Por Omar Andrada
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes un acuerdo con Venezuela mediante el cual empresas estadounidenses tendrán control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano. El mandatario calificó la operación como “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial” y aseguró que permitirá incrementar el suministro de crudo a Estados Unidos y reducir los precios de los combustibles.
El anuncio fue realizado por Trump a través de Truth Social y, según informó, fue negociado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, junto con la presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez, y mediante una asociación con empresas privadas. Rubio, por su parte, estimó que el acuerdo podría movilizar cerca de US$100.000 millones en inversiones privadas y generar miles de puestos de trabajo.
Para el analista internacional de geopolítica sanjuanino Fernando Ocampo, se trata de un entendimiento de enorme trascendencia porque modifica sustancialmente la relación entre Washington y Caracas y coloca al petróleo venezolano en el centro de una nueva estrategia energética estadounidense.
“Es un acuerdo histórico. Nunca había pasado una situación así, que un país que está actuando como garante respecto de Venezuela pueda llegar a un acuerdo de estas características”, sostuvo Ocampo al analizar el anuncio.
El especialista explicó que detrás del entendimiento existe una combinación de intereses económicos, energéticos y geopolíticos. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en alrededor de 303.000 millones de barriles, pero durante los últimos años su producción quedó muy por debajo de su potencial debido al deterioro de la infraestructura, la falta de inversiones, las sanciones y los problemas de gestión del sector energético. Actualmente, el país produce alrededor de 1,25 millones de barriles diarios.
El petróleo venezolano no se puede extraer y utilizar de inmediato
Uno de los puntos sobre los que hizo hincapié Ocampo es que la enorme cantidad de reservas involucradas en el acuerdo no significa que Estados Unidos pueda disponer inmediatamente de esos millones de barriles.
“El petróleo venezolano es muy viscoso, muy pesado. No es llegar, sacarlo y llevárselo. Tiene todo un proceso y necesita ser refinado adecuadamente”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que uno de los principales desafíos será recuperar la infraestructura petrolera venezolana, modernizar instalaciones, incorporar tecnología y volver a poner en funcionamiento campos que durante años estuvieron afectados por la falta de mantenimiento y de inversiones.
Precisamente, el acuerdo apunta a que empresas privadas estadounidenses vuelvan a participar activamente en el sector energético venezolano. Según Trump, la operación no tendrá costo para los contribuyentes estadounidenses y permitirá incrementar la producción y el abastecimiento de las refinerías de Estados Unidos.
Ocampo consideró que allí aparece uno de los principales objetivos estratégicos de Washington: garantizar una fuente de petróleo cercana, abundante y de largo plazo, en un escenario internacional atravesado por conflictos y tensiones que afectan el mercado energético.
Un negocio de dimensiones extraordinarias
El analista sanjuanino sostuvo que el volumen de reservas involucrado convierte al acuerdo en una operación de dimensiones extraordinarias.
Trump aseguró que la transacción permitirá “más que duplicar” las reservas petroleras estadounidenses y aumentar significativamente la oferta de crudo disponible para el mercado norteamericano.
“Estados Unidos se mandó un golazo de media cancha con esta situación”, afirmó Ocampo, quien interpretó el acuerdo como una oportunidad para impulsar una reconstrucción económica de Venezuela a partir de inversiones privadas.
De acuerdo con las estimaciones difundidas por la administración Trump, la operación podría generar alrededor de US$100.000 millones de inversión privada. Rubio sostuvo que ese flujo de capital permitiría reconstruir parte de la economía venezolana, generar empleos y recuperar infraestructura.
Para Ocampo, si esas inversiones efectivamente llegan, Venezuela podría iniciar un proceso de transformación profunda.
“Esto te está llevando a una segunda reconstrucción de Venezuela. Es una reconstrucción liderada por Estados Unidos, pero con la posibilidad de que Venezuela vuelva a ser el país que conocíamos en las décadas del 50 y del 60, cuando era uno de los países más ricos de la región”, señaló.
El especialista, sin embargo, remarcó que ese proceso no será inmediato y que requerirá años de inversiones y cambios estructurales.
El interés de Trump por el precio de la nafta
Ocampo también vinculó el acuerdo con la situación interna de Estados Unidos y con la presión que enfrenta la administración Trump por el aumento de los precios de los combustibles.
El presidente estadounidense sostuvo que el acuerdo permitirá incrementar el suministro de petróleo y bajar sustancialmente el precio de la gasolina para los consumidores estadounidenses. La administración también busca recomponer las reservas estratégicas de petróleo, que se encuentran bajo presión por el contexto energético internacional.
