El consumo de carne vacuna en Argentina cayó de cerca de 60 kilos por habitante al año en 2016 a unos 44 kilos en la actualidad, de acuerdo con las estadísticas citadas en la información original. La reducción equivale a alrededor de 6 kilos por año y refleja un cambio en los hábitos de compra asociado al factor económico. En San Juan, el fenómeno fue descripto por comerciantes y especialistas como una modificación visible en la demanda de carnicería. La consecuencia inmediata es un corrimiento hacia cortes más económicos y otras proteínas.
Precios y sustitución El empresario cárnico sanjuanino Sebastián Parra dijo a TELESOL que el consumo cae de forma “abrupta” y que el nivel actual es de “44kg reales por persona”. También sostuvo que años atrás el registro rondaba los 65kg, aunque esa cifra no fue respaldada con otra fuente en la nota. Parra atribuyó la baja a la pérdida del poder adquisitivo y a que “la gente no avala con las compras el precio de la carne”. Según explicó, hay más venta de cortes de menor valor, como carne molida y cortes con hueso que habían dejado de consumirse.
Rango de valores En el relevamiento difundido, las “blandas especiales” se ubicaron entre $15.000 y $25.000, mientras que los asados se mencionaron entre $14.000 y $25.000. La Punta de Espalda fue señalada como el corte más caro dentro de esa escala. En paralelo, Duilio Grafigna, comerciante de una carnicería de barrio, afirmó a TELESOL que en su zona el consumo se mantiene estable, aunque reconoció que el contexto obliga a sostener la actividad con dificultad. Indicó además que la carne común se vende a $8.000, la punta de espalda puede llegar a $26.000 y una paleta cuesta $16.000.
Mirada económica El economista sanjuanino Pablo Padín analizó el cuadro en diálogo con TELESOL y vinculó la retracción del consumo con una economía que, según dijo, muestra indicadores agregados distintos a los que aparecen en la calle. Mencionó un promedio de inflación del 2% con un acumulado del 33% y señaló que el PBI creció 2,3% en el primer trimestre. A partir de ese contraste, planteó que en la microeconomía, el pequeño empresario y el consumo cotidiano se percibe otra realidad. También dijo que creció el consumo de cerdo y que otras proteínas se volvieron competitivas para reemplazar parte de la carne vacuna.
Cambio de hábito En el relevamiento callejero, sanjuaninos consultados señalaron que la carne vacuna fue reemplazada por pollo, cerdo o cortes más baratos. También indicaron que el asado tradicional pasó a ser un consumo esporádico y que, en algunos hogares, se realiza una vez por mes. El dato central que deja la nota es que la caída del consumo no aparece como un fenómeno aislado, sino como parte de una reconfiguración del gasto alimentario condicionada por los precios y el ingreso disponible. La variable a seguir es si la evolución de salarios y precios permite recomponer la demanda o consolida el corrimiento hacia proteínas más económicas.




