A los ocho años, Sofía, Trinidad y Roma integran Gatas Vampiras, una banda que nació hace aproximadamente dos años y que fue creciendo junto con su aprendizaje musical. El proyecto reúne ensayos, instrumentos y presentaciones, en un recorrido que combina formación y juego. Según el material original, las tres ya tocaron frente a público y sostienen que disfrutan de hacer música juntas.
El grupo comenzó como un espacio para compartir y aprender, y con el tiempo incorporó nuevos instrumentos. Las integrantes aprendieron a tocar la guitarra y el ukelele, además de animarse al canto en escenarios. Ese proceso permitió que pasaran de una experiencia inicial a una práctica más sostenida, con ensayos y presentaciones como parte de la rutina.
Aprendizaje y escena
Cada presentación aparece para ellas como una instancia de expresión y disfrute. En el texto de origen, las niñas señalan que subirse al escenario les permite sentirse libres y que lo más importante es tocar música en conjunto. Esa dinámica explica por qué la banda se consolidó como una actividad compartida, más allá de la edad de sus integrantes.
El vínculo con la música también está atravesado por sus familias. Una de las integrantes contó que su mamá era fanática del rock, una influencia que la acercó a ese género. En paralelo, cada una empezó a definir preferencias propias dentro del grupo, con sueños vinculados a instrumentos y al canto.
Proyección
Entre esas expectativas, una imagina convertirse en baterista y otra recordó que quería cantar con un micrófono, algo que ya pudo hacer. Aunque todavía están en una etapa inicial, en el material se menciona que quieren seguir tocando, participar de shows, salir de gira y vivir de la música en el futuro. Por ahora, el recorrido de Sofía, Trinidad y Roma sigue atado a los ensayos y a la construcción de una banda que nació de una pasión compartida.




