El ex viceministro de Economía Gabriel Rubinstein cuestionó las metas fiscales proyectadas en el Presupuesto 2027 y sostuvo que la Argentina “tendría que tener cada vez más superávit, no cada vez menos”. La definición apuntó al sendero fiscal incluido en la llamada “ley de leyes” enviada por el Poder Ejecutivo al Congreso. Según su lectura, el esquema supone una reducción del resultado primario en un contexto de actividad todavía débil y con dificultades para aumentar la recaudación.
Rubinstein, que fue el segundo de Sergio Massa en el Palacio de Hacienda durante el gobierno de Alberto Fernández, habló con la Agencia Noticias Argentinas sobre el proyecto oficial. En una primera evaluación, consideró que el texto es “más realista” que el vigente para este año en materia de inflación, crecimiento y tipo de cambio. Sin embargo, aclaró que esas proyecciones sólo podrían cumplirse en “un escenario favorable sin turbulencia cambiaria”.
El economista advirtió que, si hubiera tensión en el mercado cambiario, las estimaciones del presupuesto podrían modificarse. También señaló que el proyecto exhibe “cierto optimismo recaudatorio”, vinculado a una mejora de la actividad económica y a una eventual reversión de la informalidad. Esa lectura se apoyó en supuestos sobre ingresos tributarios y nivel de actividad que, según planteó, todavía no están consolidados.
Recortes y meta fiscal Entre los puntos que marcó como negativos, mencionó el recorte de gastos destinados a Discapacidad y a la Ley de Financiamiento Universitario. Además, puso el foco en la meta fiscal primaria, al advertir que el Presupuesto prevé una baja del superávit desde 1,6% a 1,3% del PBI (Producto Bruto Interno). Para Rubinstein, esa trayectoria va en sentido inverso al que debería seguir la economía si se busca sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
Restricciones sobre los ingresos El ex funcionario explicó que el margen para mejorar la recaudación aparece limitado por varios factores. Mencionó la baja de algunos impuestos, la persistencia de la informalidad, una actividad económica “lánguida” y, en particular, la debilidad de los sectores que generan más empleo. En ese marco, sostuvo que también resulta difícil seguir reduciendo el gasto sin afectar áreas sensibles del presupuesto.
Al cierre, Rubinstein planteó que habrá que comprobar si efectivamente se alcanza el 1,3% de superávit primario previsto para 2027. Su advertencia quedó atada a la evolución de la actividad, de la recaudación y del frente cambiario, variables que el propio economista identificó como decisivas para la ejecución del programa fiscal.




