El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) concluyó que la condición socioeconómica del hogar determina de manera fuerte las posibilidades de los jóvenes de entre 18 y 25 años de terminar sus estudios y conseguir un empleo registrado. El estudio, titulado “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, se elaboró con datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA) para el período 2021-2025. Según el reporte, las desigualdades acumuladas desde el hogar de origen también alcanzan el bienestar psicológico, los vínculos sociales y las experiencias de violencia de género.
El trabajo fue firmado por los investigadores Agustín Salvia, Eduardo Donza, Miranda Correa y Fernanda Acuña. Allí se plantea que la exclusión juvenil no se limita al binomio estudio-trabajo, sino que involucra trayectorias educativas, laborales, familiares y psicosociales que se superponen. El informe incorpora el concepto de herencia social, entendido como el efecto que tiene la posición socioeconómica del hogar sobre las oportunidades de vida de los hijos. En esa línea, sostiene que estudiar, acceder a un empleo de calidad y formar una familia aparecen como oportunidades desiguales según el estrato social.
Brecha educativa
En el universo relevado, el 39,6% de los jóvenes no completó la educación secundaria obligatoria, el 28% tiene el secundario completo como máximo nivel educativo y el 32,4% asiste o completó estudios de nivel superior. La distancia entre estratos es marcada: mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o finalizó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria. El informe advierte que estas diferencias educativas se traducen luego en inserciones laborales más precarias y en mayores dificultades para sostener la continuidad educativa.
Inserción laboral
El ODSA-UCA informó que apenas el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo pleno de derechos. En paralelo, el 22,5% combina empleo irregular y desempleo reciente, mientras que otro 10,7% permanece desempleado por más de seis meses. La desigualdad se profundiza al observar el estrato social: el empleo regular alcanza al 38,9% de los jóvenes del estrato medio alto, pero solo al 19,7% en el muy bajo. En sentido inverso, el empleo irregular o el desempleo representan el 11,6% en el medio alto y el 30,6% en el muy bajo.
El informe también señala que uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, pero esa proporción asciende al 34,2% en el estrato muy bajo y cae al 8,3% en el medio alto. A la vez, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar baja del 41,2% al 15,6% entre esos extremos sociales. Los autores remarcan que la inactividad requiere una lectura específica, porque puede reflejar dedicación al estudio o desvinculación educativa y laboral, con diferencias sociales muy marcadas. En ese marco, el problema juvenil no queda reducido al acceso a un trabajo, sino a la posibilidad de lograr una inserción estable y protegida.
Bienestar y vínculos
El estudio de la UCA agrega que el 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico, aunque la incidencia sube del 15,5% en el estrato medio alto al 28,5% en el muy bajo. También se amplían las brechas en las redes de apoyo: declara no tener amigos el 15,7% de los jóvenes del estrato muy bajo, frente al 1,7% del medio alto. Entre las mujeres jóvenes, las experiencias declaradas de violencia de género llegan al 19,4% en el estrato muy bajo, más de tres veces el 6,2% registrado en el medio alto. El informe concluye que la exclusión juvenil debe abordarse de manera integral, con políticas educativas, laborales, psicosociales y de prevención de violencias.
El documento de la UCA se presenta como un diagnóstico sobre trayectorias que se configuran antes de la búsqueda de empleo, en la etapa de crianza y socialización, sobre bases familiares y sociales desiguales. En paralelo, la Universidad de Buenos Aires (UBA) difundió recientemente un relevamiento que ubicó al 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años en situación de vulnerabilidad socioeconómica en Argentina. Según ese trabajo, el 60,5% de los jóvenes vulnerables tiene secundario incompleto o menor nivel de instrucción, y solo una cuarta parte continúa estudiando. El dato central que deja el informe de la UCA es que la desigualdad en el acceso al empleo formal y a la educación superior se mantiene como una variable estructural para la transición a la vida adulta.




