La inteligencia artificial modifica tareas, tiempos de trabajo y hábitos de consumo, y ese proceso será eje de la disertación que ofrecerá este viernes el magíster Santiago Liaudat en el Complejo Cultural y Deportivo La Superiora. El planteo central, según lo anticipado en una entrevista realizada este jueves en el programa La Tarde es Nuestra, que conduce Marisa López por LaMil20, es que la discusión dejó de ser futurista y ya alcanza a la organización social, económica y política. La presentación se apoyará en la encíclica “Magnifica humanitas” del papa León XIV, que aborda las nuevas tecnologías y su impacto social.
Productividad y empleo
Uno de los ejemplos expuestos por Liaudat muestra que tareas que antes demandaban horas pueden resolverse en minutos con herramientas de inteligencia artificial. En su experiencia universitaria, señaló que trabajos administrativos que requerían aproximadamente una hora hoy pueden completarse en tres o cuatro minutos. Esa mejora de productividad abre una consecuencia inmediata: si una persona hace en pocos minutos lo que antes tomaba una hora, surge la pregunta sobre la necesidad de contratar nuevos trabajadores. El interrogante se extiende a dónde se crearán los nuevos empleos y si esos puestos quedarán en Argentina, en San Juan o en los países que concentran el desarrollo tecnológico.
Mercado y regulación
La exposición también pone el foco en quién conduce esta transformación. Según el magíster, el problema aparece cuando el desarrollo de estas herramientas queda determinado solo por las fuerzas del mercado y la búsqueda de rentabilidad. En ese marco, planteó la necesidad de que las sociedades y los Estados orienten el proceso para evitar que el aumento de productividad se traduzca en desempleo, exclusión o precarización. Como ejemplo, mencionó el caso de las plataformas digitales y citó a Uber como un servicio que no solo modificó la forma de pedir un viaje, sino que reemplazó funciones que antes cumplían personas encargadas de recibir llamadas, distribuir viajes y organizar el trabajo de taxis o remises.
Atención y vida cotidiana
Otro eje de la reflexión apunta al tiempo de permanencia de los usuarios en las plataformas. Liaudat sostuvo que esos sistemas necesitan que las personas permanezcan conectadas el mayor tiempo posible, porque ese tiempo incrementa el valor económico para las empresas. Explicó además que los algoritmos aprenden qué interesa, qué enoja y qué entretiene a cada usuario para construir una experiencia personalizada, lo que puede derivar en una especie de cápsula individual. En ese esquema, dos personas pueden mirar sus teléfonos al mismo tiempo y recibir contenidos distintos sobre un mismo mundo, con el riesgo de reforzar opiniones previas y profundizar diferencias con quienes piensan distinto.
Pantallas, educación y vínculos
La entrevista también abordó efectos asociados a la sobreexposición a las pantallas, entre ellos dificultades en la adquisición del lenguaje durante la primera infancia, deterioro de indicadores educativos, problemas vinculados al bienestar emocional y distintas formas de adicción. Liaudat aclaró que esos fenómenos no deben leerse como consecuencia exclusiva de una sola tecnología, sino como parte de un problema social más amplio sobre el uso de herramientas digitales. En ese marco, utilizó la expresión “empobrecimiento humano integral” como contracara del desarrollo humano integral. También sostuvo que la respuesta no pasa por volver atrás, sino por más conocimiento, educación y regulación, con medidas preventivas antes de que la corrección resulte más difícil.
La Superiora será el ámbito donde se exponga este diagnóstico y sus derivaciones, en una instancia que busca ordenar el debate sobre empleo, plataformas, educación y regulación. Liaudat cerrará su presentación con la pregunta sobre quién tomará las decisiones frente a una tecnología que ya modifica profesiones, acelera procesos y transforma empresas. La variable a seguir es si ese cambio quedará en manos exclusivas de las compañías que desarrollan estas herramientas o si intervendrán también los Estados, las instituciones educativas, los trabajadores y una discusión social más amplia.




