Impulsan un corredor ferroviario bioceánico para unir Mendoza con el Pacífico
Un consorcio privado presentó una propuesta de US$9.600 millones para recuperar la conexión ferroviaria entre Mendoza y Chile. El proyecto prevé un túnel de 54 kilómetros, una red electrificada y una infraestructura logística orientada al comercio con Asia.
Tras 42 años sin servicio, volvió a tomar forma una iniciativa para restablecer la conexión ferroviaria entre Mendoza y Chile a través de la Cordillera de los Andes. El plan contempla una inversión de US$9.600 millones para desarrollar un túnel ferroviario de 54 kilómetros y una nueva salida al Pacífico para la producción sudamericana.
La propuesta es impulsada por la empresa chilena Beler S.A. junto con la firma singapurense International Nusantara Investment. El proyecto, denominado Corredor Bioceánico Longotoma, prevé una red ferroviaria moderna entre Mendoza y la región chilena de Valparaíso, con infraestructura para cargas y pasajeros.
El eje central es un túnel entre Uspallata y la ciudad chilena de Los Andes, pensado para operar durante todo el año sin depender de las condiciones climáticas que afectan al paso Cristo Redentor. A eso se suma una doble vía electrificada de 420 kilómetros para el traslado de pasajeros, mercaderías y vehículos entre la zona cordillerana y la costa del Pacífico.
El esquema también incluye un centro modal de cargas en Longotoma y un puerto submarino de aguas profundas en La Ligua, orientado a la exportación de granos y otros productos sudamericanos hacia los mercados del Asia-Pacífico. Según los impulsores, el corredor permitiría reducir costos logísticos y mejorar la competitividad de las exportaciones regionales.
Los responsables del plan señalan que Argentina y Brasil exportan cada año más de 380 millones de toneladas de soja, maíz y trigo, en gran parte con destino a China y otros países asiáticos. De acuerdo con los cálculos difundidos por el consorcio, el traslado de mercaderías por Longotoma tendría un costo cercano a los US$95 por tonelada, por debajo de los valores asociados al Canal de Panamá y al puerto peruano de Chancay.
La iniciativa incorpora además el uso de energías renovables y sistemas de valorización energética de residuos para abastecer parte de la demanda operativa del complejo. Por el momento, el proyecto sigue en una etapa preliminar de evaluación y de búsqueda de respaldo institucional en ambos lados de la Cordillera.
Sus representantes ya mantuvieron reuniones con autoridades de la región chilena de Valparaíso para exponer la propuesta y analizar mecanismos que aceleren su desarrollo. Entre las alternativas en estudio figura la aplicación del Tratado de Maipú, firmado en 2009 por los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, que prevé herramientas de cooperación para obras estratégicas de infraestructura.
Los promotores sostienen que, si obtienen las autorizaciones necesarias, la construcción podría completarse en un plazo estimado de entre tres y cuatro años.