Gral. Roca en Barracas, Puente Alsina y Plaza Miserere (1880), siendo Tejedor el gobernador separatista de la provincia de Buenos Aires que quería conservar para sí sola la ciudad portuaria, siendo política y militarmente vencido por el provinciano Roca. 

La consecuencia de dichas batallas fue la "federalización", es decir la nacionalización de la ciudad de Buenos Aires, ya no más propiedad de porteños y bonaerenses, sino de todo el país, con su transformación desde entonces en Ciudad de todos los argentinos, al menos hasta 1994 cuando volvió a obtener su autonomía con el nombre de CABA. 

En efecto, fue en 1880 que los porteños protestaron por su autonomía atacada y mancillada, dando lugar a esa nueva concepción federalista, más cerca del "localismo" cerrado que de una verdadera concepción de lo federal, que no puede ser sino defensora de lo nacional y lo latinoamericano, integradora, democrática e igualitaria (los mismos derechos para todas las provincias) y promotora del desarrollo integral de la mano del Estado Nacional, culturalmente identificado con lo nacional y no con lo extranjero; Estado Nacional y Federal a la vez, que finalmente podía concretarse después de setenta años de luchas civiles.

La parábola del federalismo argentino

Para "Buenos Aires" (ciudad portuaria), siendo propiedad de la provincia de Buenos Aires antes de 1880 -sede y símbolo del poder oligárquico-, había tres opciones: 1) organizar la nación bajo su hegemonía autoritaria; 2) no organizarla y seguir dominando a las provincias por su debilidad e impotencia económica e institucional, manteniéndolas separadas o aisladas a unas de otras, y por lo tanto intrínsecamente débiles (como había sucedido ya con las provincias de la Nación latinoamericana, luego convertidas en naciones, a instancias del poder extranjero que las dominaba); 3) dejarlas abandonadas a su propia suerte. "Buenos Aires" ejerció las tres opciones a lo largo de nuestra historia. 

En la fase defensiva del federalismo argentino, que comienza en 1820 (después de la derrota de Artigas, máximo representante del "primer federalismo argentino" entre 1811 y 1820), las provincias, como que sus hijos habían conformado los ejércitos de la Independencia y sus caudillos habían sido sus jefes militares contra godos y portugueses (Artigas, Güemes, López, Ramírez, Bustos, Paz, Ibarra, Heredia), aparte de las reivindicaciones concretas respectivas –como autonomía, proteccionismo y nacionalización de la Aduana de Buenos Aires, entre otras-, sostenían de consuno la causa general de libertad, independencia y unidad americana (Bolívar, San Martín, O’Higgins, Belgrano, Castelli, Güemes y el mismo Artigas), a pesar de y contra los intereses de la Ciudad Puerto, propiedad de una sola provincia. 

"Buenos Aires", además de mandar escandalosamente los ejércitos de la patria a reprimir a las demás provincias y a sus caudillos (afortunadamente sin mucho éxito por la desobediencia de los propios militares patriotas), siempre le negó sus recursos tanto a la gesta libertadora continental como a las demás provincias y prefirió pensar solo en sus negocios con el extranjero. En esto, hay que reconocer que Juan Manuel de Rosas -bonaerense y ganadero- fue una excepción a la regla, si reparamos en la Ley de Aduanas de 1835 y la defensa de la soberanía nacional frente a las flotas extranjeras en 1838 y 1845.  

En cambio, la comprensión de la doble tarea de derrotar al enemigo interno que impedía organizar y desarrollar a la Nación y derrotar al enemigo externo que impedía nuestra independencia fue asumida integralmente por el federalismo provinciano y nacional del siglo XIX (de todas las provincias), hasta lograr la constitución federal de la República, la federalización de la ciudad separatista, la integración total del territorio nacional y la conformación de un verdadero Estado Federal. 

Federalismo del siglo XX

La nueva concepción portuaria del "federalismo" -más apegada a los intereses locales que a los intereses nacionales de todo el territorio nacional-, se vería favorecida con la fusión a su proyecto de país del patriciado u oligarquías provincianas, que poco a poco, a partir de la última década del siglo XIX y principios del XX, el "partido porteño" (unitario, liberal, conservador y oligárquico) absorbió. 

