El Consejo de Seguridad de la ONU realizó la tercera ronda de consultas para definir al próximo secretario general, en un proceso que sigue sin consenso entre Estados Unidos y China. En esa votación, el argentino Rafael Grossi perdió dos respaldos respecto de la segunda ronda y quedó en tercer lugar.
La candidata con mayor apoyo fue la exministra de Exteriores de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, con nueve votos. En segundo puesto se ubicó Rebeca Grynspan, de Costa Rica, mientras que Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quedó detrás en la medición realizada en Estados Unidos.
En la nómina también figuraron la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la exfuncionaria ecuatoriana María Fernanda Espinosa, la diplomática ecuatoriana Ivonne A-Baki, el ugandés Olara Otunnu y el expresidente senegalés Macky Sall. El mecanismo de selección depende de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia—, que tienen derecho a veto y pueden bloquear cualquier candidatura.
Veto y definición El desacuerdo entre Donald Trump y Xi Jinping volvió a reflejar las diferencias entre Washington y Beijing en una votación atravesada por la guerra en Medio Oriente, la discusión sobre la influencia de la inteligencia artificial y el conflicto entre Rusia y Ucrania. Si uno de los miembros permanentes ejerce su veto, el postulante no avanza en el proceso de selección.
Antecedentes de la postulación Grossi tiene más de 40 años de trayectoria diplomática y 65 años. Su candidatura fue formalizada por la Cancillería argentina a fines de diciembre de 2025, a través de Pablo Quirno, y desde entonces el Gobierno argentino impulsa su postulación. De resultar electo, asumiría el 1° de enero de 2027 por un período de cinco años.
Si llegara al cargo, Grossi sería el primer argentino en ocupar la Secretaría General y el segundo latinoamericano después del guatemalteco Javier Pérez de Cuéllar, quien ejerció entre 1982 y 1991. La próxima instancia del proceso dependerá de la capacidad de los miembros permanentes para acercar posiciones y evitar un nuevo bloqueo.




