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Comercio exterior

Estados Unidos activó un arancel del 10% que alcanza a exportaciones argentinas

El nuevo esquema comercial dispuesto por Washington puede trasladarse al importador, al precio final o al exportador local, según cada sector. La medida también abre interrogantes sobre su impacto en el intercambio bilateral y en rubros sensibles de la economía argentina.

Estados Unidos activó un arancel del 10% que alcanza a exportaciones argentinas

Los exportadores argentinos deberán afrontar un recargo del 10% para vender en Estados Unidos desde este viernes 24 de julio. Ese costo puede ser absorbido por el importador, trasladarse al valor final del producto o descontarse del ingreso que recibe cada empresa local, según la capacidad de cada sector para trasladar el gravamen y la existencia de proveedores alternativos en el mercado estadounidense.

La decisión integra una ronda más amplia activada por el gobierno de Donald Trump: desde las 00.01 de Washington -las 4.01 hora local- rigen recargos de entre el 10% y el 12,5% para productos de 60 países, entre ellos la Argentina, China, India y los socios de la Unión Europea. La medida reemplaza al arancel global transitorio del 10% que la Casa Blanca mantuvo durante 150 días, aunque los cargamentos ya en tránsito quedaron exceptuados si llegan a destino antes del 28 de julio.

La administración estadounidense justificó los gravámenes en la falta de controles efectivos contra el comercio de bienes fabricados con trabajo forzoso. Bajo ese criterio, la Argentina quedó en el grupo de la tasa del 10% junto al Reino Unido, Canadá, India, México, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras, mientras que China, Japón y Corea del Sur pasaron al tramo más alto, del 12,5%.

El impacto sobre el comercio exterior argentino no es menor. En 2025, Estados Unidos compró bienes argentinos por alrededor de USD 8.300 millones y el intercambio bilateral total llegó a USD 18.200 millones. Sin embargo, ese flujo no queda alcanzado por completo, ya que el esquema incorpora una amplia lista de excepciones que no abarca a todos los productos de cada país.

Quedaron fuera del recargo el petróleo, el gas, los fertilizantes, ciertos alimentos, los minerales críticos, las aeronaves y las piezas aeronáuticas. Tampoco se aplicará sobre bienes que ya pagan gravámenes especiales por seguridad nacional, como automóviles, acero, aluminio y cobre. La exclusión favorece especialmente a la Argentina, donde las exportaciones energéticas y mineras crecieron con fuerza en los últimos años y los complejos petrolero-petroquímico, de oro y de plata figuran entre los diez principales generadores de divisas.

Aun así, el alcance definitivo sigue abierto. Resta definir qué posiciones arancelarias argentinas están entre los 471 productos exceptuados y cuáles deberán afrontar la tasa completa. El mayor riesgo se concentra en manufacturas industriales, alimentos procesados y productos regionales sin exclusión expresa, un universo en el que el arancel puede reducir rentabilidad, forzar renegociaciones de contratos o desviar operaciones hacia otros mercados.

El nuevo esquema también introduce una señal contradictoria respecto del acuerdo comercial que la Argentina firmó con Estados Unidos en febrero de 2026, cuando la Cancillería anunció la eliminación de aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos, por exportaciones cercanas a los u$s 1.013 millones. El gravamen actual tiene otro sustento legal y se apoya en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, vinculada a la investigación sobre trabajo forzoso, por lo que podría alcanzar bienes ya beneficiados por ese entendimiento, salvo excepción expresa.

La documentación oficial estadounidense, de todos modos, incluye ese acuerdo entre sus vigentes, por lo que el alcance real dependerá de cómo se superpongan ambos esquemas. En paralelo, la suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense tras el anuncio alimentó la preocupación por una eventual presión adicional sobre los precios internos de ese país, con posibles efectos sobre la política monetaria de la Reserva Federal, el dólar y el financiamiento para los emergentes.

La nueva estructura cubre el 99,4% de las importaciones estadounidenses, aunque las excepciones atenúan su impacto global. Para la Argentina, quedar en el tramo del 10% implica una señal negativa, pero no uniforme: algunos sectores quedan resguardados por las exenciones, mientras otros deberán absorber un costo mayor para sostener su posición en el mercado estadounidense.

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