Estados Unidos refuerza el operativo para las semifinales del Mundial con miles de agentes y tecnología antidrones
El dispositivo de seguridad para la recta final del Mundial 2026 incluye más de 1.600 efectivos por sede, coordinación entre cientos de agencias y una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares. El plan abarca estadios, hoteles, traslados y fan fests, con controles específicos para reducir riesgos dentro y fuera de las canchas.
Con las semifinales del Mundial 2026 en desarrollo y la final cada vez más cerca, Estados Unidos reforzó el esquema de seguridad en las sedes de los partidos decisivos. El operativo involucra fuerzas locales, estatales y federales, además de herramientas tecnológicas orientadas a prevenir incidentes y responder con rapidez ante cualquier eventualidad.
El especialista en seguridad internacional Andrei Serbin Pont explicó que cada sede cuenta con un plan específico y que en ciudades como Kansas se asignaron al menos 1.600 agentes exclusivamente al dispositivo. Esa cifra se replica, con variaciones, en los escenarios donde se disputan las semifinales y la final.
La cobertura no se limita a los estadios. También alcanza a los hoteles donde se alojan las delegaciones, los centros de entrenamiento, las zonas de reunión de hinchas y los fan fests. En los alojamientos de las selecciones se dispusieron perímetros especiales para impedir el sobrevuelo de drones y preservar la seguridad y la privacidad de los futbolistas.
A ello se suman convoyes escoltados durante cada traslado y barreras visuales instaladas en algunos hoteles para evitar que terceros observen los movimientos de los planteles. Serbin Pont señaló además que una de las inversiones más relevantes del torneo fue la compra de tecnología destinada a detectar e inutilizar drones que puedan representar un riesgo.
La magnitud del operativo también se refleja en la cantidad de organismos involucrados. Según el especialista, más de 400 agencias participan de manera coordinada, entre ellas policías locales y estatales, el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional, el ICE y unidades especializadas de HSI.
La coordinación entre esas estructuras permitió diseñar protocolos de respuesta para distintos escenarios, incluidos ataques armados o situaciones de violencia masiva. En paralelo, los estadios cuentan con francotiradores ubicados en posiciones estratégicas, que trabajan en parejas integradas por un observador y un tirador.
Además, se desplegaron grupos tácticos preparados para intervenir de inmediato ante emergencias, con atención especial a posibles ataques con armas de fuego. La presencia visible de parte del operativo también busca generar un efecto disuasorio y desalentar cualquier intento de alterar el normal desarrollo de los encuentros.
Las autoridades estadounidenses también pusieron el foco en la convivencia entre simpatizantes de distintas selecciones. Como en los estadios del país no existe una separación física estricta entre parcialidades, el dispositivo apunta a detectar rápidamente cualquier foco de conflicto y a controlar el ingreso de banderas o elementos prohibidos.
Para la semifinal entre Argentina e Inglaterra, incluso, se reforzó la prohibición de banderas con referencias a las Islas Malvinas, una medida que ya había sido anticipada por las autoridades. Aunque las alertas por posibles amenazas terroristas disminuyeron a medida que avanzó el torneo, el nivel de seguridad se mantuvo elevado.
La planificación comenzó antes del inicio de la Copa del Mundo, con la identificación de unas 33.000 personas que tienen prohibido el ingreso a los estadios. Con una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares, Estados Unidos montó uno de los operativos de seguridad más grandes de la historia de los eventos deportivos.