“Trump lo está haciendo ahora porque tiene una fuerte presión por el aumento del precio de la nafta”, interpretó Ocampo, quien además relacionó la decisión con la proximidad de las elecciones legislativas de medio término previstas para noviembre.
Según su lectura, el petróleo venezolano puede convertirse en una herramienta económica y política para la Casa Blanca: más oferta de crudo, menor presión sobre los combustibles y, eventualmente, un alivio para los consumidores estadounidenses.
Venezuela, entre la reconstrucción y un giro geopolítico
Para Ocampo, el acuerdo también representa un cambio de orientación para Venezuela.
El país pasó durante años por un proceso de aislamiento internacional, sanciones, caída de la producción petrolera, deterioro de infraestructura y una profunda crisis económica. La llegada de inversiones estadounidenses podría marcar, según el analista, un giro radical.
“Venezuela ahora tiene que abrirse al mundo. Si no lo hace, va a estar muy complicada”, sostuvo.
En su interpretación, la recuperación del sector petrolero podría generar empleos, atraer capitales y mejorar progresivamente las condiciones económicas de la población.
El proceso también podría tener consecuencias migratorias. Ocampo estimó que, si la economía venezolana efectivamente comienza a recuperarse, una parte importante de los millones de venezolanos que emigraron hacia otros países de América Latina podría comenzar a regresar.
“Muchos venezolanos están trabajando en actividades que no son aquellas para las que estudiaron. Si Venezuela vuelve a generar empleo y oportunidades, muchos podrían regresar”, explicó.
El impacto para Argentina
Ocampo también analizó cómo podría repercutir el acuerdo en países como Argentina.
En primer lugar, consideró que una recuperación de la producción venezolana podría tener efectos sobre el mercado internacional del petróleo y, eventualmente, sobre los precios de los combustibles.
Argentina, recordó, también es un país productor de petróleo, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta, pero los precios internos de los combustibles están determinados por múltiples factores, entre ellos los impuestos, los costos de producción, el tipo de cambio y la evolución de los mercados internacionales.
Por eso, el eventual aumento de la oferta venezolana no significaría automáticamente una reducción de los precios en las estaciones de servicio argentinas.
Sin embargo, para el analista, una mayor disponibilidad de petróleo en el mercado internacional podría contribuir a moderar las presiones sobre el precio del crudo.
“Esto puede hacer variar los precios y eventualmente bajar los precios del combustible”, sostuvo.
El petróleo como herramienta de poder
Más allá del aspecto económico, Ocampo planteó que el acuerdo debe ser leído dentro de una disputa geopolítica mucho más amplia.
“El mundo está turbulento. Los climas, las temperaturas y la geopolítica están turbulentos”, resumió.
En su análisis, Estados Unidos necesita asegurar fuentes de energía y reservas estratégicas en un escenario marcado por conflictos internacionales, particularmente en Medio Oriente y Europa.
El petróleo, por lo tanto, vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia de las grandes potencias.
“Es como el oro negro que está ocupando todo el mundo ahora”, señaló Ocampo, al remarcar que las guerras y las tensiones internacionales incrementan la importancia estratégica de garantizar el suministro energético.
Una transformación que podría llevar una década
El especialista sanjuanino advirtió que el impacto del acuerdo no debe medirse solamente por lo anunciado en las próximas semanas o meses.
“Esto no se va a ver en el corto plazo. Es una situación que va paulatinamente, paso a paso”, explicó.
Según su proyección, si las inversiones se concretan, Venezuela podría atravesar durante los próximos diez años una transformación económica profunda, basada fundamentalmente en la recuperación de su industria petrolera.
Ocampo consideró que el país tiene reservas suficientes para sostener una producción durante muchas décadas, aunque advirtió que será necesario recuperar infraestructura, atraer inversiones, incorporar tecnología y modificar las condiciones políticas y económicas que durante años limitaron el desarrollo del sector.
“De acá a diez años, Venezuela va a cambiar”, sostuvo.
Para el analista, el verdadero alcance del acuerdo no está solamente en los 65.000 millones de barriles sobre los que Estados Unidos busca obtener control mayoritario, sino en lo que puede desencadenar alrededor de ellos: inversiones, infraestructura, producción, empleo, ingresos fiscales y un nuevo posicionamiento de Venezuela dentro del mapa energético mundial.
El acuerdo, en definitiva, coloca nuevamente al petróleo venezolano en el centro de la política internacional y consolida una nueva etapa en la relación entre Caracas y Washington, con consecuencias que podrían extenderse mucho más allá del mercado energético.




