Un país dividido y un presidente débil: el desafío que enfrenta Perú
La ajustada disputa entre Sánchez y Fujimori refleja una sociedad fragmentada y un sistema político que en una década acumuló nueve presidentes.
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú se define voto a voto. Con el 94,55% escrutado, el izquierdista Roberto Sánchez, de 57 años, ha pasado al frente en el conteo oficial de la ONPE con el 50,06% de los votos, 21.000 votos más que la derechista Keiko Fujimori, de 51 años. Fujimori, que lideraba hasta ahora el resultado gracias a los sufragios de la capital, Lima, ha perdido terreno décima a décima a medida que llegan a la autoridad electoral las actas de las zonas rurales favorables a la izquierda. Toda la atención está puesta ahora en el voto exterior, históricamente afín a la derecha y cuyo conteo aún no ha iniciado.
Ante este virtual "empate técnico", el conteo podría extenderse hasta el 15 de julio, fecha en la que está previsto que finalice el escrutinio definitivo.
Ante este panorama el Licenciado Profesor sanjuanino Fernando Ocampo realizó el siguiente análisis para Diario El Zonda:
Lo que pasa en Perú, no es menor. Entre destituciones, renuncias forzadas y mandatos interinos, la Casa de Pizarro cambió de dueño a un ritmo vertiginoso. Pero con una economía pujante estos años, especialmente en minería.
En la última década, Perú tuvo nueve presidentes. Esta cifra no solo refleja una crisis de representación, sino un sistema político donde la confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo se volvió la norma. Desde 2016, el último año en que un mandatario logró completar su mandato de cinco años, pero con casos desastrosos de corrupción, la banda presidencial parece haber perdido su estabilidad.
Debido a una profunda crisis de inestabilidad política, corrupción, renuncias y destituciones parlamentarias. Caso no menor, el del expresidente del Perú que se suicidó es Alan García. El trágico suceso ocurrió el 17 de abril de 2019 cuando la policía y la fiscalía llegaron a su domicilio en Lima para detenerlo preliminarmente por acusaciones de corrupción vinculadas al caso Odebrecht. Al momento de la intervención, García ingresó a su habitación y se disparó en la cabeza, falleciendo horas después en el hospital Casimiro Ulloa.
El listado de los mandatarios que han ocupado el cargo desde 2016 es el siguiente:
Ollanta Humala (2011 – 2016)
Fue el último presidente en completar su período constitucional. Aunque su gestión terminó bajo fuertes críticas y procesos judiciales posteriores, logró la transición institucional hacia su sucesor.
Pedro Pablo Kuczynski: 2016 – 2018 (renunció).
Martín Vizcarra: 2018 – 2020 (destituido por el Congreso).
Manuel Merino: Noviembre 2020 (renunció tras 5 días en el cargo).
Francisco Sagasti: Noviembre 2020 – Julio 2021 (completó el mandato).
Pedro Castillo: 2021 – 2022 (destituido tras un intento de golpe de Estado).
Dina Boluarte: 2022 – 2025 (destituida por el Congreso).
José Jerí: 2025 – 2026 (destituido tras 4 meses).
José María Balcázar: Asumió la presidencia interina en febrero de 2026 para concluir el periodo de gobierno.
Lima es de Keiko Fujimori, las zonas rurales de Sánchez
La geografía política peruana parece mucho más estable que sus candidaturas. Keiko ha obtenido el 66 % de los votos en Lima, que concentra un tercio de los electores del país, mientras Sánchez ha mantenido el dominio en el sur del país, especialmente en las zonas rurales, donde el 56 % ha votado por él.
La experiencia es un grado y Keiko salió la noche electoral a decir que esperaría el recuento final. Sánchez fue por el mismo camino. Ambas sedes de fin de campaña albergaban a unos pocos seguidores, desencajados en la sede de Fuerza Popular (Fujimori) y poco convencidos en la sede de Juntos por el Perú (Sánchez). No era una noche de fiesta electoral, era la confirmación de que el Perú se había partido en dos nuevamente y se volvía a debatir entre la incertidumbre y la ingobernabilidad.
Más opciones, mayor polarización
Cuantas más alternativas ofrece el sistema, más termina reduciendo la decisión final a una confrontación entre polos. La hiperfragmentación no está produciendo mayor pluralismo. Al contrario, está produciendo polarización.
Durante la campaña de abril, describíamos al sistema político peruano como un entorno caótico, donde pequeñas variaciones podían alterar significativamente los resultados finales.
Los resultados de la segunda vuelta en Perú vuelven a mostrar a un país profundamente fracturado en clivajes tanto políticos como socioeconómicos, un escenario muy similar al de las elecciones en 2021, pero con heridas que en los últimos años se agravaron en sectores excluidos.
Si Pedro Castillo ganó a Keiko Fujimori por apenas 50,1 % en esa ocasión, esta vez la carrera entre la candidata de Fuerza Popular y el izquierdista Roberto Sánchez vuelve a definirse por solo unas décimas (como también pasó en 2016), lo que dejará a un eventual ganador poco legitimado y a casi la mitad de la población insatisfecha con el desenlace.
La polarización no es ajena al resto de la región, más bien es la moneda corriente. Sin embargo, en Perú las líneas que separan a la población siguen siendo las mismas, con problemáticas que se mantienen intactas con el paso de los últimos años y que la inestabilidad presidencial e institucional torna prácticamente imposible de resolver.
Lo decisivo parece ser otra cosa: el miedo. Quienes perciben en Sánchez la continuidad del "castillismo" encontrarán incentivos para votar por Keiko Fujimori. Quienes identifican en el "fujimorismo" una amenaza para la calidad democrática harán el recorrido contrario.
Pérdida de confianza institucional
A la decisión defensiva, que intenta evitar la peor opción, se suma un elemento que diferencia esta elección de la de hace cinco años: la confianza institucional. Las controversias asociadas al desarrollo y escrutinio de la primera vuelta han debilitado la credibilidad del árbitro electoral precisamente cuando la competencia parece más cerrada.
El temor al fraude ha propiciado que los partidos y las instituciones hayan hecho un esfuerzo por la transparencia. A diferencia de las elecciones de 2021, los dos partidos han contado esta vez con un total de 100 000 personeros (testigos electorales de los partidos) para 90 223 mesas de sufragios. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha situado a 28 771 fiscalizadores para que estén presentes en las mesas y reporten las incidencia. También se han desplegado voceros en medios de comunicación y se ha presentado una web abierta a toda la ciudadanía, con información actualizada cada cinco minutos.
La jornada electoral ha trascendido sin novedades ni incidencias relevantes. El recuento de votos ha sido rápido, por la facilidad que supone la participación de solo dos candidatos. El traslado de actas y cédulas electorales ha resultado seguro. Sin embargo, las autoridades contenían la respiración para que en las elecciones no reapareciera el fantasma del fraude.
La consecuencia inevitable de un proceso polarizado ha sido un escenario de máxima incertidumbre. Una elección extremadamente ajustada, entre candidatos con elevados niveles de rechazo, en un contexto de confianza institucional disminuida. . La constitución no acompaña, se tienen que hacer varias reformas en las leyes para contrarrestar esto y se está pareciendo a lo que pasaba en los gobiernos de Italia. Quien gane las elecciones en Perú será algo muy inestable de sostener en el tiempo. Está muy fragmentada la sociedad peruana hoy por hoy.