La Policía de San Juan atraviesa una reestructuración en sectores centrales de su conducción. A poco más de una semana de la tragedia aérea de Ischigualasto, que dejó siete muertos y provocó la pérdida de cuatro funcionarios vinculados a Seguridad, comenzaron a activarse los primeros reemplazos internos.
Por el momento, las designaciones son interinas. La conformación definitiva del esquema todavía está en evaluación y deberá quedar formalizada a través de un decreto firmado por el gobernador Marcelo Orrego. Esa definición resulta clave no solo para ordenar la cadena de mando, sino también para evitar nuevos vacíos en áreas sensibles de la estructura policial.
El accidente ocurrido el pasado 29 de julio dejó vacantes cargos estratégicos. Entre las víctimas se encontraban el subjefe de la Policía de San Juan, Marcelo Videla; el jefe del Departamento Bomberos D-9, Rubén Castro; el segundo jefe de esa división, Jorge Carbajal; y el director de Protección Civil, Carlos Heredia. También murieron el piloto de la aeronave, Matías Valenzuela, y los brigadistas nacionales Andrés Bosch y Rodrigo Aimetta.
Uno de los primeros movimientos se produjo en Bomberos D-9, donde el comisario mayor Marcelo Ligorria, hasta ahora al frente de la Dirección D-8, fue designado de manera interina. En paralelo, el Cisem 911 quedó bajo la conducción provisoria del comisario mayor Maximiliano Calderón, quien ya había ocupado ese puesto y cuenta con experiencia en operativos de gran magnitud, como la Fiesta Nacional del Sol, el Ironman y la Vuelta a San Juan.
En Protección Civil, la conducción interina quedó en manos del comisario general retirado Diego Morales, quien fue subjefe de la Policía de San Juan hasta abril de 2025 y luego continuó vinculado al Gobierno como asesor de la Secretaría de Seguridad. En todos los casos, la continuidad de esas funciones depende de que el Poder Ejecutivo incorpore los nombramientos al decreto correspondiente.
La definición más relevante sigue siendo la de la Subjefatura de la Policía de San Juan, que ocupaba Marcelo Videla. La decisión será analizada entre el Poder Ejecutivo provincial, la Secretaría de Seguridad y la Jefatura de Policía. Entre las alternativas aparece el comisario general Pablo Torres, actual titular de la Dirección de Operaciones D-3, aunque no es el único nombre en evaluación.
La eventual designación de un jefe que hoy encabeza otra dirección podría abrir una nueva vacante y generar una segunda ronda de movimientos dentro de la fuerza. Por eso, la resolución de este cargo no solo define la cúpula policial, sino también el alcance del reordenamiento que se viene.
Además, la reestructuración podría venir acompañada por ascensos. Algunos de los efectivos seleccionados para ocupar puestos superiores necesitarían una jerarquía acorde con la función, lo que habilitaría promociones de comisarios mayores a comisarios generales. De concretarse, cada designación podría desencadenar nuevos cambios en distintas direcciones.
Por ahora, el mapa de la conducción policial sigue abierto. Gobierno y Policía terminan de definir los nombres que ocuparán los cargos estratégicos, mientras esperan que el decreto de Orrego termine de formalizar la nueva estructura. Hasta entonces, los reemplazos ya dispuestos seguirán siendo provisionales.




