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Vigilancia espacial

Asteroides bajo observación: cuáles concentran la atención de la comunidad científica

Cada 30 de junio se recuerda una fecha destinada a reforzar la prevención frente a los objetos cercanos a la Tierra. Aunque no hay una amenaza inmediata, varios asteroides siguen en seguimiento por sus probabilidades de impacto a largo plazo.

Asteroides bajo observación: cuáles concentran la atención de la comunidad científica

Cada 30 de junio se conmemora el Día Internacional de los Asteroides, una iniciativa promovida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para evocar el impacto de Tunguska, ocurrido en 1908, y reforzar la concientización sobre los riesgos asociados a los objetos cercanos a la Tierra. En la actualidad, agencias espaciales y organismos científicos controlan miles de asteroides y cometas para detectar eventuales amenazas.

Si bien no existe un peligro inmediato para el planeta, algunos cuerpos continúan bajo observación permanente por sus características y por las probabilidades de impacto estimadas para los próximos siglos. El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS), de la NASA, utiliza el sistema Sentry para analizar órbitas y calcular posibilidades de cruce con la trayectoria terrestre.

Para medir el nivel de riesgo, los especialistas recurren a dos escalas. La escala de Palermo compara la amenaza de un objeto con el riesgo natural de impactos similares, mientras que la escala de Torino clasifica el peligro del 0 al 10, donde el nivel 0 indica ausencia de riesgo y el 10 un impacto con consecuencias catastróficas a escala global.

Entre los asteroides que siguen bajo vigilancia, 1950 DA, también identificado como 29075, es considerado el objeto con mayor potencial destructivo entre los conocidos. Tiene aproximadamente 1,3 kilómetros de diámetro y una probabilidad estimada de impacto de una entre 2.600 para el año 2880. En caso de colisión, liberaría una energía suficiente para provocar daños de escala continental.

Otro de los más estudiados es Bennu, con unos 490 metros de diámetro. La probabilidad de impacto es de una entre 1.800 entre los años 2178 y 2290. Investigaciones científicas estiman que un choque de un objeto de ese tamaño podría reducir la temperatura global en unos cuatro grados, disminuir las precipitaciones y afectar seriamente la producción agrícola durante varios años.

Además de su potencial riesgo, Bennu fue protagonista de la misión OSIRIS-REx de la NASA, que logró traer a la Tierra muestras de su superficie en 2023. Los análisis detectaron compuestos orgánicos que podrían aportar información sobre el origen del sistema solar y de los componentes esenciales para la vida.

Entre los objetos monitoreados también figura 2008 JL3, de 29 metros de diámetro, que presenta varias oportunidades de impacto entre 2027 y 2122. Aunque su energía sería suficiente para destruir una ciudad o generar una explosión atmosférica similar a la ocurrida en Chelyabinsk en 2013, la probabilidad de impacto sigue siendo muy baja.

En la misma lista aparece 2000 SG344, de 37 metros de diámetro, con numerosas trayectorias posibles de impacto entre 2069 y 2122, aunque los especialistas mantienen su nivel de riesgo en una categoría baja. Por su parte, 2010 RF12 registra una de las probabilidades de impacto más altas para un objeto de su tipo: un 10% para 2095. Sin embargo, mide apenas siete metros de diámetro, por lo que un eventual impacto tendría consecuencias limitadas y no supondría una amenaza global.

Además del monitoreo permanente, la NASA trabaja en estrategias de defensa planetaria. En 2022, la misión DART logró modificar por primera vez la órbita de un asteroide al impactar deliberadamente contra Dimorphos, una pequeña luna del asteroide Didymos. El experimento confirmó que, con suficiente anticipación, es posible alterar la trayectoria de un objeto potencialmente peligroso.

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