Las cifras de salud mental en la República Argentina durante el año 2025 han encendido todas las alarmas institucionales y sociales. Recientemente, las declaraciones de la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, revelaron una realidad dolorosa e ineludible: los suicidios dentro de las fuerzas de seguridad aumentaron un 30% en 2025 respecto de 2024. Este dato, por demás alarmante, marca el pulso de una profunda crisis que trasciende las fronteras institucionales de los uniformados y se constituye en un crudo reflejo de lo que ocurre en el tejido social a nivel nacional.
El fenómeno del suicidio no es un hecho aislado ni exclusivo del ámbito de la seguridad. Se estima que en todo el territorio de Argentina, el número de casos de suicidio ha crecido de manera drástica, superando la dolorosa barrera de los 5.000 fallecimientos anuales, con un total documentado de 5.209 casos en 2025, lo que representa una alarmante tasa de 22,7 muertes por cada 100.000 habitantes. Este preocupante incremento también ha golpeado de forma directa al Ejército, donde los casos reportados pasaron de apenas 6 en el año 2021 a un pico de 18 casos registrados durante el año 2025.
Por su parte, los registros internos de la Policía Bonaerense evidenciaron una ligera fluctuación con 37 suicidios documentados en 2024 y 35 en el año 2025. Al indagar en los factores asociados a este grupo, la vulnerabilidad socioeconómica de los agentes salta a la vista: se estima que uno de cada cuatro efectivos de las fuerzas de seguridad no cuenta con la capacidad financiera para pagar sus deudas, y que la inmensa mayoría de estos servidores públicos percibe sueldos mensuales que se ubican por debajo de la línea de pobreza, existiendo casos incluso que caen por debajo de la línea de indigencia. El endeudamiento recurrente, los retrasos sistemáticos en los ingresos y los salarios insuficientes operan como factores de riesgo crónicos que agravan las situaciones de vulnerabilidad emocional de las que nadie está exento.
La perspectiva profesional de Eduardo Lavorato
Ante este preocupante escenario, la opinión de expertos
resulta vital para orientar las respuestas del Estado y de la sociedad civil.
Eduardo Lavorato, reconocido psicólogo argentino, docente universitario y un
destacado referente en el diseño de políticas públicas de salud mental, aporta
una visión rigurosa y humanista. La trayectoria de Lavorato está fuertemente
vinculada con la gestión pública y la prevención comunitaria; entre sus labores
más significativas, el profesional trabajó activamente en la Municipalidad de
Rawson, provincia de San Juan, bajo la intendencia de Juan Carlos Gioja,
dedicando sus esfuerzos al diseño, desarrollo e implementación de políticas
integrales destinadas a la prevención de las adicciones.
A partir de su vasta experiencia en el territorio,
interactuando con grupos vulnerables y sectores comunitarios, Lavorato analiza
los movimientos estructurales del país. El especialista sostiene que Argentina
atraviesa actualmente un proceso de crisis caracterizado por cambios económicos
y transformaciones institucionales severas que impactan directamente en las
estructuras de soporte tradicionales como la familia, la escuela y las redes de
empleo formal. Al destruirse o deteriorarse estas instituciones primarias, que
funcionan como contención y sostén del desarrollo humano, el sujeto queda
desprovisto de sus herramientas habituales de resiliencia ante la incertidumbre
y el sufrimiento.
El factor económico: Un detonante antes que una causa lineal
Una de las mayores preocupaciones de Eduardo Lavorato radica en la forma en que los medios y la propia sociedad abordan estas tragedias. El psicólogo es categórico al advertir que no se debe trazar un puente simplista de causalidad lineal y proporcional entre la crisis económica y el suicidio. Para el especialista, atribuir el suicidio a problemas financieros, como la imposibilidad de llegar a fin de mes, constituye un error grave que puede devenir en iatrogenia (es decir, provocar un efecto dañino o un mensaje opuesto al de prevención que se pretende difundir).
En su análisis, Lavorato sostiene que cuando una persona toma la drástica decisión de quitarse la vida, esta no se produce de un momento para otro, de manera espontánea o impulsiva frente a una deuda específica. Por el contrario, detrás de cada caso existe una estructura emocional de base donde la idea se ha venido gestando, macerando e internamente elaborando a lo largo del tiempo. Las dificultades financieras, la asfixia económica y el endeudamiento severo operan como potentes detonantes en la etapa terminal de una problemática familiar, social y emocional acumulada, pero no configuran la totalidad de la problemática.
El especialista insta a comprender que lo económico ejerce un atravesamiento general en las instituciones, desde la escolaridad de los hijos hasta la dinámica alimentaria y el bienestar familiar. La acumulación sostenida de tensiones financieras y familiares debilita las defensas psíquicas, lo que facilita el surgimiento de conductas extremas cuando el individuo percibe que no cuenta con salidas viables o con un horizonte predecible.
