La muerte de Uriel Ríos, ocurrida tras una fiesta por el Día del Estudiante en Médano de Oro, volvió a poner bajo revisión la organización de fiestas privadas entre adolescentes en San Juan. El caso expuso la circulación de convocatorias sin controles visibles de seguridad y con mecanismos de acceso que combinan redes sociales, listas de invitados y ubicaciones reservadas hasta último momento. En ese marco, comenzaron a difundirse mensajes de prevención en publicaciones posteriores al hecho.
La promoción de estos encuentros se concentra en Instagram, donde los perfiles vinculados publican flyers con información básica y luego replican historias de quienes ya compraron o reservaron su lugar. También aparecen grupos de asistentes que anticipan con quiénes irán, una práctica que ayuda a sostener la convocatoria hasta la fecha prevista. Según el material difundido, la organización busca confirmar asistencia antes del evento para estimar la concurrencia.
La venta anticipada de entradas es otro rasgo repetido. Los valores varían según el evento y, en algunos casos, según el género de quien asiste: hay convocatorias en las que las chicas ingresan gratis hasta cierto horario, mientras que otras publican entradas anticipadas de alrededor de $1.000 y, para varones, montos cercanos a $3.000 por persona, con promociones para grupos de dos o tres. Esa modalidad no solo permite recaudar antes del evento, sino también calcular cuánta gente asistirá a espacios que, en varios casos, se montan en fondos de viviendas con capacidad limitada.
Ubicaciones reservadas En los flyers suele aparecer una referencia general a una zona o un departamento, pero no la dirección exacta. En otros casos, la convocatoria habla directamente de “ubicación secreta” y el dato del lugar se entrega después, por canales privados, solo a quienes ya reservaron su entrada. Esa reserva dificulta conocer desde afuera en qué condiciones se realizará cada encuentro, incluyendo permisos, habilitaciones y medidas de seguridad.
Advertencias posteriores La discusión volvió a instalarse esta semana tras declaraciones del presidente de la Cámara de Salones de Eventos, Ernesto Cortínez, quien sostuvo que este tipo de encuentros puede realizarse sin control sobre instalaciones eléctricas, capacidad máxima, condiciones sanitarias y seguridad. Cortínez señaló además que los salones habilitados tienen requisitos específicos y que no permiten eventos con consumo de alcohol por parte de menores de edad. También afirmó que algunos grupos de adolescentes organizan sus encuentros por WhatsApp y cambian de ubicación para evitar controles.
Después de la muerte de Uriel Ríos comenzaron a circular nuevas advertencias en publicaciones de próximas fiestas. En algunos perfiles aparecieron reglas sobre vestimenta, prohibición de ingresar con ropa deportiva, gorras, pasamontañas y objetos filosos o considerados peligrosos, además de “cero tolerancia” ante peleas, con expulsión inmediata para quien participe de una. También se difundieron recomendaciones para ir y volver acompañados, llevar el celular cargado, compartir la ubicación con una persona de confianza y avisar o retirarse ante cualquier situación que genere preocupación. Los videos publicados por asistentes muestran, en varios casos, concentración de personas en espacios reducidos, música RKT y bengalas encendidas dentro de fondos de casas particulares, una combinación que incrementa la necesidad de controles y seguimiento en futuras convocatorias.




