El ABC de Perón, Vargas e Ibáñez
El pacto ABC entre Argentina, Brasil y Chile unió a Perón, Vargas e Ibáñez en una visión compartida de autonomía regional, industrialismo y orden, en plena Guerra Fría y con tensiones con EE.UU.
En la edición del 25 de octubre de 1951 del diario "Democracia", en un artículo que titulaba "La Hora de los Pueblos", decía "Descartes" (seudónimo del presidente Perón), en vistas al proyecto ABC (Argentina, Brasil y Chile) en el que el gobierno argentino comenzaba a pensar seriamente: "Getulio Vargas, auténtico representante del pueblo brasileño, triunfa contra la presión del Norte y los dólares de la Standard Oil. Paz Estensoro, en Bolivia, vence a la misma oposición foránea. Ibáñez, en Chile, libra similar lucha contra los consabidos intereses imperialistas. Venezuela ahoga una intentona revolucionaria de tipo foráneo, común en el continente de "buena vecindad". Cerca de ella, otros países sufren idéntica amenaza. Guatemala ha sido víctima de casi veinte intentos revolucionarios en cuatro años, descargados desde la misma dirección. Puerto Rico lucha por su independencia contra el común peligro de todos los pueblos. En Centroamérica se confederan Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, etc., pueblos todos en "index" y comúnmente explotados y amenazados. En los demás países, en mayor o menor grado, la misma lucha entre pueblos y gobiernos".
En lo que a nosotros respecta -había ya adelantado "Descartes" en las páginas del mismo diario, "ni Argentina ni Brasil ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza"; sin embargo, "unidas forman la más formidable unidad, a caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna". "Estos tres países unidos conforman la unidad económica más extraordinaria del mundo entero". Eran esas razones las que inducían al presidente Perón "para encarar una vida en común y para planear también una defensa futura en común".
Hasta entonces, por el contrario, diría Perón: "En política internacional hemos vivido respondiendo a las medidas que tomaban los otros con referencia a nosotros sin tener una idea propia que nos pudiese conducir".
Manos a la obra, el 20 de febrero de 1953, al viajar a Chile en tren, junto a una delegación chilena, sindicalistas argentinos y glorias del deporte como Juan Manuel Fangio, con el propósito de firmar el "Acta de Santiago" (Tratado de Unión entre ambos Estados), un periodista del diario La Nación le preguntaba al presidente argentino:
- "¿Estima usted, Excelencia, que debe llegarse a la completa unión política y económica de los países americanos?".
Perón le respondió:
- "No solo lo creo, sino que lo auspicio y lo propugno. Si no nos adelantamos a los hechos, la evolución natural de la historia nos obligará a la unión. En esto como en todas las cosas de la vida es mejor conducir los acontecimientos que dejarse arrastrar por ellos. La unión política y económica americana debe hacerse sobre la base de naciones justas, soberanas y libres" ... "Si no nos adelantamos a los hechos es posible también que la lucha nos encuentre desunidos" … "Si Argentina y Chile prueban que su unión es eficiente serán el núcleo básico que aglutinará después a toda la América del Sur" … "Solo me animo a decir que el año 2000 nos hallará unidos o, de lo contrario, dominados".
En su discurso del 7 de julio de 1953 en Buenos Aires ante el presidente de Chile que le devolvía la visita de febrero, Perón recordaba las palabras del general Las Heras de 1863 con motivo de la inauguración en Chile del monumento en homenaje a San Martín, general de los ejércitos argentino y chileno: "Hubo una época gloriosa en la historia de este Continente en que todos los americanos éramos compatriotas unidos por el doble vínculo de nuestro común infortunio y nuestros comunes esfuerzos por la Independencia".
Fiel reflejo de lo que le proponía el presidente de la República Argentina, le contestaba el Gral. Carlos Ibáñez del Campo en su discurso: "Las circunstancias determinadas por la alta investidura de mi cargo me imponen la tarea de manifestar ante vosotros el trascendental significado que tiene para el continente la concertación del Pacto que nuestros países han resuelto poner en marcha…". "El afianzamiento de nuestra amistad -continuaba en general Ibáñez- es el paso más decisivo para abrir nuevos horizontes a la confraternidad continental… Los pueblos latinoamericanos no pueden permanecer ajenos ni escapar a la influencia de esta corriente histórica, que tiende a superar las viejas fórmulas de entendimientos y a evitar la dispersión de los esfuerzos nacionales… estamos en condiciones de comprender que nuestro futuro depende de los frutos que produzca esta confraternidad -no a través de las palabras como se ha hecho tradicionalmente-, sino por intermedio de una acción realista y resuelta, como es el caso del Tratado de Unión Económica Chileno-Argentina, primera etapa de una política de proyecciones más profundas, que señala las promisorias posibilidades de llegar un día al gran entendimiento que vislumbrara Simón Bolívar…".
