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Salud y ciencia

Una investigación vincula la fructosa con la diseminación de células de cáncer de ovario

Un trabajo del Instituto Wistar identificó que células de cáncer de ovario que resistieron la quimioterapia liberan fructosa y favorecen la propagación tumoral. El hallazgo, publicado en Nature Aging, abre interrogantes sobre la relación entre nutrición y progresión de la enfermedad.

Una investigación vincula la fructosa con la diseminación de células de cáncer de ovario

Un estudio reciente del Instituto Wistar encontró una relación inesperada entre la fructosa, un azúcar de consumo habitual, y la expansión de un tipo agresivo de cáncer de ovario. La investigación, difundida en Nature Aging, indicó que las células tumorales que sobreviven a la quimioterapia pueden enviar señales a otras células cercanas y aumentar así su capacidad de diseminación.

Según el trabajo, la fructosa actúa como una de las moléculas de señalización liberadas por esas células resistentes al tratamiento. Aidan Cole, investigador postdoctoral en el laboratorio de Katherine Aird en el Instituto Wistar, sostuvo: "Algunas células cancerosas que sobreviven a la quimioterapia ya no se dividen, pero siguen siendo biológicamente activas". Y añadió: "En lugar de eso, continúan liberando moléculas que envían señales a células cercanas. Nuestro estudio es uno de los primeros en mostrar que un nutriente, en este caso la fructosa, puede actuar como una de esas señales".

El cáncer de ovario suele responder inicialmente a la quimioterapia basada en platino, pero en la mayoría de los casos reaparece y se extiende por la cavidad abdominal. Ese proceso, la metástasis, explica cerca del 90% de las muertes asociadas a esta enfermedad. Para evaluar el fenómeno, los investigadores separaron las células sobrevivientes de las sustancias que liberaban y comprobaron que esas moléculas, por sí solas, bastaban para aumentar la capacidad de diseminación de otras células cancerosas.

El análisis posterior mostró que las células resistentes producían fructosa y la usaban como señal para estimular a las células vecinas. El equipo también observó que cantidades altas de fructosa en la dieta, comparables a las presentes en bebidas azucaradas, podrían favorecer la diseminación del cáncer incluso sin quimioterapia previa. En Estados Unidos, el jarabe de maíz de alta fructosa representa en algunas personas entre el 8-20% de la ingesta calórica diaria.

Los investigadores estudiaron además el mecanismo por el cual este azúcar facilita el escape de las células tumorales. Mediante distintas herramientas analíticas, incluido un cribado CRISPR, hallaron que la fructosa reduce la producción de colesterol en células vecinas. Ese colesterol actúa como una especie de pegamento biológico; cuando disminuye, las uniones entre células se debilitan y la separación se vuelve más sencilla.

El hallazgo también abre preguntas sobre el uso de estatinas, fármacos que reducen la producción de colesterol y que utilizan 39 millones de personas en Estados Unidos. En el estudio, estas drogas por sí solas debilitaron la cohesión entre células cancerosas y facilitaron su escape. Katherine Aird señaló: "Aún no hemos probado este efecto en pacientes, pero plantea preguntas sobre la combinación de medicamentos para reducir el colesterol con quimioterapia, especialmente porque el cáncer de ovario es más común en mujeres posmenopáusicas que a menudo ya están tomando estatinas".

Los autores también analizan si esta vía vinculada a la fructosa podría intervenir en otros tumores que se diseminan dentro del torso, como los de páncreas, colon e hígado. Por ahora, el equipo prevé nuevos estudios para comprobar si los resultados pueden reproducirse en otros tipos de cáncer.

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