Una hija atrapada por las adicciones y el pedido de auxilio de un padre sanjuanino: "Estoy dispuesto a todo por salvarla"
Asegura que el Estado no brinda herramientas reales a las familias y pide internaciones obligatorias: "A los delincuentes les dan contención en los penales, pero a mí nadie me ayuda a salvar a mi hija".
Juan José Lescano tiene 62 años y, como tantos otros sanjuaninos, trabaja con esfuerzo en un emprendimiento gastronómico ambulante. Recorre los barrios de Rawson vendiendo churros. Pero su realidad cotidiana está atravesada por un dolor: su hija de 21 años cayó en el mundo de las adicciones y, a pesar de los intentos por ayudarla, el Estado no le da respuestas.
"Tomó un camino equivocado", comienza relatando con la voz quebrada. "Intentamos contenerla, la llevamos a centros de ayuda, fuimos al hospital, buscamos tratamientos. Pero nada sirvió. Estuvo internada en el Hospital Rawson porque casi se muere, la operaron cuatro veces. Después del alta, le dimos contención familiar. Estuvo un mes, se fue y volvió a su mundo".
"Estoy dispuesto a todo por salvarla. Que alguien del Estado me escuche. Dejo mi número si es necesario. No quiero que un día me llamen para decirme lo peor"
La situación lo desborda. Juan José asegura que el problema no es solo de su familia, sino que refleja lo que viven muchos padres y madres en San Juan y todo el país. "Hay una ley que dice que las internaciones por adicción deben ser voluntarias. Pero eso no sirve, ya está comprobado. Cuando quieren, se van, como pasó con mi hija".
Juan José ha trabajado como voluntario en centros de contención, conoce de cerca otras historias similares. Por eso su pedido es firme y directo: " El Estado debe hacer algo. Que no esperen a que se mate para actuar. No quiero que un día me llamen y me digan ‘pasó lo peor’".
El relato también pone en evidencia la soledad de las familias."La sociedad juzga, cree que esas personas no tienen familia. Pero sí la tienen. Solo que no hay un sistema que nos contenga. Nos dejan solos, con leyes que no funcionan".
A pesar del dolor, Lescano no baja los brazos. Sigue buscando espacios donde alguien lo escuche, donde pueda canalizar su grito de auxilio. "Hay hogares que ayudan, pero todo es voluntario. Todo es débil. Lo que necesitamos son políticas firmes, que cuiden a los chicos y también a las familias".
La desesperación lo llevó a hacer una comparación dura, pero clara: "A los delincuentes les construyen penales donde les dan comida, medicamentos, atención psicológica. Hasta prioridad para cobrar. Pero a mí, que quiero salvar a mi hija, nadie me ayuda. ¿Por qué el Estado ampara a los que hacen daño y a nosotros no?"
La historia de Juan José no es la única. Pero decidió hacerla pública para que alguien, desde el lugar que le toca, escuche y actúe.