La Conferencia de 1953 en la Escuela Superior de Guerra
Preparando las conciencias de sus colegas militares, el 11 de noviembre de 1953, Perón ofrecía una conferencia estratégica a los oficiales de la Escuela Superior de Guerra de la República Argentina, en la que planteaba los fundamentos, presupuestos y objetivos del Acuerdo con Brasil y Chile.
En aquel discurso de 1953 -que nos remite al presente y al futuro y no al pasado, como podría creerse, Perón planteaba la condición estratégica de América Latina para sobrevivir a la acción del imperialismo norteamericano en su avance sobre los recursos de los países más débiles que poseían y poseen reservas y recursos esenciales para el desarrollo y mantenimiento de un nivel apropiado de vida de sus connacionales.
"Aquí hay un problema de unidad –decía Perón en aquel discurso-, que está por encima de todos los demás problemas". En política internacional, pensaba Perón, sin que hasta hoy nuestra situación haya cambiado estructuralmente, el tema de la unidad "es el más grave y el más trascendente".
Para el estadista y estratega militar que era Perón, enfocado como político en la realidad de aquel presente, y anticipándose al futuro, ésta era la realidad que nuestros países padecían: "América del Sur, moderno continente latino, está y estará cada día más en peligro", debido a que "es la zona del mundo donde todavía, en razón de su falta de población y de su falta de explotación extractiva, está la mayor reserva de materia prima y de alimentos del mundo" y son precisamente "las reservas de alimentos y de materias primas el problema fundamental del futuro", incluyendo entre esas materias primas, por supuesto, nuestras reservas energéticas. Es precisamente en estas circunstancias que "radica nuestro mayor peligro", explicaba el general, en la medida en que "estamos amenazados a que un día los países superpoblados y súper industrializados, que tienen un extraordinario poder, jueguen ese poder para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos", como ya lo hicieron en el pasado. En orden a ello, "si subsistiesen los pequeños y débiles países, en un futuro no lejano podríamos ser territorio de conquista". Dado entonces que "los peligros serán tan graves" –advertía Perón a los oficiales de la Escuela de Guerra dos años antes del golpe de 1955- no apostar definitiva y urgentemente a la unidad "será un verdadero suicidio". Como sentenciaba el líder popular en aquella conferencia: "Unidos seremos inconquistables, separados indefendibles".
La estrategia de Unidad
"El modelo de sustitución de importaciones –decía Perón en su ahora famosa disertación- necesita una ampliación gigantesca del mercado interno, amparada por una unión aduanera para lograr economías de escala y alcanzar verdadera competitividad". "Esto es lo que ordena imprescriptiblemente la necesidad de la unión de Chile, Brasil y Argentina". Para ello, Perón planteaba "llegar (primero) a una unión en esta parte del Continente", "a través de un núcleo básico de aglutinación": "Unidos en esta parte del mundo –apuntaba- no solo seremos ejemplo de unidad, sino que seremos también punto de apoyo para que ese ejemplo sea constructivo para todo el resto de los americanos". "Desde esa base -pensaba- podría construirse hacia el norte la Confederación Sudamericana, unificando en esa unión a todos los pueblos de raíz latina".
Y si todavía faltaban razones para adoptar una política latinoamericana en línea con los intereses argentinos, después de ver fracasado aquel intento de 1953 (entre otras causas, por el suicidio del presidente brasileño Getulio Vargas, presionado por los intereses norteamericanos), el general Perón advertía: "El año 2000 nos encontrará unidos o dominados… Nosotros los latinoamericanos, disponemos de las mayores reservas porque nuestros países están todavía vírgenes en la explotación, pero también por eso el futuro se nos presenta más amenazador…". "Nada hay hoy más importante en la política internacional que eso, porque si no nos organizamos y preparamos para defendernos, nos lo van a quitar todo… por teléfono, si es necesario". Por eso, "nuestra política internacional ha de estar dirigida a la unidad latinoamericana y a la conformación de un Continente unido, solidario y organizado, para defenderse".
Sin una verdadera "base" política, económica y cultural latinoamericana, tampoco estaremos en las mejores condiciones para rescatar nuestras Malvinas ni a nuestro país "de todo poder y dominación extranjera", como reza la declaración nuestra Independencia.