Sintomatologías y 'salidas fallidas' de la crisis contemporánea
La falta de contención frente a estos procesos rápidos de cambio y la dilución de las instituciones tradicionales ha provocado un notable incremento de trastornos psicológicos graves en la población. Lavorato enumera fenómenos clínicos con un crecimiento exponencial, tales como el pánico, la depresión y la ansiedad generalizada. Asimismo, la búsqueda inconsciente de aliviar esta tensión interna suele derivar en lo que el profesional denomina 'salidas fallidas':• Uso abusivo de pantallas y tecnologías: Provoca una hiperestimulación constante del sistema nervioso central mediante neurotransmisores y hormonas de recompensa rápida, generando un círculo vicioso de ansiedad en lugar de calmar el malestar de fondo.
• Juegos de apuesta online: Mecanismo compulsivo que agrava la situación económica del sujeto bajo la falsa premisa de una solución mágica.
• Créditos de forma compulsiva: Solicitudes desesperadas de financiación que derivan en un mayor endeudamiento, acentuando el sentimiento de asfixia y desamparo.
Estas salidas de emergencia no hacen más que profundizar la gravedad de la situación de base de la salud mental de las personas, quienes, en lugar de encontrar contención, terminan ingresando en un camino destructivo de deudas, aislamiento y desesperación.
La redefinición de un Estado presente y preventivo
Frente a la pregunta sobre cómo acompañar y proteger al sujeto que se encuentra inmerso en una crisis existencial profunda, Eduardo Lavorato ofrece una propuesta que reconfigura el concepto tradicional del Estado. En momentos donde el Estado tiende a involucrarse lo menos posible o a contraer su rol social, el psicólogo plantea que el verdadero abordaje debe gestarse desde una perspectiva de cooperación colectiva.
Lavorato señala que 'el Estado somos todos'. Bajo este concepto integrador de Estado social, el especialista involucra de manera corresponsable al gobierno, a las organizaciones sociales, comunitarias e intermedias y a las instituciones educativas y familiares. Esta amplia red institucional debe actuar de manera conjunta y cooperativa como un dique de contención frente a las transformaciones vertiginosas que vive la sociedad. La ausencia de protocolos claros o herramientas de adaptación deja al ciudadano común en un absoluto desamparo ante el cambio de paradigma del empleo y la vida diaria. Por ende, resulta imperativo enfocar los recursos públicos y comunitarios en programas de prevención primaria que aborden la salud mental desde el territorio y no únicamente cuando la tragedia ya se ha consumado.
Señales de alerta y el imperativo de romper el tabú del suicidio
Eduardo Lavorato brinda pautas concretas para actuar ante situaciones de riesgo en el entorno cotidiano, ya sea laboral, de amistades o en el propio seno familiar. El profesional insiste en que el suicidio sigue siendo un tema tabú en amplios sectores de la sociedad, lo que genera miedo e incomodidad al momento de hablarlo o intervenir. Sin embargo, el silencio es el peor aliado en estas circunstancias.
El psicólogo enseña que existen señales de alerta visibles a las que se debe prestar suma atención. Cuando un familiar o un compañero se muestra inusualmente retraído, aislado, desganado o con un cambio radical en su actitud de vida habitual, no se debe subestimar su situación. Es importante acercarse e incluirlo de manera activa. Lavorato recomienda perder el miedo a preguntar de forma directa sobre su dolor y sobre el sentido de su propia existencia:
«Preguntar directamente si la persona ha pensado en quitarse la vida o en 'tener otra realidad' es una herramienta fundamental. Muchas veces el sujeto no dirá de forma explícita 'me quiero suicidar', pero sí manifestará expresiones reveladoras como 'no me quiero despertar más' o 'desearía acostarme y despertar en otro lugar'. Esas son las señales claras que indican que esa persona requiere pedir ayuda profesional urgente, y que su círculo familiar y comunitario debe activarse para acompañarla en ese doloroso proceso de cambio.» Es importante mencionar las barreras estructurales para que un efectivo pida ayuda. Si un agente manifiesta ideación suicida, la respuesta administrativa inmediata suele ser quitarle el arma y suspenderlo, lo que en muchos casos se percibe como una sanción o el fin de su carrera.
El incremento del 30% en los suicidios dentro de las fuerzas de seguridad durante el año 2025 no representa un problema meramente institucional o salarial, sino la manifestación más visible y dolorosa de una herida profunda en la salud mental comunitaria argentina. La respuesta profesional y ética propuesta por especialistas como Eduardo Lavorato demuestra que solo mediante una prevención activa, una red institucional de contención de carácter estatal-social y el valor civil de romper el tabú de la escucha directa se podrá ofrecer una alternativa de vida.
El concepto de «el Estado somos todos» en las fuerzas de seguridad el Estado no es solo una abstracción participativa: es la patronal. Si los salarios no cubren la canasta básica -dejando a los efectivos por debajo de la línea de pobreza-, el propio Estado está generando las condiciones de estrés crónico sobre su personal.





