Por Raúl Tapia
Salir a trabajar y no saber si el próximo pasajero será realmente un cliente o alguien que preparó una emboscada.
Esa es una de las caras más preocupantes de la inseguridad que atraviesan taxistas, remiseros y conductores de aplicaciones en San Juan.
Gustavo Gómez, secretario general del Sindicato de Peones de Taxi de San Juan, fue contundente al describir a Telesol Diario la situación: “En este momento todos los lugares son peligrosos”.
La frase resume un escenario en el que los choferes ya no hablan de una única zona roja.
Por el contrario, enumeran sectores de Rawson, Pocito, Chimbas, Rivadavia, Capital y Santa Lucía donde entrar durante la noche implica aumentar los niveles de alerta.

“En este momento salir es complicado”
Gómez trazó durante la entrevista un verdadero mapa de los lugares donde los conductores deben manejarse con mayor precaución.
En Rawson mencionó sectores de Valle Grande, los alrededores del Cementerio de Rawson, la Feria de Rawson, Vidart y Doctor Ortega y la zona de Pocito, entre otros puntos.
“Desde el cementerio para atrás es complicado”, describió.
También señaló sectores de La Bebida y Marquesado, en Rivadavia, especialmente hacia los extremos y zonas alejadas.
En Chimbas, el dirigente apuntó al sector ubicado detrás del Penal de Chimbas, la Costanera, el Parque Industrial, calle Tucumán y la Villa El Piojo, como algunos de los puntos que generan mayor preocupación.
Y allí aportó uno de los datos más fuertes de su relato: según explicó, existen situaciones en las que los delincuentes hacen transitar al conductor hasta sectores próximos a rutas o lugares descampados para luego cometer el asalto y escapar por zonas donde resulta difícil seguirlos.
“Los toman a los taxis o a las aplicaciones y los asaltan al costado de la ruta. Y de ahí entran por los descampados y no podés llegar a donde están ellos”, relató.
El pasajero que cambia de destino y enciende todas las alarmas
Para los choferes, hay determinadas señales que pueden transformar un viaje aparentemente normal en uno de riesgo.
Una de ellas es el cambio repentino de destino. Gómez explicó que los trabajadores con experiencia desarrollan una especie de instinto para detectar cuándo algo no está bien.
“Tenemos un sexto sentido, ya te das cuenta cuando ves que te quieren asaltar”, aseguró.

El comportamiento de los pasajeros también puede resultar determinante.
El dirigente explicó que cuando suben dos o tres personas y alguno busca ubicarse estratégicamente detrás del conductor, el chofer comienza a sospechar.
“Cuando se sientan atrás tuyo, o en el medio, vos te das cuenta”, señaló.
Pero existe otra modalidad que, según su relato, también comenzó a generar preocupación: la utilización de parejas —un hombre y una mujer— para concretar los asaltos.
“Ahora mucho se usa la pareja, la mujer y el hombre”, afirmó.
La trampa puede estar en una aplicación
La tecnología que permitió multiplicar las opciones de transporte también modificó el escenario de riesgo.
Gómez recordó que años atrás los taxistas contaban con mecanismos de comunicación que permitían pedir auxilio de manera rápida y discreta.
Según explicó, existía una clave y un sistema mediante el cual, ante un viaje sospechoso, el trabajador podía alertar a sus compañeros o solicitar asistencia.
“Antes tenías una radio y tenías una clave y te podías comunicar”, recordó.
El problema, según planteó, es que ese esquema quedó desplazado por el uso masivo de los teléfonos y las aplicaciones.
Y lanzó una de las frases más inquietantes de la entrevista: “A veces la aplicación te manda a un domicilio, llegás ahí y te están esperando. Es para asaltarte.”
La afirmación grafica uno de los principales temores de los conductores de plataformas: que detrás de una solicitud aparentemente normal exista una maniobra preparada para llevarlos hasta un determinado lugar y allí emboscarlos entre varios delincuentes.
El mapa del miedo se extiende
La lista mencionada por los trabajadores incluye sectores de Rawson, Pocito, Chimbas, Rivadavia, Capital y Santa Lucía.
En Rawson aparecen el barrio Valle Grande, los sectores detrás y frente al Cementerio departamental, la Feria de Rawson, Vidart y Doctor Ortega, en el límite con Pocito, en el barrio La Estación, el barrio Franklin Rawson, barrio Ansilta, barrio La Quebrada, barrio Caracoles y barrio Los Médanos.
En Pocito fueron mencionados la Villa Paolini, el barrio Teresa de Calcuta, barrio Huarpe y barrio San Martín.
En Chimbas, además de la zona detrás del Penal y la Costanera, aparecen el barrio Los Cardos, barrio Arenales, barrio La Amistad, el Parque Industrial, calle Tucumán y la Villa El Piojo.
En Rivadavia, el foco está puesto en La Bebida y distintos sectores de Marquesado; barrio Nuevo Cuyo, Barrio Penitentes y barrio Lagunas.
En Capital, los trabajadores y desde la Policía señalaron sectores como el barrio General Acha, barrio Dorrego, Villa Candelaria, los barrios Costa Canal I y II, calle Catamarca, barrio Cabot, lotes hogares, Mendoza y Benavides, además de calle Pueyrredón (detrás de la Terminal), calles 9 de Julio y Brasil.
Santa Lucía tampoco queda fuera del mapa: fueron mencionados la Colonia San Lorenzo, el barrio Noreste 3, el asentamiento Pedro Echagüe, y los barrios Rural I y Rural II. También el cruce de calles San Lorenzo y Colón.
La advertencia, sin embargo, es que este listado no constituye un mapa oficial de peligrosidad.
Son sectores señalados por los propios trabajadores a partir de sus experiencias y de las situaciones que enfrentan durante los recorridos.
De noche, el riesgo aumenta
Hay un elemento que atraviesa prácticamente todo el relato: la noche. Así al menos coinciden los trabajadores de aplicaciones de como Uber y Didi y desde la Policía.
“En este momento todas las zonas son conflictivas”, insistió Gómez. Y luego fue todavía más directo: “En este momento salir es complicado.”
Cuando se trata de viajes nocturnos hacia sectores alejados, poco iluminados, descampados o próximos a rutas, los choferes aseguran que deben extremar las precauciones.
También aparecen como señales de alerta los pasajeros que solicitan cambios de domicilio durante el recorrido, los viajes hacia zonas aisladas y aquellos servicios en los que dos o tres personas abordan el vehículo y generan comportamientos sospechosos.
Una profesión donde el próximo pasajero puede ser el peligro
La inseguridad no discrimina entre un taxi tradicional y un vehículo solicitado mediante una aplicación.
El riesgo, según los testimonios, aparece en el momento en que el conductor acepta un viaje y pone en marcha el vehículo.
El problema es que, a diferencia de otros trabajadores, estos conductores desarrollan su jornada laboral trasladando desconocidos y entrando constantemente a barrios y sectores que no necesariamente conocen.
Por eso, aquella frase de Gómez vuelve a cobrar fuerza: “En este momento todos los lugares son peligrosos.”
No se trata solamente de manejar de noche. Tampoco de ingresar a un barrio determinado.
Para quienes viven de transportar pasajeros, el temor comienza incluso antes de arrancar: ¿quién pidió el viaje, hacia dónde quiere ir y qué va a ocurrir cuando el vehículo llegue al destino?
En tiempos de taxis, remises, Uber y DiDi, la inseguridad también viaja arriba del auto.




