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A 76 años del Primer Congreso Nacional de Filosofía

Las reflexiones filosóficas de 1949

En 1949, Juan Perón anticipaba en Mendoza una profunda crisis de valores. Sus palabras, lejos de envejecer, dialogan con las tensiones actuales de un mundo cada vez más individualista y desconectado de lo comunitario.

En 1949, cuatro años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, en la clase magistral que inauguraba el Primer Congreso Nacional de Filosofía en la ciudad de Mendoza, al presentar su tesis filosófica sobre la "Comunidad Organizada", el presidente Juan Perón resumía así la realidad que el mundo experimentaba en ese mismo momento de la historia: 

"La sociedad y el hombre se enfrentan con la crisis de valores más profunda acaso de cuantas su evolución ha registrado". 

Algunas reflexiones a lo largo de la disertación daban cuenta de las posibles causas o razones de esa crisis de valores: 

"Es posible -decía Perón- que la acción del pensamiento haya perdido en los últimos tiempos contacto directo con las realidades de la vida de los pueblos". 

Es posible también, advertía el ahora ya general,   "que el cultivo de las grandes verdades, la persecución infatigable de las razones últimas, hayan convertido a una ciencia abstracta y docente por su naturaleza (la filosofía, y dentro de ella la filosofía política) en un virtuosismo técnico, con el consiguiente distanciamiento de las perspectivas en que el hombre suele desenvolverse". 

En cualquier caso,  "en ausencia de tesis fundamentales defendidas con la perseverancia debida, surgen las pequeñas tesis, muy capaces de sembrar el desconcierto…".

Consignemos que esas "pequeñas tesis capaces de sembrar el desconcierto", desde entonces hasta el presente han brotado por doquier, estimuladas por el propio retroceso y/o vacío dejado por las "tesis fundamentales". 

Las "pequeñas tesis" no solo dominan hoy en la Argentina y gran parte de América Latina sino en el mundo que otrora fuera nuestro Norte (del que todavía dependemos), "capturado" trágicamente por ideologías retrógradas, anti sociales y hasta anti humanas y falsamente liberadoras.   

Continuando con el desarrollo de su ponencia filosófica, Perón cuestionaba la actitud individualista del ser humano: 

"Es de temer -señalaba- que no consiga establecer la debida relación entre su yo, medida de todas las cosas, y el mundo circundante, objeto de cambios fundamentales". 

Y citando a Aristóteles, fundamentaba desde la filosofía clásica su tesis sobre la "comunidad organizada", que no es sino la puerta de entrada al desarrollo integral, planificado y ordenado de las sociedades modernas: 

"El hombre es un ser ordenado para la convivencia social; el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida individual humana, sino en el organismo súper-individual del Estado; la ética culmina en la política". 

Sin embargo -aclaraba el jefe de Estado en aquella disertación de fines de la década del cuarenta:

"La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros, no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en función colectiva". 

En esa línea, adelantaba: 

"Al pensamiento le toca definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de necesidades, que corresponde al hombre disminuirlas gradualmente, persuadiendo a ceder a quienes pueden hacerlo y estimulando el progreso de los rezagados". 

No obstante, advertía decididamente: 

"El problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en su paisaje a la comunidad, acentuando sobre sus esencias espirituales, pero con las esperanzas puestas en el bien común", pues, también percibía, que "si la historia de la humanidad es una limitada serie de instantes decisivos, no cabe duda de que, gran parte de lo que en el futuro se decida a ser, dependerá de los hechos que estamos presenciando". 

Al final de su exposición, el general Perón instaba a hacer realidad 

"esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente", y que -así confiaba-, "dará al hombre futuro la bienvenida…".

Los tiempos presentes

Pues bien, ya conocemos los hechos y sabemos que, en sentido contrario al de aquellas previsiones de mitad del siglo XX, el mundo y la Argentina en particular han acrecentado su "crisis de valores", y el pensamiento individualista -responsabilidad de propios y extraños- gobierna por encima del pensamiento y sentimiento de "comunidad". 

Tampoco es dable entrever la posibilidad de persuadir a quienes en realidad no quieren "cambiar el mundo para bien de los más rezagados" y "para bien de todos y mal de ninguno", sino que solo están dispuestos a actuar para el bien de ellos mismos, que son la misma minoría de siempre. 

Por razones que deberemos esclarecer, estamos una vez más al comienzo del camino. Ya sabemos lo que la humanidad "se decidió a ser" (al menos en Occidente), transitando, como estamos, esta dramática tercera década del siglo XXI. 

Habiendo pasado tres cuartos de siglo de aquella intensa y extensa reflexión, y conocido ya "el futuro" al que Perón aludía en aquella clase inaugural, hoy podemos despejar la incógnita que el autor planteaba en su tesis filosófica de 1949 sobre la "comunidad organizada". 

En muchos planos de la realidad reina "el desconcierto", y no por exceso de "comunidad" sino por carencia de ella. Los hombres no lograron "establecer la debida relación entre su yo y el mundo circundante…". 

Avances y retrocesos mediante, aquel "futuro" de 1949 no fue resuelto de la manera que se esperaba, pues, para empezar, un retrógrado golpe de Estado lo frustró en 1955 y lo volvió a hacer en 1976. 

Y a pesar de la democracia reinante desde hace varias décadas, aquella profunda "crisis de valores" no ha hecho otra cosa que acentuarse, mientras que la incógnita planteada por el general Perón en el Congreso de Filosofía de Mendoza nunca pudo ser resuelta todavía en la Argentina ni en América Latina, por lo que la restauración y continuación de aquel pasado de efectiva realización nacional y social aparece hoy como uno de los caminos necesarios y más cortos hacia un futuro inmediato que nos permita superar las grandes "diferencia de intereses y necesidades". 

Aparecen también a nuestro favor en el horizonte destellos de un mundo multipolar que nos brinda la esperanza de que podamos superar la profunda "crisis" que nos mantiene en la incertidumbre del presente, siempre y cuando nos dispongamos a tomar otra vez el futuro con nuestras propias manos y volver a ser en comunidad –"porque esa es la ley primera"-, sujetos de nuestro propio destino y no objetos de los intereses de nadie. 

Y como sabemos, "la caridad bien entendida comienza por casa", que es, o debería ser, el criterio de bienestar para el abuelo, el trabajador, el pequeño y mediano empresario y productor y el estudiante, como así también para el más pequeño y desvalido de nuestra gran familia argentina y latinoamericana, hogar nacional que, fieles al propio pueblo de la Patria nos fuera legado por los Libertadores, por nuestros grandes estadistas y por los notables pensadores nacionales que debemos rescatar del olvido.

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