Rubén Quiroga y una venta ambulante que se convirtió en su propio desafío
Ex canillita, perdió su trabajo con el cierre de los diarios en papel y encontró en la venta de banderas una alternativa para sumar ingresos. En Villa Krause, sostiene su apuesta con reinversión diaria y la expectativa de vender todo en la previa de la final.
Mientras buena parte de los argentinos sigue la final, Rubén Quiroga enfrenta una disputa distinta. Desde hace más de 40 jornadas, se instala cada mañana en la esquina de Doctor Ortega y España, en Villa Krause, con sus banderas celestes y blancas como principal oferta.
Durante años trabajó como canillita y conoció la rutina de madrugar para repartir diarios. Sin embargo, el cierre de los diarios en papel lo dejó sin esa actividad y, con una pensión que no le alcanza, buscó una salida para llevar otro ingreso a su casa. "Había que salir a buscar un ingreso más para llenar la olla. Los pocos pesos que tenía los invertí en la compra de banderas. No sabía cómo me iba a ir, pero confié en eso y en la Selección", relató.
Comenzó con unas veinte banderas y una de ellas sobre sus hombros. En el primer partido de Argentina vendió todo y, con esa recaudación, compró cornetas. Después sumó más banderas y otros artículos, siempre reinvirtiendo lo que obtenía. Hace diez días apareció otro vendedor en la misma esquina, con un puesto más grande y mercadería variada, pero Quiroga decidió mantenerse en su propuesta. "No peleé. Me dediqué a ofrecer lo mío. Costó más, pero no bajé los brazos", señaló.
Este domingo llegó temprano junto a su esposa y con más mercadería. Contó que guardó el dinero del aguinaldo y lo invirtió después de que Argentina pasó a la final. "El viernes me la gasté toda. Compré más banderas, algunas camisetas y pinturitas. Ojalá pueda vender todo", expresó. Para él, cada venta resume una historia de reinvención, esfuerzo y persistencia en medio de la espera por una nueva consagración de la Selección.