La fusión política e ideológica de la vieja oligarquía portuaria y bonaerense y de los patriciados provinciales sería, ya en el siglo XX, la plataforma ideológica y política de los partidos "federales".

En efecto, ya en el siglo XX, como dice el historiador Roberto A. Ferrero, "el Federalismo cambió de signo y se tornó históricamente regresivo. Fue invocado y practicado por los gobiernos conservadores enquistados en las provincias para oponerse al nuevo poder popular y para disponer a su antojo la entrega al enemigo extranjeros de las riquezas naturales, como cuando las autoridades salteñas invocaron el "federalismo" contra Yrigoyen e YPF para entregar el petróleo a la Standard Oil". Ese resultaba ser el riesgo de un federalismo de cuño solo provincial o conteste solo a un sector económico o a sectores socialmente minoritarios de provincia que se beneficiaban con sus presupuestos y condiciones. 

Así fue que en la década del 70 del siglo XX se verificó un "destape federal", cuando los sectores patricios liberales y conservadores de las provincias vieron la posibilidad de contrarrestar la acción de los movimientos nacionales -en este caso del peronismo, hasta entonces proscripto-, a través de partidos provinciales que reivindicaban la bandera federal, creando alternativas partidistas en cada provincia y reclamándole al poder nacional por las "autonomías" provinciales "pisoteadas". 

e volvía a cuestionar -como desde la provincia separatista en 1880- el poder nacional, con un fuerte Estado Federal de todos y para todos los argentinos. Sin mencionarlo, cuestionaban en el fondo el "empate histórico" que los gobiernos nacionales y populares habían logrado -el yrigoyenismo como sucesor del roquismo, y el peronismo en la segunda mitad del siglo XX, como sucesor del yrigoyenismo, con su política de industrialización y distribución-, permitiendo de forma verdaderamente federal la nacionalización de los beneficios del Estado Nacional para todos sus habitantes en cualquier rincón del territorio argentino.

Desafíos actuales

Si el federalismo del siglo XX carecía de raíces y carácter nacional, resultaba funcional a uno de los grandes objetivos de la globalización orquestada por los países centrales, que intentaban a toda costa debilitar, y si era posible (como ocurrió con Yugoeslavia en la década del ‘90) destruir el Estado Nacional y pulverizarlo en una multitud de "soberanías" provinciales o "nuevas" soberanías "nacionales", como ocurrió asimismo en los orígenes de nuestra historia americana independiente, debilitando estructuralmente nuestra soberanía y realización continental. 

El fracaso del gran proyecto político de Belgrano y San Martín surgido en el Congreso de Tucumán, de independencia de España, de unidad de América y de las razas americanas, y a la vez de "reivindicación americana del legado incaico" (como sustenta el historiador Gustavo Battistoni fundamentado en el libro de Eduardo Astesano "Juan Bautista de América"), fue de alguna manera la piedra fundamental de nuestro fracaso histórico como Nación a nivel continental y de la existencia inviable de nuestros Estados "nacionales" separados, aislados y debilitados al mismo tiempo. 

Aunque fue el "poder central" de Buenos Aires (todavía no nacional) la causa eficiente del federalismo argentino y de la consecuente rebelión histórica de las provincias contra "Buenos Aires" entre 1810 y 1880, una vez creado el Estado Federal, y dada la debilidad intrínseca en la que se conformó nuestro país aislado de la Patria Grande, no obstante, se requeriría de más Estado Nacional y no de menos (con verdadero y profundo sentido nacional), "para preservar la integridad de la nación y la protección de las clases populares frente la voracidad del capitalismo salvaje e inhumano", coincidimos con Ferrero. 

Al mutar los principios que le dieron origen, el "nuevo federalismo" trataría de ser una opción ideológica y electoral a los "movimientos nacionales y populares", que han sido en verdad los herederos y continuadores históricos del movimiento federal y nacional del siglo XIX, si bien queda mucho por hacer todavía en cuanto a la integración de nuestro país y la de éste con América Latina, en el camino de nuestra realización individual, social, nacional y continental, en vistas de poder disfrutar en igualdad de condiciones también la construcción del mundo que viene.

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