El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, y su antecesor y actual diputado nacional, Juan Schiaretti, se reunieron a solas el pasado 20 de agosto en un intento por ordenar la convivencia interna del peronismo provincial. El encuentro fue confirmado la semana pasada por La Voz del Interior y volvió a poner en primer plano diferencias que vienen acumulándose dentro del cordobesismo. La conversación abarcó la relación con la Justicia, el vínculo con el Gobierno nacional y el reacomodamiento de las principales referencias del espacio.
La tensión entre las dos generaciones del oficialismo cordobés se arrastra desde hace meses y tiene impacto en la administración provincial y en la proyección electoral hacia 2027. Según el texto original, la convivencia en el mandato de Llaryora atravesó “bemoles”, en un contexto de incomodidad entre sectores alineados con el gobernador y con Schiaretti. Ese cuadro explica que la reunión se haya realizado sin otras presencias y con la intención de revisar los puntos de fricción que se fueron acumulando.
Vínculo con la Nación
Uno de los temas centrales fue quién cumple el papel de negociador e interlocutor con el gobierno de Javier Milei. En la mesa chica de Llaryora no cayó bien que el gobernador acuerde algunas votaciones con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y que luego algunos legisladores activen en el Congreso la cláusula de “librepensadores”, una estrategia que después es utilizada por opositores como Gabriel Bornoroni y Luis Juez. El planteo refleja la disputa por la conducción política del espacio y por la forma de ordenar las posiciones parlamentarias.
En ese esquema también pesa el sector que responde a Schiaretti, donde tienen influencia la senadora Alejandra Vigo y el diputado Carlos Gutiérrez. Del lado schiarettista, la sintonía con el llaryorismo entra en fricción por la relación con el PJ Nacional. El texto señala que, después del encuentro entre ambos dirigentes, estuvieron en Córdoba Oscar Parrilli y Carlos Zannini, y días más tarde llegó Juan Grabois, sin que ninguno de ellos hablara de un candidato K para 2027 ni cuestionara con dureza al actual gobernador. Esa diferencia de trato también incide en la estrategia de un eventual armado de peronismo de centro.
Justicia y Senado
Otro foco de incomodidad es la Justicia. En el Tribunal Superior de Justicia hay integrantes con vínculo directo con Schiaretti que son críticos de Llaryora, y también existen referencias con ese mismo lazo dentro de los fiscales provinciales. A eso se suma el reclamo salarial que durante los últimos meses atravesó la paritaria en Tribunales y que, según el texto, se destrabó el pasado martes. El oficialismo provincial sigue de cerca ese frente porque condiciona la relación con un poder del Estado con capacidad de incidencia institucional.
La relación entre Vigo y el gobierno provincial también quedó expuesta en la discusión por la salida del legislador Flores, cuyo entorno está envuelto en una causa de abuso de menores. Un dirigente llaryorista citado en el original sostuvo: “Si tanto querían sacarlo a ‘Cañito' se arreglaba con un llamado por teléfono. Un llamado directo a un par de bancas en la Legislatura y se terminaba el quilombo. No había necesidad de exponer”. El episodio mostró, además, que la interna no se limita al plano discursivo sino que también impacta en decisiones legislativas y en la administración de daños políticos.
PJ Capital
El otro vector de la convivencia incómoda es el peronismo de la Capital cordobesa. En los últimos días hubo renovación de autoridades del PJ capitalino y Vigo participó únicamente del acto compartido con Llaryora y el intendente Daniel Passerini, pero no de los encuentros en algunos barrios. Esa ausencia fue leída por dirigentes del espacio como una señal sobre dos cuestiones: la continuidad de la senadora en Buenos Aires y el nombre que Llaryora pueda impulsar para la sucesión de Passerini en la ciudad. El cierre de ese proceso será un dato a seguir en las próximas definiciones del peronismo cordobés.




